Jim Cason y David Brooks, corresponsales

Washington y Nueva York. El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro es solo un primer paso de una campaña para someter a Venezuela, Cuba, México, Colombia y Groenlandia a la voluntad del gobierno de Donald Trump, coinciden expertos aquí -y esta lista seguro se ampliará.

Durante más de un siglo Estados Unidos ha llevado a cabo golpes de estado, intervenciones e invasiones para derrocar a gobiernos desobedientes. Pero Trump criticó a sus antecesores por el manejo de ese tipo de acciones en donde se empantanaron en Irak y Afganistán, y durante su campaña se comprometió contra toda ocupación de otros países.

Pero la cúpula estadunidense, aun con Trump ahora a cargo, no ha cambiado su objetivo de mantener el dominio estadunidense. El esfuerzo para mantener ese dominio podría ya no ser a través de golpes u ocupaciones militares, sino de secuestros, el empleo de ataque quirúrgicos con drones, el uso de alta tecnología para fines bélicos, la coacción política y la guerra sicológica. Y amenazas de uso de fuerza militar, tal como demuestra el despliegue militar-naval en el Caribe hoy día.

Aun antes del secuestro de Maduro, aparecieron notas en los medios estadunidenses de que la CIA estaba trabajando con “elementos” dentro del gobierno venezolano y ahora, pos invasión, el Pentágono ha filtrado informes de que algunos altos funcionarios u oficiales militares venezolanos compartieron inteligencia con Estados Unidos. El Financial Times y el Wall Street Journal, entre otros, también publicaron notas insinuando que la ahora presidenta Delcy Rodríguez y su hermano participaron en “pláticas secretas” el año pasado con el gobierno estadunidense sobre una transición política en su país.

Estas versiones sobre negociaciones secretas con integrantes del gobierno venezolano fueron nutridas en Washington con todo tipo de especulaciones. Sin embargo, Trump dijo que “no hubo comunicación” entre su gobierno y Rodriguez y sus aliados antes de la intervención militar, y fuentes aquí con conocimiento de eso confirmaron a La Jornada que eso es probablemente cierto. Pero desde la intervención, Trump y su secretario de Estado Marco Rubio han alternado entre elogiar y amenazar a Rodriguez.

Fulton Armstrong, profesor en la American University y ex Oficial Nacional de Inteligencia para América Latina entre otros puestos oficiales, comentó a La Jornada que es posible que Rubio y el enviado especial Richard Grenell pensaban que podrían manipular a Rodriguez después del secuestro de Maduro, algo que cree es poco probable. Pero la especulación sobre Rodríguez aquí nutre la confusión en momentos en que el gobierno venezolano está buscando reconstituirse después del secuestro de su mandatario. Se supone que todo esto es parte de las operaciones sicológicas de Estados Unidos para sembrar sospecha tanto en Caracas como también en manipular la narrativa en Washington.

El gobierno de Trump inmediatamente después de su asalto militar en Venezuela expresó que su estrategia no para con ese país. “El presidente Trump y el secretario de Estado Marco Rubio han dejado claro que el colapso del gobierno comunista de Cuba no solo es un beneficio secundario de la expulsión de Maduro, sino una meta”, reporta el Washington Post este martes. “Cuba parece que está por caer”, comentó Trump el domingo, mientras que los medios aquí especulan sobre el impacto que tendrá la suspensión de la entrega de petróleo venezolano a la isla.

Trump también se dedicó a escalar su retórica de presión sobre Colombia y México, y ha rehusado excluir explícitamente la posibilidad de ataques militares contra los cárteles en ambos países. El sábado pasado, inmediatamente después de la invasión de Venezuela, Trump comentó a Fox News que “los cárteles están dirigiendo México” y que su gobierno podría tener que actuar, algo que ha repetido. Este martes, Poltiico publicó una nota citando a ejecutivos mexicanos expresando preocupación por una posible acción militar estadunidense en México. “Literalmente sacaron al presidente [venezolano] de su cama y ahora está en Nueva York. Dios mío, eso podría ser nosotros”, comentó uno de ellos de manera anónima.

Después de que la presidenta Claudia Sheinbaum condenó el secuestro de Maduro y la intervención militar estadunidense, el conservador Wall Street Journal publicó un artículo de y titulado “México se está comportando como un adversario a Estados Unidos” escrito por Josh Treviño, director sobre América Latina para el America First Institute. El artículo reitera las críticas de conservadores contra la posición de México defendiendo el principio de la no intervención. Pero más alarmante para algunos es que el America First Institute es el tanque pensante fundado por el asesor de la Casa Blanca Stephen Miller, arquitecto no sólo de la estrategia antiinmigrante de este gobierno, también un cada vez más vociferante promotor del dominio absoluto de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental.

En una entrevista con CNN el lunes, Miller reiteró que Estados Unidos no está enfocado sólo en América Latina, “Groenlandia debe ser parte de Estados Unidos. ¿Por cuál derecho tiene Dinamarca aseverar su control sobre Groenlandia?”, afirmó. “Nadie se enfrentará con los militares estadunidenses sobre el futuro de Groenlandia”.

Cuando fue preguntado en esa entrevista por cómo Estados Unidos controlará a Venezuela y estos otros países, Miller respondió: “pueden hablar todo lo que quieran sobre las sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real que es gobernado por la fuerza, que es gobernado por poder. Estas son las leyes de hierro del mundo”.

Pero tal vez Groenlandia y sus aliados pueden respirar con alivio, ya que hoy Rubio aclaró que Trump desea “comprar” Groenlandia, no invadirla.

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