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Anthony Browne pide ver la vida desde el punto de vista del otro

Anthony Browne pide ver la vida desde el punto de vista del otro

Ericka Montaño Garfias

El ilustrador británico Anthony Browne logra lo que pocos: que sus obras sean leídas con la misma emoción por niños y adultos, y muchas veces en sus conferencias hay más de los segundos que de los primeros. Van a escuchar sobre su proceso creativo, por qué sus personajes son animales que visten como seres humanos o cuál es el mensaje que hay detrás de los más de 40 libros en su haber.

Existen reseñas sesudas que dicen que algunos de sus libros hablan sobre la soledad, las relaciones familiares, si son autobiográficos o no, pero en realidad el tema, si es que hubiera que mencionar sólo uno, es la empatía. Decir a un niño que eso que siente lo sienten los demás. Con mis libros no trato de decirles que hagan algo o que piensen en algo necesariamente, sino que vean la vida desde el punto de vista del otro.

Quizá Willy, el chimpancé, o Gorila sean algunos de sus personajes más conocidos, pero también ha ilustrado cuentos clásicos como Hansel y Gretel, pero con un giro que lo hace diferente, o colaborado con autores como Ian McEwan en The daydreamer. En castellano algunos están publicados por el Fondo de Cultura Económica, como su biografía Jugar el juego de las formas, en las que su hijo Joe fue el encargado de entrevistarlo, y en el que habla desde su niñez, la muerte de su padre e incluye uno de sus primeros dibujos que es una maravilla: en él se ven dos piernas, del borde del pantalón se ven los pies de unos niños que intentan subir por ellas, y en el calcetín hay otro. Se lee: ¿qué está subiendo por mi pierna? ¿Y quién está en mi calcetín?

Browne tenía seis años. Es quizá uno de mis mejores trabajos, dice sonriendo durante la charla con La Jornada, efectuada horas antes de que regrese a su país. Estuvo en México para inaugurar una exposición en el Papalote Museo del Niño y en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil.

Llegó a los libros ilustrados infantiles en 1975, después de estudiar arte, de trabajar dibujando órganos y cadáveres para los estudiantes de medicina y de diseñar tarjetas de felicitación. Son 41 años dedicados a las historias para niños. Más de cuatro décadas y varios cientos de entrevistas también. Me entrevistan más fuera de mi país, no sé por qué.

–¿Cree que la literatura para niños debe tener una finalidad particular?

–No sé si alguna vez habré pensado en ello. Creo que ese no es mi quehacer, sino el de los maestros o de quienes trabajan con los niños. Sin embargo, sí pienso que la literatura tiene mucha presión por la televisión, las computadoras, los juegos electrónicos y todo eso, así que quizá sea más difícil para las madres o maestros hacer que los niños lean, pero si el niño comparte los libros con los adultos adquirirá esa emoción y el hábito por la lectura.

Quizá, expresa, uno de los problemas por los que los adultos se alejan de la lectura es porque de niños son forzados a dejar demasiado rápido los libros ilustrados, se les alienta a leer novelas apropiadas y existe una especie de competencia para ver quién lee más de esos libros, agregó el ganador del premio Hans Christian Andersen, considerado el Nobel de la Literatura para niños.

–Después de tantos años, ¿por qué sigue escribiendo e ilustrando obras para niños?

–Sigo escribiendo para niños porque estoy en una posición increíble al ser alguien a quien le pagan por algo que ama hacer, y que amaba hacer desde que era niño. Amo imaginar historias, dibujar. Tuve muchos trabajos antes de dedicarme a esto, y descubrí que es el mejor trabajo del mundo.

–¿Por qué cree que sus libros son tan famosos ahora?

–No lo sé, en realidad; quizá porque los editores hacen más énfasis en la promoción. Nos piden que vayamos a escuelas, ferias o viajemos fuera del país. Quizá es que vivimos en una especie de mundo de celebridades. Acabamos de ver lo que pasó en Estados Unidos con las elecciones. Por ejemplo, ganó Trump, que es alguien de ese mundo.

–Fue algo increíble.

–Estaba en shock, pero después de lo que ha pasado en Europa creo que es un eco de lo mismo. Cuando escuché que Trump había ganado fue horrible y una sorpresa.

–Con todo lo que pasa, ¿aún hay espacio para la imaginación?

–Existe para mí, creo que sí, debe de haberlo. Me digo a mí mismo que las cosas van en ciclos, hay momentos extraños: Trump, el Brexit, el populismo (populism)…

Stupidism?

Stupidism, exactamente. Pero creo que el espíritu humano y la imaginación lo atravesarán y saldremos adelante.