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El Musas pretende difundir la explosión creativa sonorense

‘La grieta’ (2014), de Juan Carlos Coppel. Foto cortesía del Musas

Merry MacMasters

Colocar a sus artistas regionales en el mapa nacional es la propuesta del joven Museo de Arte de Sonora (Musas), abierto hace ocho años en Hermosillo. Hacia ese fin se decidió crear una colección permanente en dos vertientes: por un lado, de artistas sonorenses y, por el otro, a escala nacional. Para la primera se buscó al curador Octavio Avendaño Trujillo y para la otra a Edgardo Ganado Kim.

A principios de marzo se dará a conocer una primera sala permanente con la exposición Sonora 1.0: apuntes de una colección, con alrededor de 138 obras de 48 autores. Para 2018 se pretende abrir la sala nacional. Toda la obra es donada.

En entrevista, Rubén Matiella, director del Musas, explica que el museo sí tenía algo de obra, principalmente de artistas que habían expuesto allí. Pero no era una colección propiamente, porque no estaba consolidada. Este es un museo de arte contemporáneo; sin embargo, la colección regional agrupa a artistas sonorenses a partir de los años 50 del siglo pasado, cuando se fundó la escuela de artes de la Universidad de Sonora, que desencadenó un movimiento plástico más formal en el estado.

Octavio, sigue Matiella, realizó una investigación muy profunda auxiliado por personas que tienen toda la vida de trabajar el tema en Sonora. Se encontró que, independientemente de una trayectoria que fue en aumento a partir de los años 50, justo en el momento que se abre el Musas se propicia una explosión de creatividad en los jóvenes de entre 20 y 34 años, que se empapan de todo esto que empieza a llegar a Sonora, de la experiencia de los maestros que han acompañado las exposiciones, talleres, seminarios.

En un principio se planteó que el trabajo de formar la colección se cerrara en septiembre pasado; sin embargo, Octavio me pidió que se extendiera, porque empezó a visitar talleres, estudios y a los artistas en sus casas, y se dio cuenta de que aún había qué hacer.

La colección regional incluye a artistas como el escultor Hersúa (Manuel Hernández Suárez, Ciudad Obregón, 1940); Roberto Parodi (1957, de niño iba y venía entre Sonora y la Ciudad de México), Gustavo Monroy (1959, creció en Nogales), Héctor Martínez Arteche (nació en la Ciudad de México en 1934, pero a principios de los años 60 se estableció en Cocorit, Sonora, donde formó a muchos artistas; falleció en 2011), y jóvenes de gran influencia en la escena del arte contemporáneo actual, como Miguel Fernández de Castro (Hermosillo, 1986), Miriam Salado (Hermosillo, 1987) y Alfredo Káram (Huatabampo).

Consecuencias del centralismo

Aunque pudiera parecer lo contrario, Sonora ha sido productivo en cuanto a artistas visuales. El problema, según Matiella, es la falta de reconocimiento, de difusión, de acercamiento. En la realización de la colección influyó mucho que el director se haya encontrado con un índice de la plástica en México relativo a los años 70, 80 y 90, en el que sólo encontró a dos artistas sonorenses. De allí que también se editará un catálogo.

Reflexiona: “Este país es totalmente centralista. Lo que no se hace en la Ciudad de México no cuenta, salvo excepciones en Puebla, Monterrey y Guadalajara, quizás un poco en el sureste, claro, en Oaxaca. Sin embargo, esto ha cambiado mucho en años recientes, porque cuando se creó el Musas –líder en el noroeste de México– tuvimos acceso a movimientos plásticos que en otro momento ya es imposible. Las condiciones de este espacio son de primer mundo. El gobierno estatal ha impulsado mucho el acercamiento de los jóvenes con los creadores para empatar con un movimiento un poco más cosmopolita y no tan personal”.

El entrevistado señala que la actual gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich, se ha interesado en el proyecto de la colección: “Me ha ayudado en la creación de este acervo. Me ha sugerido, incluso, algunas exposiciones para el Musas. No es que no haya creadores en Sonora, lo que pasa es que realmente el foco de atención siempre está en Oaxaca o la Ciudad de México, o que las personas tenían que ir a la capital para brillar. Hemos servido un poco como trampolín para muchos jóvenes. La Ciudad de México tiene ahorita una gran influencia de los creadores del norte. Por la misma situación geográfica, la cercanía con Estados Unidos, la problemática de la migración –somos paso obligado– permea y se crea una subcultura que ha impregnado los espacios en México, sobre todo en la fotografía”.

El Musas tiene seis salas, de las cuales dos se dedicarán a la colección permanente en sus dos vertientes. La idea también es trabajar en una rotación de la colección, seguirla estudiando e investigando. Es obvio que el acervo por sí mismo empezará a crecer, afirma Matiella. En algún momento pretenden llevarla a la Ciudad de México.