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Redescubre ilustradora, con su bebé, la máquina que es el cuerpo humano

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Por Fabiola Palapa Quijas

A la narradora e ilustradora argentina Isol (Buenos Aires, 1972) le gusta narrar para que los lectores la pasen bien, pues considera que con los libros uno viaja a los cerebros de otros personajes, a otros países, a otras comarcas. Se tienen experiencias que en la vida no se viven y ayudan a tener mayor amplitud y comprensión del mundo.

La autora, quien acaba de publicar su libro El Menino (Océano Travesía 2015), expresa a La Jornada que los escritores en los libros muestran su visión del mundo, aquello que les sorprende y sienten.

“La literatura es como una charla muy profunda con personas interesantes, que quizás uno no llega a decir en una conversación común porque no habla de eso que le sucede internamente, de lo que observa; en cambio, los libros no tienen vergüenza de decir lo que les pasa y eso me parece que es una herramienta muy fuerte para después poder a veces entenderse a uno mismo, a los otros, aunque no sean iguales a uno.

Me parece que es una ventana que amplía la sensibilidad, como pueden ser la música, la danza, la pintura. Las artes tocan una parte muy delicada de lo que es el ser humano y además es la expresión casi única de la persona porque ningún animal hace arte. Podría no estar el arte, pero sería un mundo bastante menos mágico.

Maravillarse de todo

Ganadora del Premio Astrid Lindgren Memorial (ALMA), otorgado por el gobierno de Suecia, Isol combina ilustración y escritura porque son dos maneras de narrar y como ilustradora le gusta relacionarse con lo narrativo, crear libros álbum.

Con los dibujos logro más potencia narrativa que con las palabras y los dos lenguajes hacen el álbum, el libro ilustrado; se acompañan, complementan y me divierte mucho, porque a veces algo dicho en palabras si uno lo ve puede significar otra cosa de lo que uno al principio pensó. Así que me gusta esa combinación, es como mi manera de contar, de expresarme.

En su libro El Menino, Isol habla de la llegada de un bebé como si se tratara de un extraterrestre: “El texto lo escribí después de ser madre y me encontré un poco en esa situación de tener que comunicarme con un ser que recién llegó a este planeta y necesitaba aprender mil cosas por segundo y yo, como madre, maravillarme de todo.

Cuando ves a alguien que está de pronto empezando a tener control sobre sus dedos piensas que es increíble darle órdenes al cuerpo sin pensar y que éste obedezca con todo lo complejo que es.

Con ternura, la autora cuenta cómo es la vida de una familia con la llegada de un bebé, pero lo hace de modo diferente, pues sabe que uno puede hablar de lo mismo de diversas maneras.

Al referirse a su proceso creativo, Isol asegura que es determinante que los lectores la pasen bien cuando están leyendo, porque si no, dejan de leer. El libro debe ser interesante, no digo que necesite ser gracioso, sino tener algo que llame la atención, que sorprenda y haga pensar en algo nuevo.

La narradora comparte en entrevista, desde la capital argentina, que construyó la historia a partir de observar a su hijo que se despertaba y empezaba a mirarse la mano como si fuera algo raro y fue interesante para ella ver cómo el pequeño descubría su cuerpo.

Me parece que es lindo ese juego de redescubrir la máquina que es el cuerpo humano y justamente un nene que lea el libro se encontrará con eso, donde las partes del cuerpo están descritas como si fueran de una máquina, explica la ilustradora, quien en 2006 y 2007 ha sido finalista del Premio Hans Christian Andersen.