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«En lugar de pájaros y olivos, un día despertamos con la guerra»

Manifestantes frente al Palau de Sant Jordi muestran su apoyo al concierto en favor de los refugiados, organizado por Joan Manuel Serrat; participaron, entre otros, Lluís Llach, Paco Ibañez y el propio cantautor catalán, quienes aparecen en los recuadros, respectivamenteFoto diario.es/Robert Bonet, Isaac Sibeca, Canarias7.com y Diario de Navarra

Armando G. Tejeda, corresponsal

Madrid.

Más de 15 mil personas abarrotaron el Palau Sant Jordi de Barcelona para gritar al mundo que las personas refugiadas huyen de la guerra y de las balas; que muchas son perseguidas por sus ideas políticas, y que todos merecen que el resto del planeta les tienda la mano ante una situación tan dramática y dolorosa.

En torno a esta idea se reunieron decenas de artistas para gritar a los que mandan en el orbe –en particular al nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump– que en pleno siglo XXI no hay cabida para la xenofobia, el fascismo y el cinismo ante dramas como los que generan las guerras y la violencia.

El escenario, las luces y el ritmo del espectáculo-concierto fueron coordinados e ideados por una de las compañías de teatro más vanguardistas e importantes de las últimas décadas en España, la catalana La Fura dels Faus, en esta ocasión, por uno de sus fundadores, Carles Pedrissa. El objetivo era dar agilidad, emoción y compromiso a una serie de artistas que alzarían la voz por el drama de los refugiados, entre ellos creadores tan importantes como Joan Manuel Serrat, Lluís Llach, Manolo García, Macaco, Txarango, Cheb Balowsk y Paco Ibáñez.

Nuestra casa es su casa

El postulado original del concierto surgió hace más de seis meses sobre una idea básica, Casa nostra, casa vostra, que en catalán significa nuestra casa, su casa, la cual resume el leit motiv de los promotores, que no era otro que unir en torno a la solidaridad a ciudadanos europeos con los del otro lado del Mediterráneo que sufren los bombardeos y las masacres indiscriminadas, sobre todo en Siria.

Pero también, y de forma muy especial, es una crítica a las instituciones europeas por su errática gestión de la crisis de los refugiados que después de un largo y duro viacrucis llegaron a Europa para implorar auxilio y no lo han encontrado.

El cantante Manolo García así lo explicaba: Es un momento histórico para decir a los que mandan que son cínicos y erráticos, que no estamos dispuestos a soportar su cinismo e insensibilidad, que esta noche comenzamos a construir un nuevo futuro para nosotros como sociedad y para ellos como ciudadanos con derechos.

El concierto se inició con un video en el que se recogían los testimonios de refugiados que recordaban su tierra; el sol de su país, los plantíos de olivos y naranjos, su familia y el mercado de su pueblo, el ruido armonioso de los pájaros que habitaban los árboles del prado de su casa.

Siria era un país multicultural y lleno de vida, pero un día todo eso cambió y en lugar del sonido de los pájaros escuchamos el ruido de la guerra, el llanto de las mujeres y niños, el alarido infernal de las bombas cayendo y cayendo sin cesar, resumía de manera elocuente aquel refugiado, un señor de más de 60 años de mirada triste y rostro cansado.

Después de su testimonio entró en el escenario el sonido de la orquesta con música de La creación, de Joseph Haydn, protagonizada por las imágenes que expulsaba una inmensa pantalla: la recreación de un viaje de niños, como el pequeño Aylan Kurdi, que murió en las costas de Turquía después de una larga travesía. Y junto a los pequeños, los sicarios y soldados; los mayores que se agolpaban en los campamentos derruidos de los expulsados de su tierra, con grandes telares blancos que daban algo de cobijo a su penuria y al tembloroso llanto de su huida.

Las recreaciones que se hicieron en el escenario del drama de los refugiados resultaban familiares porque todas habían sido copiadas o inspiradas en las escenas que todos los días vemos en los medios de comunicación sobre una situación que poco a poco se ha ido instalando en nuestra vida como algo cotidiano y hasta inevitable. Pero nosotros queremos decir hoy aquí que esto no es ni lo normal ni inevitable; tenemos que decir alto, y claro que basta ya de hipocresía y de miseria humana. El régimen de Baschar al Asad nos ha masacrado, pero seguimos en pie, dijo Mirla, adolescente refugiada.

Después entraron en el escenario dos grandes de la música de protesta y, ambos poetas del siglo XX: Manolo García y Lluis Llach, cantaron un himno libertario, Venimos del norte, venimos del sur. Después interpretaron una de sus canciones más queridas y admiradas, Pájaros de barro, cuya letra encajaba con el espíritu del concierto: Por si el tiempo me arrastra hacia playas desiertas, hoy cierro yo el libro de las horas muertas. Hago pájaros de barro y los echo a volar… Hoy rechazo la bajeza del abandono y la pena.

A continuación vinieron otros dúos, tríos o combinaciones artísticas, como las formadas por Joan Manuel Serrat con Pérez Cruz, Sopa de Cabra y Amaral, Paco Ibáñez y Marina Rossell o Santi Balmes y la Eléctrica Dharma. Todo intercalado con un hilo argumental: el viaje de una persona que busca refugio en tres fases: el origen, que será la causa del periplo, la guerra, destrucción o miseria; el trayecto, marcado por el peligro de mares y fronteras, y el desenlace, la llegada a Europa, que supone detener la propia existencia en un campo de refugiados.

Uno de los momentos más intensos fue cuando Paco Ibáñez recordó el poema de Rafael Alberti para desterrar de nuestras vidas a los que generan tanta destrucción y miseria, al entonar, seguido de miles de voces: a galopar, a galopar hasta enterrarlos en el mar… Y después se recordó: si esa poema lo escribió Alberti cuando fue expulsado al exilio por la guerra, hoy, cuando la guerra no es en España, tenemos que recordar nuestros orígenes.

También señalaron a las empresas depredadoras, a los que fabrican armas y las distribuyen, al drama que vivimos hoy en día. Y en especial a los gobiernos del mundo por ser sus cómplices.

Uno de sus momentos más intensos del concierto fue cuando todos, las miles de voces ahí reunidas, acompañaron a Serrat en uno de sus himnos, Mediterráneo, para subrayar la idea de que los refugiados de Siria y los ciudadanos europeos forman parte de una misma cultura, de un mismo planeta, de una misma realidad… Y ojalá que este concierto siga resonando y que nuestras políticas hagan lo necesario para cambiar esta realidad, resumió el cantante del grupo Macaco.