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Nacho Padilla, «el más talentoso de forma natural»: Volpi

Nacho Padilla, "el más talentoso de forma natural": Volpi
Carlos Paul

Ciudad de México. La auténtica escuela de escritores para quienes en México integran la denominada generación del Crack, “fueron los encuentros que durante cinco años tuvimos los sábados en la mañana en el Sanborns de San Ángel, donde simplemente chismeábamos de literatura y nos atiborrábamos de café hasta terminar temblando; así como las reuniones en la casa de Alejandro Estivil, donde nos juntamos para escribir una novela a cuatro manos”, comentó Jorge Volpi, integrante de dicha generación, durante el homenaje al escritor Ignacio Padilla (1968-2016), fallecido en agosto pasado, que se le rindió por su 48 aniversario de nacimiento, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Durante el reconocimiento a Padilla, en el que participaron Rosa Beltrán, Socorro Venegas y Mauricio Montiel, como moderador, Volpi se refirió a Nacho no como un amigo, sino como un “verdadero hermano”, por la estrecha relación y experiencias que en particular vivieron.

Nacho era entre los escritores de mi generación y de otras, “el más talentoso de forma natural. Tenía una facilidad para el lenguaje que había modelado inicialmente con todo García Márquez, todo Rulfo y también mucho Beckett. Esa combinación estuvo en el origen de su escritura”.

De aquellos encuentros en la casa de Alejandro, durante los cuales se propusieron escribir una novela entrecruzando varios cuentos escritos por cada uno, “fue el momento en que aprendimos a escribir. Nacho podía discutir por horas, por el correcto uso de un adjetivo o un adverbio, Eloy, en cambio, nos enredaba incluyendo 40 personajes nuevos, cada vez que hablaba y Alejandro y yo intentábamos combinar eso para hacerlo, más o menos legible”, recordó el autor de En busca de Klingsor.

“Esa fue nuestra auténtica escuela de escritura, mucho más que la universidad o los talleres. Ahí, juntos, los cuatro aprendimos a ser escritores”, destacó Volpi.

Al final tuvieron como resultado la “novela-cuento” titulada Variaciones sobre un tema de Faulkner, que luego de varias vicisitudes, de ser olvidada y rescatada obtuvo el Premio Nacional de Cuento.

Rosa Beltrán, entre diversas anécdotas destacó: “Nacho tenía devoción a García Márquez, a las estructuras complejas, a escribir pronto y mucho, a madrugar. Fue un devoto católico y luego un apostata. Sus convicciones férreas convivían con su alegre disposición. Creía en Dios, en las cofradías, en los viajes como experiencia epifánica.

Hacía literatura con las experiencias vividas en países distantes. Fue un joven miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Defensor de la literatura infantil y juvenil. Era moderno y antiguo. De los muchos libros que publicó, la mayoría obtuvo algún premio. Su partida, su precocidad nos deja una gran tristeza”.

En su momento, la editora Socorro Venegas de los libros de Padilla en el Fondo de Cultura Económica, resaltó que entre las virtudes del autor era ser “exageradamente generoso”, además de ser también un gran promotor cultural. “Decía que escribir para los niños era estar frente a los lectores más desafiantes. Jamás le tiró la neta o una moraleja a un niño”, apuntó Venegas