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Me bastó jugar cuatro años en la MLS para tener pensión: Suárez

Me bastó jugar cuatro años en la MLS para tener pensión: Suárez

Marlene Santos Alejo

A pesar de alcanzar la cúspide, Claudio Suárez nunca olvida sus orígenes, ni esos trayectos en combis y camiones desde Texcoco –de madrugada, en ayunas y con los bolsillos vacíos– para llegar tres horas después, a las 8 de la mañana, al entrenamiento de Pumas en Ciudad Universitaria.

Tarde, pero en 2016, tras 22 años de trayectoria y varios de olvido, se le hizo honor a un grande del futbol mexicano, al orgullo del municipio mexiquense donde con buen tino le pusieron su nombre a un estadio.

Ya había visualizado el momento porque le avisaron antes. Llegó acompañado de su esposa y sus tres hijos, pero estando ahí el pasado 8 de noviembre se le aflojaron las piernas, parpadeó repetidas veces para contener la emoción. En la palestra del Salón de la Fama del Club Pachuca mencionó a sus ocho hermanos.

Javier, René, Sergio, José Luis, Vicente, Jesús, Noé y Juan Carlos. Enseguida, un poco más dueño de sí, hasta bromeó: “…Mi mamá quería una niña, pero no se le dio. Ellos fueron los cómplices en las travesuras de una infancia llena de carencias pero feliz.”

Claudio, de 48 años (17 de diciembre de 1968), estaba predestinado a la gloria de ser el jugador que más veces ha vestido la playera del Tri: 178 en total.

Pero no sólo eso: la suerte lo acompañó en la recta final de su carrera, pues luego de jugar en Pumas, Chivas y Tigres –siempre bajo la batuta de Ricardo Ferretti y el impulso inicial de Miguel Mejía Barón– pasó en 2006 a Chivas USA, donde colgó los botines en 2010.

Tuve suerte de llegar a EU

Ya tengo 10 años viviendo en Los Ángeles, California. Amo a México, me gusta mucho y hay varias cosas que extraño. Sin embargo, pienso que tuve suerte de llegar a Estados Unidos porque me bastó jugar cuatro años en la MLS para generar un fondo de retiro. A lo mejor es poco, pero es algo. Te garantiza una vejez sin problemas, expresó.

Fue cosa de observar y conocer el tejemaneje para hacer las inevitables comparaciones que dejan mal parado al balompié tricolor: “En EU lo están haciendo bien, son profesionales. Hay un sindicato de futbolistas, el jugador tiene derechos y obligaciones, se le da muchísimo apoyo.

“En México nunca se ha podido organizar el gremio, hay temores infundados porque no se trata de pelear con los federativos o los dueños y ¡no es para pelear, sino para mejorar! No existe el fondo de retiro y es una pena ver a futbolistas que dieron mucho –me incluyo–, y cuando se termina la carrera quedas a la deriva”, lamentó.

Si sufres una lesión seria, la MLS te responde; incluso si ya no puedes jugar te mantiene de por vida. Cada vez que te lastimas además de recibir atención médica te dan una parte económica, subrayó.

Suárez, a quien el cronista Enrique Bermúdez apodó El Emperador, está convencido de que el futbol estadunidense superará al mexicano.

En el aspecto económico ya están por encima. Hay jugadores que tienen sueldos muy altos. Las luminarias ganan 6 o 7 millones de dólares anuales. Cada club tiene cuatro elementos franquicia y los jóvenes cobran un promedio de 50, 60 mil dólares anuales. Ríe al agregar: ¡nada de falta de pagos o retrasos!

No obstante, la población latina, y sobre todo la de origen mexicano, se desborda por la liga Mx: “Hay mucha pasión entre los que radicamos allá, especialmente hacia Chivas y América; se transmiten todos los partidos semana a semana.

Pero la MLS sigue su curso y crece el número de aficionados. El campeón Seattle Sounders, que tiene la mejor afición local, es todo un fenómeno con su estadio siempre lleno.

Añadió que ya no sólo llegan estrellas en el ocaso, sino más jóvenes, “como el italiano Sebastian Giovinco al Toronto.

“También empiezan a llegar técnicos de renombre. El Tata Martino está en la nueva franquicia de Atlanta; todo eso ayudará muchísimo… Yo lo he manifestado desde hace tiempo: la MLS será de las mejores del mundo por su buena planeación e infraestructura”, remarcó.

Suárez fue un incuestionable en la selección nacional de Miguel Mejía Barón, Bora Milutinovic, Manuel Lapuente, Enrique Meza y otros de paso breve en el banquillo tricolor, pero en la cúspide no todo fue terciopelo, rosas y miel.

Hubo dos episodios amargos: uno de dopaje y una lesión (fractura de peroné) que le impidió ir a su tercera Copa del Mundo, Corea del Sur-Japón 2002. Sin embargo, tuvo revancha, porque cuatro años más tarde Antonio La Volpe lo embarcó para el Mundial de Alemania 2006.

Del primer caso (positivo por nandrolona) salió incólume gracias a su historial impecable de jugador disciplinado, serio, dedicado a su carrera.

Lo único que hacía aparte de jugar era estar con su familia y dormir. Ese fue el argumento más valioso para los federativos que lo defendieron ante la FIFA. Se alegó un error administrativo y evitó la sanción.

Meses antes del Mundial asiático, en una jugada boba, Claudio se rompió el peroné derecho. Hizo todo para recuperarse a tiempo y lo logró, pero Javier Aguirre no lo esperó, ya tenía sustituto.

“Me di cuenta hasta el momento en que fuimos por la ropa; en los trajes para viajar no estaba el mío…. Son chingaderas”, dijo en aquel entonces.

Nada de eso fue grave. El capítulo más cruento es una historia que infelizmente se vuelve común hoy día. Ocurrió en Guadalajara; asegura que todavía él y su esposa están traumados.

“Fue en 1996, justo cuando pasé a Chivas. Por comodidad decidimos rentar una casa amueblada, era un condominio cerrado; parecía seguro pero pienso que quizás era de un narcotraficante, o qué se yo.

“Estábamos descansando, era la una o dos de la mañana cuando empezaron a romper los vidrios de las ventanas y a echar balazos. Despertamos alterados. Mi esposa y yo tiramos a los niños al suelo, prendí las luces y grité que no dispararan.

“La sangre se me congeló cuando vi que eran unos 20 encapuchados con armas largas. Hubo confusión y mucho miedo. De pronto ya nos tenían a mi esposa y a mí en el piso, encañonados. Estuvieron a punto de matarnos a todos. ¡No eran delincuentes, sino el Ejército! Fue un momento muy duro que nunca pudimos superar.

“Cuando se convencieron de que no éramos los que buscaban se fueron. Le dije al Tuca: ‘¡Yo ya me voy de aquí!’. ‘¿Y tu contrato?’, me preguntó. ‘¡Qué se queden con él, yo me voy!’, insistí. Teníamos en puerta dos partidos de eliminatoria mundialista y hablé con Milutinovic: ‘No puedo jugar, estoy nervioso’. Le platiqué todo.

“Me sobrepuse y me quedé en Chivas. Después habló conmigo un general del Ejército ofreciéndome disculpas. ¿Pero el trauma y el susto, quién te los quita? Ellos nada más te dicen ‘usted disculpe’… Uno queda con ese temor para siempre. También a mis suegros les tocó en Cuernavaca, igual fue el Ejército.

“Si no son ellos, es la delincuencia. Le pasó a Rubén Omar Romano con el secuestro que vivió. Sé que hay más gente del futbol afectada, pero no me toca a mí decirlo. A todos mis hermanos ya los asaltaron; sin embargo, ellos siguen viviendo en Texcoco.

Es una desgracia para los mexicanos tanta violencia. Ora sí que el destino me hizo llegar a Estados Unidos y allá nos sentimos cómodos, tranquilos, pero igual si sale una buena oportunidad de trabajo como la que tuve en el Querétaro ahí ya vería. Uno tiene que salir a trabajar como toda la gente, a hacer sus cosas por necesidad o gusto, con miedo o sin él.