Miguel Ángel Velázquez, enviado
San José, Costa Rica. Son las cuatro y 30 de la mañana, la penumbra inunda cada rincón del aeropuerto, ráfagas constantes de viento frío, helado, cruzan las pistas del aeropuerto de la capital y azotan a este Airbus A320 donde caben, normalmente, más de un centena de personas, pero que ahora es el transporte de ella y su séquito, tal vez la más cuidada del mundo.
Son 24 hombres y mujeres, 16 de ellos entrenados en Israel y el resto reclutado por Coca-Cola. Sólo dos de ellos no se le despegan, pasan la noche vigilándola pero no la tocan y si tienen que hacerlo, usan guantes. Nunca duerme sola. Ellos están a cargo de que llegue sin contratiempos, en buen estado.
Vienen de Brasilia y hacen un parada técnica aquí en Costa Rica para cargar combustible y seguir a su siguiente destino: México. Tendría que haber aterrizado en este lugar hace unas 24 horas, pero el presidente Lula pidió que se quedara un día más en las tierras de la samba y futbol y los planes cambiaron un tanto.
Pero su destino, que se esbozo desde hace cientos de días, no cambió. En la Ciudad de México, en Monterrey y en Guadalajara, se han montado aparatos de seguridad; hombres, cámaras, millones y millones de dólares para evitar cualquier desafortunado episodio.
El objeto del deseo que le quita el sueño al planeta futbol
Esta noche dormirá en un hotel de Polanco en el que se han reservado los cuartos necesarios —arriba, abajo y a los lados—, que conforman el perímetro de seguridad que debe tener y no sólo eso, en términos puntuales de seguridad hay que agregar que ademas viene forrada y sellada en un estuche rígido de alta seguridad al que se conoce como flight cases que cuesta hasta 250 millones de dólares, porque esta diseñada para protegerla de impactos e intenciones de robo.
Pero no solo. El forro del que hablamos y que es parte del cuidado con el que se le trata, cuenta con un “macro sistema” tecnológico de protección que incluye cámaras con inteligencia artificial, reconocimiento facial y por si fuera poco y para darnos una idea de lo que significa, un mecanismo antidrones por si a alguien se le ocurre atacarla desde el aire.
Sí, se trata de la Copa del Mundo de Futbol, una cosa que mide 36.8 centímetros de altura, su diámetro de base apenas llega a los 13 y pesa un poco más de seis kilos de oro de 18 quilates y le quita el sueño a unos 250 millones de practicantes activos en todo el mundo, acólitos que desearían tenerla en sus manos.
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El dorado objeto del deseo, según el protocolo de la FIFA se ha convertido en una reliquia, un objeto venerado en todas partes. La Copa del Mundo de Futbol no mira ideología y en su conquista se celebran justas que pueden abrir paréntesis de concordia que no puede conseguir nada ni nadie más.
Parece inexplicable pero hasta cuatro mil millones de personas confiesan ser sus seguidoras, sus acólitos, los que le rezan y le lloran, los que en un juego de la justa mundial miran y luchan, en las tribunas y la cancha por el orgullo regional y hasta el patrio; alguien le llamó “la guerra en pantalones cortos”.
La reliquia intocable que limpia cualquier vergüenza
La reliquia no puede ser tocada más que por ex mundialistas campeones y presidentes o primeros ministros, pero cuenta la historia del trofeo que si algún presidente o presidenta lo tocan, su equipo no será campeón. No obstante Lula, el presidente de Brasil, desafió al destino y acarició y besó a ese dorado objeto del deseo.
El sistema de prácticas y rituales que provoca el futbol se realiza en casi todo el mundo; el número de países afiliados a la FIFA, según sus propios datos es de 211, la ONU confiesa tener solo 195. Para muchos el futbol es una religión a que le son absolutamente fieles.
Pero también es como un objeto mágico, una especie de amuleto que limpia pecados. El ejemplo más claro es el de Giovanni Vincenzo Infantino que en nombre de todos los que juegan y los que ven el futbol, le entregó a Donald Trump una medalla por la Paz que en otro ámbito sería imperdonable, pero que en el caso del “balón mágico”, parecería peccata minuta.
Tal vez sea por eso que la gente de la refresquera patrocinadora del mundial que por tercera vez se habrá de jugar en el Estadio Azteca —ningún otro recinto tiene esa marca— y que en ningún otro país se ha jugado tres veces, le ha dedicado la fuerza de sus mejores mujeres y hombres a crear la imagen casi religiosa que hoy tiene la Copa del Mundo de Futbol.
Por fin despegamos; un joven mexicano, de los que fichó Coca-Cola, encargado de la logística de la gira que inició hace cerca de un mes comenta que después de pasar la noche en la Ciudad de México, viajará a Guadalajara y pone énfasis en la importancia del lugar y recalca de confianza en México.
Todo esta listo, el anuncio del piloto del avión nos indica que “dentro de unos momentos estaremos aterrizando en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México” y luego de la recepción protocolaria la trasladarán al hotel de Polanco.
Recepción en México
Pero antes el evento en el que, desde una puerta negra dispuesta en la parte trasera del enorme avión desciende acompañada del secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, Gabriela Cuevas, representante del gobierno de México para la copa del mundo y el jefe de Coca-Cola en el país, Louís Balat, sostuvo que “Guadalajara y México están de pie”, pero todos reiteraron la necesidad de la unidad para conseguir que el futbol siga siendo un espacio par la paz.
Aunque, hay que decirlo, por cuestiones de estrategia o por alimentar los malos pensamientos, la embajadora de Canadá, Ioana Shas y el embajador de los Estados Unidos Ronald Johnson, quedaron diametralmente opuestos al conformarse el grupo de personajes que presidieron el evento. ¿Fue solo una sutileza?
Un centenar de personas —invitados especiales—, dieron a bienvenida a la Copa. Se escuchó música, tronaron tambores y las fotos con los ex jugadores, Manuel Negrete —más le valía no haberse metido a la política—, el Conejo Pérez, muy querido y el mundialista Ratón Ayala, se dieron a la tarea de dar autógrafos y posar para las fotos de celular.
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Minutos antes, los funcionarios, el ex jugador Hugo Sánchez y el vicepresidente de Asuntos Públicos, comunicaciones y sustentabilidad de la refresquera, Patricio Caso, posaron frente al trofeo protegido por un capelo, por aquello de que nadie la puede tocar.
También se recordó que el jueves pasado la presidenta Claudia Sheinbaum anunció una inversión de miles de millones de pesos de la refresquera para México y se hicieron votos porque este Mundial sea el mejor de todos.
El próximo martes, según la agenda, la Copa del Mundo estará en la mañanera, ahí se explicará de cabo a rabo lo que significa la gira y se reiterará, ante el auditorio de la conferencia mañanera, la importancia de la inversión y la confianza para México, pero la Presidenta, no la tocará… por aquello de la mala suerte.





