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Ópera de 1901 nos conecta con la intolerancia del México actual

La soprano argentina Daniela Tabernig, protagonista de Rusalka, en un ensayo de esa producción de la Compañía Nacional de Ópera, que tendrá cuatro funciones (hoy es la primera) en la sala principal del Palacio de Bellas Artes. Foto: cortesía del INBA

Ericka Montaño Garfias

En diferentes mitologías existen seres que habitan en mares, lagos y ríos. Dioses, sirenas, tritones, pequeñas hadas, de nombres místicos que ayudan a los humanos o los llevan a la muerte.

Uno de esos nombres mágicos es el de las rusalkas, mujeres a veces identificadas como ninfas, otras como sirenas. El compositor checo Jaroslav Kvapil escribió el libreto de Rusalka, en el que se inspiró Antonin Dvorak, ópera que comienza una nueva temporada en la sala principal del Palacio de Bellas Artes.

Rusalka es una obra que más allá de la historia que narra, habla de la intolerancia y del miedo al otro, coinciden durante la entrevista con La Jornada la soprano argentina Daniela Tabernig (Santa Fe, 1978), quien lleva el papel protagónico, y Enrique Singer, director de escena de esta ópera que se estrenó el 31 de marzo de 1901, en Praga, y su primera presentación en América Latina fue precisamente en el Palacio de Bellas Artes en 2011. Esa misma producción se llevó al Teatro Colón de Buenos Aires, el año pasado.

Es un cuento de hadas muy lejano de la tradición de las películas de Walt Disney, más cercanos al terreno de lo oscuro, de la tragedia, de los cuentos que recopilaron en la tradición eslava Bozena Nemcova y Karel Jaromir Erben, en los que se inspiró Kvapil, o los hermanos Grimm, historias muy lejanas a las que hoy conocemos.

Rusalka proviene de esa tradición dura y terrible, “de esos cuentos que se escribían inspirados en la realidad”, explica Tabernig, quien interpreta por tercera ocasión el papel principal.

“Si uno lee entre líneas este caso particular, se puede ver claramente la lucha de dos mundos que no se entienden y se odian: el de las ninfas, que es totalmente mágico, dedicado sólo al placer, donde no se conoce el sufrimiento, y el de los humanos como todos lo conocemos.

“Dos mundos que no se comprenden, se temen, y el hecho de que Rusalka se enamore de un humano es el primer paso para esa confrontación que existe a lo largo de toda esa ópera y que termina como termina, como la leyenda de las sirenas que atrapan a los marinos con sus voces o de esos seres malditos como termina siendo Rusalka”.

Esta ópera “nos habla de las mismas cosas que lamentablemente el ser humano no resolvió y no creo que resuelva; podremos mejorar, pero son muy actuales los temas de los que habla: la intolerancia, el miedo a lo desconocido, la discriminación.

“Son cosas que existen y por eso es tan fácil para nosotros conectarnos con esas emociones, con lo que les pasa a los personajes, porque es algo que vivimos en la actualidad”.

Aunque Rusalka es una ópera “que mantiene el estilo a nivel visual, no cambia el escenario, transcurre en el agua, en el castillo. La forma en que nosotros encaramos la mirada interna de los personajes es sumamente actual y está basada en estas nociones, en la incapacidad del ser humano de tomarse ese trabajo de conocer a la otra parte que tiene enfrente y después decidir y no de entrada decir: ‘esto es distinto a mí, es diferente a mí, no lo conozco, no lo quiero, lo repudio, soy violento’. No nos damos el tiempo de conocer al otro, y creo que en eso también tenemos mucha tarea por hacer”.

La sirenita, pero no la de Disney

Enrique Singer sostiene que existen dos cosas que hacen de Rusalka una ópera singular. “En primer lugar es un Romeo y Julieta, la historia de dos jóvenes que pertenecen a mundos antagónicos, se enamoran y luchan por su amor. Es la historia de La sirenita,pero la original, porque Walt Disney la hizo light, como todos los cuentos de hadas, pero normalmente los relatos originales son muy duros, muy fuertes, y éste lo es porque son personajes trágicos”.

En segundo lugar “siento que habla profundamente de la intolerancia; ese es el tema que subyace, es el encuentro de dos mundos, de dos realidades que se tienen miedo una a la otra, dos sociedades que se tienen miedo una a la otra y por lo mismo se llenan de prejuicios, de odios infundados y eso degenera en una tragedia”.

Por eso, añade Singer, “es muy parecido a Romeo y Julieta, pero aquí es más radical. Hay dos mundos: el fantástico, el de las rusalkas (rusalka no es un nombre propio, es el nombre que se da a estas ninfas), de la magia, los duendes, por un lado; y por el otro, el mundo de los humanos.

“Estos dos mundos se repelen o chocan y hay dos jóvenes que se enamoran y van a acabar siendo víctimas de esa intolerancia. Creo que en el fondo subyace un tema de intolerancia que nos viene muy bien a México y al mundo. Rusalka es una ópera que, como todos los cuentos de hadas, dice cosas.”

Rusalka, a cargo de la Compañía Nacional de Ópera de Bellas Artes, se escenifica hoy a las 20 horas y este domingo a las 17 horas; el jueves 3 de mayo a las 20 horas y el domingo 6 a las 17 horas. La dirección concertadora está a cargo de Srba Dinic, con la participación de la Orquesta y Coro del Teatro de Bellas Artes.

(El Palacio de Bellas Artes se ubica en avenida Juárez, esquina Eje Central Lázaro Cárdenas, Centro Histórico.)

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