Carolina Aranda Cruz
“El sueño no se acercaba a mi lecho y las horas pasaban y pasaban… Erraba de aposento en aposento con pasos presurosos, desiguales, sin rumbo. La palidez de su semblante había adquirido, si era posible tal cosa, un tinte más espectral, pero la luminosidad de sus ojos había desaparecido por completo.” Así describe Edgar Allan Poe al insomnio en “La caída de la casa Usher”. Un problema que hoy afecta a más de 850 millones de adultos mayores de 20 años en el mundo, de acuerdo con la Sleep Medicine Reviews.
Aun así, hasta hace poco desconocíamos el funcionamiento del “reloj molecular” encargado de despertarnos gradualmente en ciertos momentos. Pero gracias a la neurocientífica Yao Chen de la Washington Univesity en Missuri, y su equipo, sabemos que el secreto se encuentra en cómo se comporta la proteína quinasa A (PKA) con otras proteínas.
Expandiendo y traduciendo al español su funcionamiento sabemos lo siguiente. Dentro de cada neurona existe un pequeño “reloj molecular”, llamado quinasa A (PKA), cuya tarea es colocar un grupo de fosfatos sobre ciertas proteínas ―como si estuviera pegando emojis―. Durante el día la PKA se mantiene ocupada colocando grupos de fosfatos como parte de sus funciones y conforme pasa el día y llega la noche el desgaste energético va disminuyendo su actividad gradualmente. Cuando ya casi no hay “emojis”, el cuerpo avisa: ¡Ah! Es tiempo de despertar.
Y saber esto ¿para qué nos serviría? Al igual que un alcoholímetro, los investigadores podrían diseñar un examen de laboratorio capaz de medir la actividad de la proteína quinasa A. De esta manera, sería posible identificar la calidad del sueño de una persona. Aquellos con malos hábitos de sueño son más propensos a desarrollar: obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, así como ciertas enfermedades psiquiátricas.
Otra gran aplicación sería monitorear a trabajadores, quienes necesitan mantenerse despiertos: camioneros, empleados del sector salud y personas de seguridad. Labores donde la privación del sueño es parte del trabajo, sin embargo, en muchos casos sería útil para determinar si alguien ya necesita dormir por salud y protección a los demás. Según la Organización Mundial de la Salud, el 30% de los accidentes ocurren a raíz de la somnolencia. Y el 31% de profesionales de la salud sufren siniestros por no dormir suficiente, reporta la International Archives of Occupation and Environmental Health.
El sueño, como bien supo plasmarlo Poe, es un territorio fronterizo entre la vigilia y el misterio. Pero gracias a la ciencia, empezamos a entender sus mecanismos más íntimos. Y ese conocimiento, bien usado, puede salvar vidas.





