Juan Pablo Duch
Moscú. Más allá de las buenas intenciones sobre la necesidad de mejorar la deteriorada relación bilateral, que de vez en cuando se escuchan por boca de influyentes funcionarios en ambas capitales, los hechos evidencian que Rusia y Estados Unidos se mueven en sentido inverso y siguen enredados en un círculo vicioso de sanciones que, en realidad, a ninguno beneficia.
En ese marco de hostilidad, Estados Unidos dio a Rusia este jueves un plazo perentorio –insultante, si se prefiere– de apenas dos días para cerrar su consulado general en San Francisco, así como una sección de su embajada en la capital estadunidense y una dependencia de su consulado general en Nueva York.
El canciller ruso, Serguei Lavrov, informado por teléfono por su colega estadunidense, Rex Tillerson, lamentó “la escalada de la tensión en la relación bilateral, que no iniciamos nosotros” y prometió estudiar esta medida poco amistosa antes de anunciar la reacción de Moscú.
Desde diciembre anterior, cuando la Administración de Barack Obama expulsó a 35 diplomáticos rusos en represalia por la supuesta injerencia del Kremlin en las elecciones estadunidenses, y embargó dos residencias de campo de la embajada en Washington y consulado general en Nueva York, Moscú esperó seis meses para darse cuenta de que era un simple espejismo la pretendida intención del nuevo inquilino de la Casa Blanca de mejorar relaciones y respondió con similar medida al quitar a los diplomáticos estadunidenses una residencia de campo y una bodega.
Cuando el presidente Donald Trump promulgó la ley de sanciones elaboradas por el Congreso, Moscú exigió que la embajada y los tres consulados generales de EU en territorio ruso redujeran su personal hasta 455 personas, mismo número que Rusia tiene en Estados Unidos.
El proceso concluyó ya: 655 ciudadanos rusos y 100 estadunidenses se quedaron sin empleo, a la vez que aumentó en por lo menos un mes el tiempo para otorgar visas a ciudadanos rusos, que sólo se podrán tramitar en la embajada en esta capital.
Ahora, después de que Estados Unidos movió ficha para atrás con el cierre del consulado general en San Francisco, Rusia tiene dos opciones: detener este intercambio de gestos hostiles o dar a conocer otras represalias contra diplomáticos de EU, si el Kremlin opta por seguir aplicando el principio de reciprocidad.
No deja de ser ilustrativo del retroceso bilateral que este nuevo motivo de enfrentamiento se produjo el mismo día que arribó a Washington el nuevo embajador de Rusia, Anatoli Antonov, quien la víspera, en declaraciones de prensa, afirmó que su misión en Estados Unidos es “convencer a los estadunidenses de que no somos sus enemigos”.





