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Estudian vida y obra del ‘Che’ Guevara al conmemorar 50 años de su asesinato

El historiador mexicano y el diplomático y periodista cubano estuvieron en el encuentro organizado por el Instituto Mora. Foto: Marco Peláez

Blanche Petrich

Más de 30 libros biográficos se han escrito sobre la vida de Ernesto Che Guevara; en su mayoría, adversos a este personaje histórico. A esta vasta obra publicada, el periodista y diplomático cubano Santiago RonyFeliú la disecciona en tres categorías: los guevarófagos, que no sólo lo critican, sino que buscan desmontar el mito mediante la denostación y la mentira; los “guevarólogos”, que lo estudian al derecho y al revés, que se aprenden de memoria sus textos y recitan sus frases célebres, pero son incapaces de seguirlo. Y los “guevarianos”, corriente en la que él mismo –confiesa—se inscribe.

Director de la revista Tricontinental, que hoy se edita únicamente en versión digital, Feliú explica la corriente guevariana: “Somos los que, como dice el ritual escolar en los colegios de la isla, queremos parecernos al Che; intentamos aprender y seguir su ejemplo”.

Feliú participó ayer en el coloquio “Vigencia y proyección histórica del Che Guevara”, organizado por el Instituto José María Mora, junto con el escritor e historiador Paco Ignacio Taibo II. Ambos abordaron la influencia y las aportaciones del Che a la configuración de América Latina en el siglo XXI. El coloquio forma parte de medio centenar de actividades académicas y culturales con las que se conmemora en América Latina el 50 aniversario de su asesinato en La Higuera, Bolivia, el 9 de octubre, cuando fue aniquilada la pequeña unidad guerrillera que comandaba.

Taibo II, autor de la biografía Ernesto Guevara, también conocido como el Che, retomó rasgos y anécdotas referidas en su obra para ilustrar la dimensión del personaje como político y como funcionario público, donde “la política es ética concentrada y es también estética, estilo”. Lo hizo recordando algunos pasajes de su etapa militar, como guerrillero, como integrante de la travesía del Granma y en la Sierra Maestra, para destacar como sus rasgos dominantes su encarnizada tenacidad y su convencida práctica de un igualitarismo radical.

Pero se enfocó sobre todo en episodios de su biografía como funcionario público de un gobierno revolucionario; etapa corta, pues fue asesinado cuando apenas iba a cumplir 39 años. Fue director del Banco Nacional, ministro de Industria y posteriormente del Instituto de la Reforma Agraria. Varias estampas del Che descritas por Taibo ejemplifican la capacidad que tuvo para inspirar, alentar y empujar a todos aquellos que trabajaron con él para hacer posible una misión imposible: volver a poner en marcha un aparato industrial colapsado y una inexistente producción agrícola, en los primeros y más feroces años del bloqueo, sin insumos, sin la tecnología necesaria y con apenas algunos cuadros con mínima formación.

Taibo llamó a esta capacidad de inspirar la misma mística que lo empujaba a él como “el to-que de Guevara”, y recordó haber percibido esta conmoción personal de todo aquel que lo conoció personalmente en Cuba y con quien el escritor tuvo contacto años después, durante la investigación que culminó con una de las biografías más reconocidas del líder, junto con la escrita por el periodista estadunidense Jon Lee Anderson, Che Guevara, una vida revolucionaria.

Feliú, a su vez, abundó en los aspectos teóricos y prácticos en vida del dirigente como constructor de “un socialismo a la cubana, desde y para el tercer mundo”, que en los años 60 no existía.

Aseguró que una docena de valores que se evidencian en su obra y su práctica política –solidaridad, integridad, congruencia, entre otros—son valores que impregnan hoy todavía a la sociedad cubana, incluso a las nuevas generaciones. Muestra de que en nuestro continente perviven estos valores “de los pensamientos, porque no hay uno solo” de Guevara, es que ahora, con motivo del 50 aniversario de su muerte, se organizan actos de estudio de su obra y de conmemoración en 63 ciudades latinoamericanas.

De su fase como político y teórico, como “constructor del socialismo” y como lo que llamó “ideólogo de la teoría marxista-leninista a la cubana”, destacó dos etapas: como funcionario público que trabajaba no en una oficina, sino de pie en los centros de trabajo, muy breve, de 1956 a 1965 (de los 29 a los 37 años) y de su intensa y también corta labor como mensajero de la “diplomacia verde olivo”, que lo llevó en 10 giras de exploración e intercambio en al menos 36 países de la geografía global de entonces.

Esa práctica del internacionalismo y la solidaridad, concluyó Feliú, lo llevó al Congo, a intentar abrir un frente revolucionario en la recién descolonizada república. Luego de ese fracaso fue a Bolivia, su etapa final.

Guevara tenía 39 años cuando fue asesinado. El año próximo cumpliría 90.

 

 

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