Ciudad de México. A cinco meses de que el arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, deba solicitar al papa Francisco su renuncia, expertos en temas religiosos coincidieron en que el cardenal “nunca tocó base con la feligresía”; desplegó una de las administraciones “más nefastas” y “pastoralmente ha sido un fracaso”, durante estos casi 22 años al frente de la Arquidiócesis de México.
El próximo 6 de junio de este año, Rivera Carrera cumple 75 años de edad, y de acuerdo al Código de Derecho Canónico debe pedir su retiro. El 13 de junio de 1995 fue nombrado arzobispo primado de México por el Papa Juan Pablo II y el 29 de ese mes el pontífice le impuso el Palio Arzobispal en la Basílica de San Pedro. Casi un mes después, el 26 de julio tomó de posesión de la arquidiócesis primada de México en la Basílica de Guadalupe.
El jerarca precisó que la renuncia es una obligación que “haré con mucho gusto” y aseguró que fue Dios, quien “me llamó para que viniera aquí (a encabezar la arquidiócesis), porque yo jamás, pensé o tuve el deseo de venir aquí, sin embargo el señor me envió por estos caminos, y he estado feliz, contento”.
En la arquidiócesis de México se encontró con una “comunidad llena de cariño, y de entusiasmo” y aseveró que “aunque la evaluación” de su gestión la “harán otros”, destacó que ha hecho énfasis en el tema de la familia y en abordar algunas de sus “realidades”, sobre todo en el tema de la “evangelización”.
En entrevistas por separado con La Jornada, el sociólogo Bernardo Barranco, el antropólogo Elio Masferrer Kan y el ex sacerdote Alberto Athié, criticaron el desempeño de Rivera Carrera y el hecho de que no tuviera el perfil para ocupar el cargo.
Athié precisó que haberse convertido en un “operador” de una estrategia para “acabar con los obispos liberacionistas (seguidores de la teología de la liberación) y haber “acabado con el Seminario del Sureste”, entre otros aspectos, lo llevó a obtener “un premio que fue la arquidiócesis de México”.
Masferrer comentó que Rivera Carrera “era simplemente el obispo de Tehuacán, una diócesis poco importante entonces, él no tenía idea de cómo manejar una diócesis de ocho millones de personas con un montón de variables políticas”. Entonces se apoyó en los “legionarios de Cristo” a los cuales “dio el control”, además de que “hizo que le designaran obispos auxiliares para que le sacaran la chamba”.
Barranco coincidió en que es un jerarca que “prefirió tener obispos auxiliares, se recargó mucho en ellos” y consideró que su gestión se caracterizó por una “carencia de un proyecto pastoral”. Añadió que su “balance es muy negativo” y al igual que Masferrer destacó la baja en la feligresía católica en la arquidiócesis.
“La feligresía en su arquidiócesis ha descendido de manera notable. La caída de los católicos en el país es de cuatro por ciento, en la Ciudad de México es de ocho por ciento. Pero sus voceros y jilgueros han argumentado que se deben a las nefastas políticas seculares del gobierno de la Ciudad de México, sin embargo esta afirmación no aguanta análisis”, porque en otros estados gobernados por ejemplo por el PRD no ha ocurrido el mismo fenómeno ni en otros países en que gobierna una “izquierda secular”.
Para algunos de los especialistas consultados, la renuncia de Rivera Carrera podría ser aceptada de forma rápida, debido a que “el perfil del cardenal no es el más atractivo para el papa Francisco”, pues se ha “caracterizado por estar “cerca del poder político y económico”. El cardenal “ha buscado intereses en el poder en términos económicos, políticos y de influencias” dijo Athié.
En opinión de Barranco “no hay que irse con la finta” de que en automático será reemplazado. “Cuidado de no andarlo despidiendo antes, sobre todo porque el cardenal aún tiene apoyos muy fuertes en Roma, de esa curia conservadora que le está haciendo la guerra al Papa”. Pese a que el pontífice “sabe bien quien es Norberto Rivera y cuáles son sus resortes” y él es el que decide “probablemente tiene que negociar con esos sectores acechantes de la curia, muchos de ellos amigos o reminiscencias de las alianzas que tejió Rivera Carrera”.
Tras recordar que pesan sobre el arzobispo las “acusaciones de encubrimiento del sacerdote pederasta Nicolás Aguilar”, y que el Papa ha hablado reiteradamente sobre la necesidad de “cortar la cabeza a todos los obispos que protegieron a pederastas”, para Masferrer su renuncia será “aceptada rápidamente”, porque “ya no tiene la fuerza de antes”.
Sobre los posibles sucesores, concuerdan en que el cardenal Carlos Aguiar Retes “es uno de los candidatos más nombrados” por su experiencia al frente del CELAM y porque “es amigo del Papa, y no necesariamente pertenece a línea de Rivera”.
Barranco insistió en que aunque “no hay una regla, sí hay candidatos naturales, aquellos que vienen de grandes arquidiócesis”. Citó a “Carlos Garfias Merlos, arzobispo electo de Morelia; Rogelio Cabrera López, arzobispo de Monterrey, Víctor Sánchez Espinosa, arzobispo de Puebla (ex obispo auxiliar de la arquidiócesis de México) y a Jorge Carlos Patrón Wong, ex obispo de Papantla, “muy cuate del Papa” y actual secretario para los seminarios de la Congregación para el Clero.
En su publicación sobre los 50 años sacerdotales del cardenal, la arquidiócesis menciona que “según algunas opiniones monseñor Rivera Carrera no era el idóneo para suceder al cardenal (Ernesto) Corripio Ahumada, sin embargo estuvo dispuesto a acatar el designio de Juan Pablo II y ofreció su mano para trabajar conjuntamente con el clero de la arquidiócesis de México mostrando respeto hacia los que diferían del nuevo pastor”.





