La Redacción
Ciudad de México. El campo mexicano cuenta con suficientes flores ornamentales para atender la demanda del Día del Amor y la Amistad, afirmó la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader). Señaló que el cultivo de este producto arroja una siembra preliminar de 15 millones 611 mil gruesas de rosa, gerbera y gladiola al cierre del 2025.
En un comunicado, indicó que la rosa se mantiene como la flor más popular y vendida durante esta celebración, de ahí que los floricultores cultivaron nueve millones 500 mil gruesas —unidad de medida equivalente a 12 docenas— en una superficie de mil 714 hectáreas sembradas. Del total de esta producción, el estado de México aportó 78.7 por ciento, es decir, siete millones 484 mil gruesas.
Le siguieron Puebla, con 673 mil 408; Morelos, con 616 mil 140; Querétaro, con 572 mil 305, y Jalisco, con 123 mil 844. El resto de entidades que también son productoras son Ciudad de México, Guerrero, Hidalgo y Oaxaca.
De la gladiola se reportó una producción de cuatro millones 758 mil gruesas sembradas en cuatro mil 321 hectáreas, de las cuales Puebla sumó dos millones 250 mil —equivalentes a 47.2 por ciento a nivel nacional—.
Los estados de México, con un millón 301 mil 291 gruesas; Morelos, con 495 mil 142 gruesas; Michoacán, con 434 mil 531 gruesas, y Guerrero, con 226 mil 057 gruesas, también se colocaron como los principales productores de esa flor.
En cuanto a la gerbera, el estado de México se colocó como único productor con un millón 353 mil gruesas provenientes de 111 hectáreas.
De acuerdo con la Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), la producción de ornamentales se encuentra estable y permitirá una derrama económica importante para los productores este 14 de febrero.
La Sader destacó el trabajo del Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS), que juega un papel primordial en la producción y certificación de las variedades de semillas de estas flores.
“Ello asegura que los cultivos sean de la más alta calidad genética, lo que se traduce en flores más resistentes a las condiciones locales del clima y suelo, con una variedad de colores, olores y tamaños que elevan la productividad y la competitividad en los mercados nacionales e internacionales, además de mantener la agrobiodiversidad y valor cultural de las comunidades y pueblos indígenas y afromexicanos”, indicó en un comunicado.





