- Trump-Rubio, indecentes y perversos
- Díaz-Canel, numeralia del horror
Carlos Fernández-Vega
El ilegal bloqueo a Cuba “es el arma del hambre”, denunció Fidel Castro en reiteradas ocasiones y redondeaba: “es algo más que prohibir la venta de mercancías de Estados Unidos, impedir comprar o vender en Estados Unidos; es una feroz presión y una feroz persecución para evitar que nosotros hagamos operaciones comerciales de ningún tipo, y todo ese poderío inmenso está concentrado hoy contra nuestro país; es inaceptable la cuestión del cese del bloqueo a cambio de concesiones políticas, concesiones que corresponden a la soberanía de nuestro país; es absolutamente inaceptable, indignante, irritante y, realmente, preferimos perecer a renunciar a nuestra soberanía; y resistiremos esta situación, ¡porque nuestra bandera revolucionaria no se plegará jamás!”.
Pero insisten los émulos de Hitler –Marco Rubio y Donald Trump, y el jefe de ambos, el genocida Benjamin Netanyahu–, quienes, desde seis décadas atrás (con “refuerzos” todos los años) de forma por demás sádica utilizan “el arma del hambre” contra Cuba y su población, sin que prácticamente la totalidad de la comunidad de naciones lo impida.
No es gratuito, aunque si extemporáneo, que el grupo de expertos en derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas denuncien que Cuba es “una Gaza silenciosa”, por lo que la comunidad de naciones debe actuar inmediatamente para superar tan crítica circunstancia, aunque es previsible que aquella permanezca en silencio, servil y agachada ante el ilegal cuan tiránico bloqueo de Washington para asfixiar a la mayor de las Antillas y matar de hambre a su pueblo.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, “ahondó en la numeralia del horror: en el sector energético, mil 400 megavatios de potencia sin generar por falta de combustible; en el sector de la salud, 98 mil 500 pacientes en lista de espera quirúrgica, 12 mil de ellos niños, 34 mil embarazadas sin ecografías prenatales suficientes, 67 mil menores de un año sin esquema de inmunización actualizado, 117 mil adultos y mil 200 pequeños con cáncer sin tratamiento adecuado, sólo 30 por ciento del cuadro básico de medicamentos disponible e imposibilidad de comprar fuentes de cobalto 60 para tratamientos oncológicos, entre otros” (La Jornada, Luis Hernández Navarro).
Aún, así, el mandatario subrayó que “frente a esta asfixia, Cuba no ha claudicado. Tenemos respuestas que lo prueban: las vacunas contra el covid, la producción de alimentos con técnicas agroecológicas, en medio de la escasez, la energía limpia que avanza, la participación popular en los barrios, y la defensa de todo el territorio con un pueblo convertido en milicias y dispuesto a defender su autodeterminación, su independencia y la soberanía; mañana, cualquier nación puede terminar siendo Gaza o Cuba si no se le planta cara al fascismo; en los pueblos, en su concientización, en su movilización y en su unidad internacional está la clave” (ídem).
Como lo dijo Fidel: “el bloqueo no es sólo la prohibición de todo crédito, de toda facilidad financiera; es no sólo el cierre total de las actividades económicas, comerciales y financieras por parte de Estados Unidos, la nación más rica del mundo, la nación más poderosa del mundo en términos económicos y militares, no sólo a 90 millas de nuestras costas, sino a unas pulgadas de nuestras costas, en el territorio ocupado de la base naval de Guantánamo; cómo puede hablar, en fin, de derechos humanos el gobierno imperialista que mantiene una base militar por la fuerza en nuestro territorio, y somete a nuestro pueblo a un criminal bloqueo económico”.
Pero en Washington perversamente presumen su ilegal cuan inhumano proceder. Días atrás, de forma por demás indecente, Marco Rubio (un gringo que no conoce la isla) amenazó: “lo que intentamos enseñarles (a los cubanos) es que no hay escapatoria; cada vez que crean un nuevo mecanismo para intentar escapar de la soga, simplemente se lo cerramos” (La Jornada).
Pero, como decía Fidel: “Cuba sabrá mantenerse como ejemplo de una revolución que no claudica, que no se vende, que no se rinde, que no se pone de rodillas”.
Las rebanadas del pastel
Y mientras endurece la asfixia a Cuba, el delirante Trump mantiene el saqueo del petróleo venezolano –ante la complaciente Delsy Rodríguez– y se vanagloria: “estamos sacando miles de millones de barriles y todo lo logramos en una guerra de apenas 48 minutos, y pagamos el precio con lo que estamos tomando”, porque “al vencedor le pertenecen los despojos” (en referencia a la riqueza de la nación sudamericana). Por eso “amo a Venezuela y lo estamos haciendo maravillosamente allí”.
Twitter: @cafevega






