Guillermo Luévano Bustamante

Se ha vuelto un lugar común escuchar que la Legislatura actual en San Luis Potosí ha sido, cuando menos, decepcionante. Las actuaciones y omisiones en distintos aspectos de su comportamiento parlamentario exhiben pobres actuaciones políticas.

En todo caso, la prensa local coincide en que el Congreso del Estado ha sido un espectáculo, grotesco, diría yo. Las recapitulaciones de periodistas y analistas locales del primer año de la Legislatura dan cuenta del ridículo y de la actuación individual que algunos de los representantes populares se empeñan en destacar.

Más que notables decisiones legislativas, más que una actuación digna como cuerpo colegiado de control político, más que un ente que recoja aspiraciones de la comunidad política que conformamos, el Congreso, o mejor dicho algunos de sus diputados, abonan al desgaste de la relación que tiene la elite política con la ciudadanía.

El distanciamiento de los políticos contribuye al descrédito, pero también desincentiva la participación política electoral. Es difícil tomarse en serio a algunos de los integrantes de esta legislatura en San Luis Potosí. Es deprimente pensar que son los mejores perfiles que los partidos políticos eligieron o designaron para ocupar no sólo curules, sino representar sus siglas, sus plataformas ideológicas, sus planes de trabajo. Si los hubiera.

Por enésima ocasión ha sido el diputado del Partido de la Revolución Democrática Sergio Desfassiux quien protagonizó un desgarriate. Al parecer acudió en auxilio de una persona conocida suya para evitar que la revisaran o una sanción administrativa en un retén vial antialcohol. Más allá de la consistencia jurídica de los retenes y otras prácticas, lo que destaca aquí es el actuar bravucón y desmedido del legislador para impedir la actuación de las autoridades.

Atrabancado, amenaza, amaga, violenta, intimida, a policías municipales y a quienes registran la escena en un video. Y hace todo esto de manera impune.

El partido que lo postuló tendría que remediar su gravísimo error. Podría empezar su presidente estatal, José Luis Fernández, por llamarlo a cuentas, y no excusarse como ha hecho antes, con que no le hace caso. El Partido de la Revolución Democrática, su fracción parlamentaria local, tendrían que echarlo del cobijo de sus siglas. Ese partido que en algún momento recogió las reivindicaciones de la izquierda electoral mexicana hoy solapa desfiguros que desacreditan aún más la labor legislativa.

Ya hay voces en la opinión pública que llaman a la modificación legal que retire el fuero en San Luis Potosí, pero el asunto, mientras tanto tiene otras salidas.

La conducta del diputado no está sólo asociada a su función política actual y a su evidente desconocimiento de las leyes y la Constitución. En su confusa perorata alega que “ahí él es la autoridad”, porque se trata del distrito al que se supone representa. Supina ignorancia o fanfarronería igual sirve para amedrentar a los agentes viales que trataban de entender lo que pasaba.

Lo que toca a la ciudadanía, si de algo sirviera la exhibida del diputado, sería asumir una actitud más comprometida, no dejarse engatusar por farsantes, y articular otras formas de organización social, política y comunitaria. Que de los partidos políticos que conocemos más o menos esto que vemos es lo que podemos esperar, ahí están quienes les representan, porque a la ciudadanía no.

@guillerluevano

 

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