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‘Intimidades Literarias’ de D.H. Lawrence en el IFAL

El ensayista francés, Philippe Ollé-Laprune leyó fragmentos de ‘La serpiente emplumada’ en el ciclo de conferencias en el IFAL. Foto María Luisa Severiano / Archivo

Daniel López Aguilar

Ciudad de México. La vida y obra del escritor inglés David Herbert Richards Lawrence más conocido como D. H. Lawrence, fueron los temas que encabezaron este miércoles el ciclo de conferencias tituladas Intimidades Literarias en el Instituto Francés de América Latina (IFAL) Casa de Francia, en la ciudad de México.

La ponencia corrió a cargo del ensayista y editor francés Philippe Ollé-Laprune, acompañado del poeta Carlos Azar, quien leyó algunos fragmentos de La Serpiente Emplumada, novela que escribió Lawrence durante su estancia en México en 1926.

“D.H. Lawrence tenía un rostro muy intenso, realmente se puede decir que era una persona que tenía constantes cambios de humor. Aunque siempre fue un autor muy prolífico, pues también escribió ensayos, narrativa, cuentos y poemas”, precisó Ollé-Laprune al iniciar la presentación.

Posteriormente, destacó que los personajes masculinos que protagonizaban las historias de Lawrence son duros, dominantes, rudos, poco afectivos. Rasgos que el escritor adoptó a lo largo de su vida.

Lector asiduo de Friedrich Nieztsche, D. H. Lawrence conoció en 1912 a Frieda Weekley, cuyo apellido de soltera era von Richthofen, y con quien compartió el resto su vida. Frieda era seis años mayor que él, estaba casada con un antiguo profesor de lenguas modernas en la Universidad de Nottingham, y tenía tres hijos pequeños.

D. H. Lawrence visitó tres veces México: la primera vez con Frieda, después solo, y de nueva cuenta con su esposa, aunque a ellos se anexa una amiga mutua para tratar de suavizar sus discusiones.

Ollé-Laprune indicó que “en un principio Lawrence se sentía fascinado por México, país que considera un lugar privilegiado y del cual relata parte de sus perturbaciones, búsquedas, aficiones y obsesiones en la novela titulada La Serpiente Emplumada (1926)”. Aunque posteriormente, el autor termina por odiar México cuando comienza a sentir los primeros síntomas de una tuberculosis, enfermedad que provocaría su muerte en 1930.