Mariana Chávez, corresponsal
Querétaro, Qro. La carretera México-Querétaro, por donde circulan en promedio 55 mil vehículos al día, es todavía un foco de inseguridad por la falta de coordinación de las dependencias que participan en las obras que se realizan sobre el tramo carretero que va de la salida de la Ciudad de México hasta Querétaro, y la tardanza para concluirlas, consideró el diputado federal Braulio Guerra Urbiola.
El legislador priísta señaló que el tramo más complicado es de seis kilómetros en Huehuetoca, Estado de México, donde se realizan las obras en las que invierte Banobras unos 340 millones de pesos.
En ese tramo, los automovilistas tienen que circular a “vuelta de rueda”, e incluso casi detener, en algunos casos, la circulación. Esto genera largas filas, lo cual es aprovechando por grupos o personas que se dedican a delinquir.
Guerra Urbiola, dijo que luego de sostener diversas reuniones con representantes de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Caminos y Puentes Federales (Capufe), Banco Nacional de Obras (Banobras) y la Policía Federal, detectó que los diversos tramos que arreglan a lo largo de 220 kilómetros -que comprenden el tramo desde la Ciudad de México hacia Querétaro-, son proyectos distintos a cargo de forma individual de alguna de las dependencias mencionadas.
Aunado a ello, todas las dependencias realizan los trabajos de forma desarticulada, lo cual provoca que las obras no estén debidamente programadas para no afectar a los automovilistas que transitan de forma constante por esa arteria vial y que conecta con la Ciudad de México.
Indicó que en el caso de la obra de Huehuetoca, si bien avanza, se espera que esté concluida en forma total en marzo del próximo año, pero es urgente que se termine a más tardar en diciembre próximo.
Otro punto conflictivo para la circulación por la inseguridad y por los accidentes que se registran sobre la carretera federal 57, en el tramo México-Querétaro, es la caseta de Palmillas, ubicada en el municipio de San Juan del Río, Querétaro, que se convirtió en “el puente de Laredo”, pues en ella se hacen filas interminables; esto lo hace “inoperante”.
Si bien esa caseta genera ingresos por dos mil millones de pesos al año, analizan la propuesta de “mover” su ubicación para disminuir los flujos que afectan la circulación vial. La opción, dijo, es instalar casetas “más pequeñas” en distintos puntos geográficos de la arteria vial.
Durante un recorrido por ese tramo carretero, se pudo detectar que algunas líneas de transporte público circulan por el circuito mexiquense para salir nuevamente a la México-Querétaro y así evitar los tramos conflictivos.





