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Confronta museo en Ámsterdam a Munch y a Van Gogh

Van Gogh

Autorretratos de Vincent van Gogh y Edvard Munch, que serán exhibidos en el museo del primer pintor en Ámsterdam. Foto Reuters

Van Gogh


Autorretratos de Vincent van Gogh y Edvard Munch, que serán exhibidos en el museo del primer pintor en Ámsterdam. Foto Reuters

Por Dpa

Ámsterdam. «¿Dónde está El grito por favor?». Los empleados del Museo Van Gogh de Ámsterdam escuchan cada tanto esa pregunta. A pesar de que el famoso cuadro es del noruego Edvard Munch, la pregunta no es tan absurda como parece. Y es que entre Munch y el pintor de Los girasoles hay muchos paralelismos.

Esa relación puede verse a partir de este viernes y hasta el 9 de enero en el museo de la ciudad holandesa. Munch: Van Gogh es el punto álgido del programa con motivo del 125 aniversario de la muerte de Van Gogh. La muestra, organizada junto con el Museo de Munch de Oslo, reúne más de un centenar de obras de ambos artistas. Entre ellas, dos joyas: una de las versiones de El grito de Munch y La noche estrellada sobre el Ródano de Vincent van Gogh.

Tanto Munch (1863-1944) como Van Gogh (1853-1890) están considerados maestros del arte moderno. Pero les une algo más. Una afinidad espiritual, explicó el director del Museo Van Gogh, Axel Rüger. «Eso se ve en su biografía y en su arte».

Para ambos 1880 fue un año decisivo. Fue entonces cuando decidieron ser pintores y en un primer momento siguieron las pautas tradicionales, explica la conservadora del museo holandés, Maite van Dijk. «Pero ambos tenían el impulso de cambiar».

La obra de temprana de uno y otro fracasó entre la crítica artística de sus países. Y tanto Munch como Van Gogh viajaron casi a la vez al lugar de mayor auge a finales del siglo XIX: París.

Las obras de Claude Monet, Paul Gauguin o Camille Pissarro dieron «impulso a sus propios caminos individuales», explicó la conservadora Van Dijk. Munch y Van Gogh desarrollaron su propio lenguaje visual.

Experimentaron con colores, pinceladas y composiciones.

Pintaron en contra de cualquier convicción, afirma Van Dijk. Y general una reacción similar en el observador. «Sus obras son accesibles y sin embargo tan complejas que conmueven a la gente».

El noruego y el holandés retrataron el mundo y a sí mismos de forma reflexiva y apasionada. Van Gogh se pintaba con pinceladas muy características, casi furiosas: el rostro flaco, la barba roja y la mirada seria. Munch se retrataba con profundas arrugas, delgado y también con una mirada pensativa.

En El grito, Munch inmortalizó el profundo grito de la naturaleza y su miedo existencial. También Van Gogh abordó esos temas, apunta el director Rüger. «A ambos les unen las grandes preguntas existenciales: el eterno ciclo vital, el amor, el sufrimiento, el miedo». Y ambos querían que su arte sirviera para reconfortar.

Van Gogh es famoso por los vivos colores de los cuadros que pintó durante su estancia en el sur de Francia. También en la obra del noruego pueden encontrarse composiciones y colores similares. Y ambos sufrieron problemas psicológicos: el holandés se cortó un trozo de oreja en un arrebato de locura, mientras que Munch recibió tratamiento en un centro psiquiátrico alemán.

Pero por otro lado hay grandes diferencias en sus obras y sus vidas. Van Gogh se suicidó antes de cumplir los 40 años y no pudo disfrutar de su éxito. Munch, sin embargo, llegó a los 80 y murió como un celebrado artista.

Ellos nunca se conocieron en persona, pero Munch sí que supo de la obra de Van Gogh y se inspiró en ella. Así, el noruego también pintó una Noche estrellada. Pero la relacion fue mucho más allá de su cercanía artística, como reconoció el propio Munch en 1933: «En mi larga vida y a pesar de contar con dinero suficiente, no quería dejar que mi llama se extinguiese, como él, sino pintar con mi pincel ardiente hasta el último momento».