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Gran debut de Alondra de la Parra en Madrid

Imagen del concierto de la directora mexicana. Foto Armado G. Tejeda

Armando G. Tejeda, corresponsal 

Madrid. Su energía, su elegancia en la conducción de la batuta, su hondo conocimiento de las partituras y la alegría con la que dirige llevó a la directora mexicana Alondra de la Parra a debutar de la mejor forma en España.

Dirigiendo a la Orquesta Nacional de España, De la Parra ejecutó un repertorio contemporáneo -con piezas de Leonard Bernstein, George Gershwin, Arturo Márquez y Silvestre Revueltas- para rendir un homenaje al cine y a la música latinoamericana de las últimas décadas, que provocó un aplauso cerrado de más diez minutos con el público en pie, entregado a la joven directora mexicana que inicia una gira por varios países europeos.

“Maravilloso”, “impresionante”, “a pesar de la dificultad del repertorio, la ejecución fue impecable”; o “cuanto derroche de talento y energía” fueron sólo algunos de los comentarios que provocaron las casi dos horas y media de concierto en el Auditorio Nacional de Madrid, que se convirtió en su debut en España.

De la Parra dirige actualmente la Orquesta Sinfónica de Queensland, en Australia, y es además Embajadora Cultural Oficial de México. De hecho entre sus virtudes más celebradas están precisamente su profundo conocimiento de la música clásica latinoamericana contemporánea, sobre todo la mexicana, que la suele difundir allá donde va su batuta.

Su debut en Madrid coincidió con la participación dentro de un ciclo que pretende alejarse de los repertorios tradicionales y hacer sonar en el templo de la música clásica de Madrid otro tipo de piezas, en este caso relacionada con el cine. De hecho el ciclo en el que fue invitada De la Parra se llama “Cine y Música”. Eso explica que todas las piezas elegidas además de ser obras monumentales de compositores consagrados.

La primera obra que dirigió fue Danzas sinfónicas de West Side Story, de Bernstein, que forma parte ya del imaginario colectivo y que la directora mexicana llevó a la Orquesta ibérica con rotundidad, contagiándoles su ímpetu virtuoso, su alegre cadencia y su magistral técnica para hacer brillar a cada sección de la orquesta sacando la mejor versión del sonido de sus instrumentos. Estas Danzas, inspiradas en Romeo y Julieta desde la perspectiva de la guerra de bailes en las fiestas de fin de curso, también sirvió para que la Orquesta, junto con De la Parra, chasquearon los dedos y gritaron al unísono varias veces “¡Mambo!”

Después de la difícil e intensa pieza de Bernstein siguió uno de los momentos más bellos del concierto, que fue la interpretación de la Rhapsody in Blue, de Gershwin, en la que la directora mexicana estuvo acompañada del mítico pianista dominicano Michel Camilo, más conocido por sus interpretaciones y composiciones jazzísticas, que le han catapultado a ser considerado uno de los maestros de la actualidad.

Sus manos bailaban sobre el piano, mientras De la Parra mantenía la intensidad de una obra que fue compuesta y pensada para la ejecución de un piano y una banda de jazz. La directora mexicano llevó a los vientos, las percusiones y los metales a una cota altísima de musicalidad, que congeniaba al milímetro con la interpretación memorable del pianista dominicano. Por eso, y pesar de ser solo en intermedio, el público rindió el primer homenaje a esa dupla de maestros de la música con una aplauso fortísimo con el público de pie. Lo que motivó a que Michel Camilo regalara un bis, en este caso una canción popular caribeña con ribetes jazzísticos.

Apoteosis en segunda parte

La segunda parte del concierto fue netamente mexicano. Primero con el bellísimo Danzón número 2, de Arturo Márquez, que a pesar de que es una obra que se estrenó hace sólo 25 años ya se ha convertido en una de las obras más celebradas e interpretadas de la música culta mexicana. Además de la propia De la Parra, que lo interpretado muchas veces y tiene al menos una grabación, también es admirada por directores como Gustavo Dudamel, que también la grabó con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar.

El final del concierto fue La Noche de los Mayas, de Silvestre Revueltas, que no se había escuchado en España desde hace décadas y que además sirvió para que la propia directora explicara que se trataba de una música que fue compuesta por encargo para la película con el mismo nombre y que cuenta la historia de una disputa amorosa de una mujer maya, que tiene que decidir si irse con un hombre de su comunidad o con un conquistador español, de piel blanca.

“En la obra se cuenta el coraje de un pueblo. Un coraje y un resentimiento que ya no existe. De hecho yo aquí, en Madrid, me siento como en casa”, dijo provocando así la sonrisa cómplice y un nuevo aplauso de la gente.

El público reconoció la entrega, la calidad de la dirección y el derroche de energía de la directora mexicana con más de diez minutos de aplauso con el público en pie. Quizá el mejor regalo para un debut.

JSL
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