Por redacción
En Barcelona, España, se instaló un altar de muertos dedicado a los periodistas de La Jornada Javier Valdez y Miroslava Breach, así como a otros nueve comunicadores que este año han sido asesinados en México.
La ofrenda corrió a cargo de La Taula per Méxic, organización de académicos, activistas y periodistas que trabajan desde Barcelona por la paz y los derechos humanos de México.
Lola Zavala, coordinadora de esta actividad cultural y de denuncia social, dio a conocer que la instalación del altar para conmemorar el Día de Muertos se ubica en el Centro Cívico San Agustí, en las instalaciones de un antiguo convento.
El 2 de noviembre se realizará una charla sobre el significado del altar y la ofrenda de muertos a cargo de Zavala y de Ana Paula Sánchez, quien señaló que esta actividad forma parte del Festival por la Paz y los Derechos Humanos “Susurros del México Olvidado”, el cual se llevó a cabo durante octubre en esta ciudad europea con el apoyo del Ajuntament de Barcelona y la Generalitat de Catalunya.
Sobre esta actividad recordaron que el uno de noviembre es “el día en el que nosotros siempre recordamos a los dos difuntos que vendrán a visitarnos, tal y como lo hacen puntualmente cada año”.
En la víspera de la inauguración de este altar que recuerda a los 11 periodistas muertos en nuestro país, advirtieron que en “México hace tiempo que están preparándoles la bienvenida; en el ambiente ya se respiran los olores de las flores de cempasúchil y del pan de muerto -la estrella de todas las panaderías durante estas fechas-, y a los mercados llegaron ya las calaveras en todas sus formas, colores y sabores: de azúcar, amaranto o chocolate; el papel picado y las alegres calacas de cartón, y quizás habrá alguna que otra bruja paseando por ahí, totalmente despistada, entre telarañas -también ajenas- y pobres calabazas despatriadas.
“Las ánimas acudirán puntuales a visitarnos y se encontrarán con las ofrendas que con tanto amor les hemos preparado. No vendrán a jalarnos las patas, ni convertidas en zombis. Tampoco viajan en escoba, ni son fantasmas. Nuestros seres queridos vendrán a compartir con nosotros la comida, la alegría y el amor por esa vida que nos dio la oportunidad de conocerlos. Somos lo que somos ahora gracias a su paso por este mundo. Así que lo que sentimos al recordarlos no es miedo, ni terror, ni espanto, sino puritito amor”.





