Son días violentos. En SLP lo que va del mes de marzo la sociedad potosina ha sido testigo de indignantes actos de inadmisible violencia en diferentes matices. Estos actos suceden dentro de nuestra misma sociedad, y han afectado de manera principal a jóvenes y en específico a mujeres y estudiantes.
También se han cometido indignantes actos abusivos de autoridad contra trabajadores ambulantes en el centro histórico de nuestra ciudad y contra jóvenes en colonias populares. Y un asalto bancario frustrado que tuvo como lamentable suceso central a policías dejando morir desangrado a un asaltante abatido a balazos en la Av. Himno Nacional, se publicó un video donde interrogaban al bandido de una forma soez, en vez de llevarlo bajo custodia de urgencia a un hospital –como ocurriría en otro país con un cuerpo policiaco profesional real– para después interrogarlo con debido proceso.
En la clase política algunos diputados confrontan como porros a otros ansiando llegar a las manos para hacerse respetar. Por si fuese poco y cual “cereza en el pastel”, el Estado también se ve retado por el crimen, en relación con los atentados de bombas molotov contra juzgados en Ciudad Valles a escasos días de escribir aquí estas líneas.
Lo anterior es un reflejo preocupante de que de forma definitiva algo anda muy mal en nuestra sociedad y nuestras instituciones. Muestra un grado alarmante de irresponsabilidad por parte de las autoridades locales al descuidar su función pública de proveernos a todos de seguridad. Y por otra parte muestra también un grado de irresponsabilidad de muchas y muchos ciudadanos potosinos al no respetar los derechos elementales de otros ciudadanos.
Esa irresponsabilidad de los ciudadanos y de la autoridad parece que es una formula atroz que hace que cada fin de semana empecemos a hablar de jóvenes asesinados en accidentes de tráfico que involucran a otros jóvenes incautos e inconscientes al volante. La escala violenta va subiendo y hay evidencia de ello. Pues en esos rojos fines de semana y rojos días semanales, también hubo el feminicidio de la joven Jocelyn quien era estudiante de medicina, acto terrible que sucedió de forma deleznable entre la misma comunidad estudiantil, y que luego las torpes declaraciones de los funcionarios de justicia exhiben su incompetencia para esclarecer los hechos y reflejan asi sin más una cruda impunidad.
También vemos con horror como desde el lado de la acción pública, prevalece la irracionalidad como política pública antes que el sentido común y el dialogo político para resolver tensiones sociales. Y en consecuencia de ello vemos en las noticias videos de policías repartiendo macanazos a trabajadores de la calle. Se suben los humos a la cabeza y lo que se debiera resolver con dialogo y negociaciones se resuelve a punta de garrotazos como en los viejos y autoritarios tiempos, que por lo visto no se ven tan lejanos, más bien parece se restaura día a día tal lógica autoritaria de hacer clientela política o sufrir cárcel, golpes y abusos como consecuencia de no alinearse al corporativismo de gobierno.
En la clase política vemos actos lamentables de diputados infringiendo la ley y negándose a trasparentar sus cuentas facturando gastos fuera de lugar y a la señora oficial mayor evadiendo su responsabilidad de exigir cuentas claras a tales políticos que regula. Por si fuese poco, otros diputados se enfrentan en rencillas absurdas cual porros a punta de groserías.
Además vemos como el crimen organizado sigue desafiando al Estado y marcando las pautas a las autoridades para que se sienten a negociar a cambio de “paz”. Asi estos grupos realizan atentados contra juzgados y comercios particulares en la huasteca de nuestro Estado. Y en respuesta vemos gobernantes asustados, tomados por sorpresa, que solo evaden lo que es su responsabilidad: restaurar la paz pública y garantizar que se disuadan con éxito este tipo de actos criminales, que pueden costar muchas vidas inocentes.
Con todo lo anterior descrito, es evidente que la violencia que vivimos en estos días en SLP, es un tema de ineludible trato en la agenda pública. Pues el “dejar hacer” y el “no decidir” de los gobernantes locales está costando vidas jóvenes y exhibiendo la impunidad y corrupción de nuestras instituciones. Además esa generalizada irresponsabilidad de muchos ciudadanos también forma parte de esa cruenta cadena de violencia que experimentamos.
Podemos explicarlo y generar una hipótesis al respecto. Pues parte de este problema puede deberse a que no hay educación cívica. Y no solo la que se refiere a votar y tener plena consciencia sobre los derechos ciudadanos y políticos elementales. Sino aquel aspecto de la educación cívica que enseña que el lugar de otra persona en la sociedad es importante y debe respetarse para convivir en paz.
Parece que no hay conciencia del egoísmo y peligro que implica el que muchos y muchas manejen un carro en estado de ebriedad o de manera peligrosa. Y en los hombres de que no se puede tratar a las mujeres como objetos y por tanto respetar el que digan: “no es no”. O de que drogarse implica un potencial riesgo para las personas que no lo hacen, pues las sustancias psicotrópicas pueden generar en algunas personas efectos de paranoia y arranques violentos de ira, que en una “fiesta” pueden terminar en un lamentable acto de violencia.
Esos síntomas de nuestro deteriorado entramado social, exponen que hay malos comportamientos con consecuencias violentas en muchas y muchos ciudadanos. Que en los hogares no se toma el papel familiar serio de educar a los hijos sobre el respeto a otras personas. Y que por parte del gobierno y la clase política, no hay el mínimo interés para generar políticas que regulen esta inaceptable y creciente violencia.
Por último esto también demuestra que somos una sociedad muy desigual y en consecuencia existen conductas violentas. Pues hay impunidad y si se tiene dinero se resuelve la justicia a favor de quien infringió la ley. A su vez, muchos jóvenes potosinos que no encuentran vías productivas de tener mejoras en su calidad de vida u oportunidades de estudio, son calificados como “ninis” O “viles pandilleros” ya que no hay garantía de que tengan futuros con trabajos dignos y buenos salarios. Así, optan por las conductas antisociales que solo garantizan una cosa: que la sangre va a correr a cambio de algunos pesos.
Para cambiar las cosas hay que hacerlas notar en primer lugar. Hablar de que esta violencia en nuestra sociedad es alarmante y no es normal, es el primer paso. El ciudadano consciente del respeto que merece el otro es muy importante, dar el ejemplo entre los ciudadanos importa en estos tiempos violentos. Exigir a la autoridad que no evada su responsabilidad también lo es. Y poner el ejemplo de no tolerar la impunidad desde la autoridad es aun más importante, pues es la integridad del Estado lo que está en juego y con él muchas vidas inocentes y futuros prometedores de mujeres y hombres jóvenes que pueden verse fulminados en un instante.




