Ángel Vargas
Una experiencia teatral completamente a oscuras, en la que la voz, el sonido, las texturas y la imaginación suplen a la vista es la que propone la compañía Erinias Teatro con Plutón, una adaptación de El gato negro, uno de los más célebres y escalofriantes relatos de Edgar Allan Poe.
Tras su primera temporada en el Foro Sylvia Pasquel en noviembre de 2025, el montaje regresa a cartelera en El77 Centro Cultural Autogestivo (Abraham González 77, colonia Juárez), durante todo octubre y hasta el 26 de noviembre.
Dirigida por Luz Adriana Carrasco, la puesta propone una manera distinta de vivir la ficción, la cual se vale del teatro sensorial, corriente escénica en la que las historias se cuentan, por lo general, prescindiendo de la vista y estimulando los otros sentidos.
La obra cuenta la historia de un hombre acusado de la desaparición de su esposa, que desde su celda revive los acontecimientos que lo llevaron a perder la razón. Convencido de que una fuerza extraña está detrás de sus desgracias, relaciona el inicio de sus males con la llegada de un misterioso gato negro de nombre Plutón.
A partir de ello, esta adaptación explora temas como la culpa, la violencia, la pérdida de control y los límites de la condición humana, y plantea una pregunta incómoda: “¿hasta dónde puede llegar una persona antes de perder por completo su esencia y el respeto por la vida?”.
En entrevista, Luz Carrasco explica que esta pieza teatral se basa en el terror sicológico característico de Poe, el cual tiene que ver con los miedos profundos del ser humano. “Buscamos suscitar la sensibilidad sobre lo que estamos haciendo como seres humanos: cómo vamos perdiendo la capacidad de asombro y de respeto hacia la vida y nuestra propia esencia”, señala.
Para ella, poner en primer plano el tema de la violencia “permite reconocer en un espejo lo que estamos haciendo como sociedad y por qué hemos llegado a niveles tan altos de agresividad”.
Agrega que aunque en la periferia de la obra hay otros temas –el maltrato animal, el alcoholismo y una enfermedad mental–, uno de los propósitos centrales es reflexionar sobre “cómo nuestras acciones son cada vez más fuertes y menos tolerantes con quienes nos rodean”.
Acerca de su versión del relato de Poe, la actriz y docente asegura que respeta casi en 80 por ciento el texto original. Los cambios, detalla, tienen que ver con la incorporación de diálogos y el traslado de las acciones a un juzgado, además de un final que se bifurca. “Espero que Allan Poe no se enoje conmigo”, bromea.
El montaje propone una experiencia en la que la oscuridad no funciona sólo como recurso escénico, sino que transforma la relación de la obra con el público. Al prescindir éste de la vista, elementos como la voz, el sonido, las texturas y la imaginación adquieren un papel fundamental en la historia. Tal característica, agrega la creadora escénica, permite también que personas con discapacidad visual puedan disfrutar de la puesta sin que la ausencia de la visión represente una barrera para seguir el hilo narrativo.
Luz Carrasco (Ciudad de México, 1983) tiene baja visión profunda y es actriz de la compañía Teatro Ciego Mx. Para este proyecto incorporó herramientas aprendidas en un taller radiofónico, además de sus experiencias en las puestas en escenas sensoriales.
“El espectador hace prácticamente todo el trabajo. Nosotros damos estímulos que le permiten generar imágenes visuales, auditivas y sensoriales, y eso genera un universo tridimensional que se vuelve envolvente”, apunta.
Señala que si bien el montaje carece de escenografía y vestuario, requiere de una precisión extrema en el trazo escénico, pues los 10 actores están en penumbras y el público con los ojos vendados entre los 50 y 55 minutos que dura la función. “Es un trabajo de filigrana”, asevera.
En su opinión, la importancia de proyectos escénicos como éste es que “uno nunca sale ileso” tras la función. Destaca que, por lo general, se crean propuestas especiales para las personas con discapacidad, pero en este caso también se trata de acercar al público vidente a una experiencia que permita hacerlo más empático con aquéllos que carecen del sentido de la vista.
“Queremos que la oscuridad, tanto la (del relato) de Allan Poe como la de la experiencia con los ojos tapados, le revele al público aquello que no puede apreciar con los ojos, además de permitirle valorar el sentido de la vista”.
Las funciones están limitadas a 54 espectadores y tienen lugar hasta el 26 de noviembre, los jueves a las 20, sábados a las 19 y domingos a las 18 horas. El costo es de 400 pesos y se recomienda llegar 15 minutos antes.







