Luis Ricardo Guerrero Romero
Pagué el boleto como cualquier futuro espectador que anhela no ser defraudado por la presentación artística que se ejecutaría, sobre todo que, el evento se había anunciado bastante innovador, pues la danza contemporánea era impensable aquí en el Gran Teatre del Liceu. Barcelona tiene de hecho su propia carrera de contemporáneo en la UAB, y ni estos artistas habían pisado el Liceu, así que, era la curiosidad malsana lo que a muchos nos tenía aquí, pues el evento se había anunciado: “¡genuina combinación de dieta y pasión se presentará en Gran Teatre del Liceu, de México para el mundo!”. Lo que hacía pensar que este grupo de bailarines había recorrido un significante porcentaje del mundo mostrando su “dieta y pasión”, aunque ello no estaba tan claro. 18:00 horas, comenzó el movimiento, de un lado a otro, desplazamientos nada nuevos, la música alternaba entre ritmos y saltos que expresaban emociones, algo sobre la técnica Duncan, un poco de contracciones y relajaciones de Graham, y el tiempo se disolvía tradicionalmente con mi pago por la entrada. Hubo interesantes movimientos basados en la técnica Hawkins, pero nada que me sorprendiera, era ya la mitad de las ejecuciones y no sentía pasión, y aun no entendía por qué la dieta tendría algo que ver con el show. Faltando 30 min para la conclusión del espectáculo, mi bostezo se mudó de la sala, mis piernas enjambres voluptuosos, suspiros mentales y una caricia inventada se trasladaban hasta escena cuando la vi salir, era la artífice de mi pasión, la mujer que erizaba mi piel y erguía la virilidad, era ella y no podía creerlo, una mexicana la chica que en mi mente siempre había idealizado, quedé impactado por sus movimientos desde el sutil y potente flying low, que me sugería convertirme en el suelo o estar sobre ella compactado mi sexo al suyo. Ya no me importó saber por qué habían elegido el nombre de: “dieta y pasión”, lo que sentía era mayor que todo método y toda efusión, esa mujer llevó a otros límites la técnica Limón, y me reinventó la libido.
Al finalizar la presentación corrí a descubrir su nombre, saber a dónde iba, presentarme como su admirador y por qué no, intentar ser parte de su historia. Finalmente, pude hacerlo: Alexdra Betancourt se denominaba, no sé si en realdad me dio su nombre artístico o fue sincera conmigo, pero aquella sonrisa aún la llevo penetrada en mí, como ella lleva penetrado el recuerdo de aquella noche que entre sábanas todo un baile contemporáneo nos unió, como se unen la dieta y la pasión.
Cotidianamente mucho se habla de pasión, y también sobre las dietas, pero recordando el relato anterior en donde la joven Betancourt era la estrella en el Teatro Liceo en Barcelona, y un amante del pasado, su admirador del futuro en una presentación de baile titulada: “dieta y pasión”; nos surge la pregunta del espectador: ¿por qué dieta en una presentación de baile? En realidad, no se sabrá el porqué de ese nombre, pero sí el para qué de la dieta. Una dieta más que estar canalizada directamente con la nutrición, es en sí misma un método, un modo de vivir, dieta es cuidar la salud y así, conservar la vida, ser árbitro de sí mismo, y ello lo sabemos no por los nutriólogos o los estudiosos de la alimentación, sino por la herencia de la lengua helénica, quienes con la voz: διαιταω (diaitao> dietao> dieta), hacían referencia a todo lo ya enlistado que en resumen se entiende como un método para conservar la salud. La dieta es un régimen de vida, y no estrictamente alimenticio, también es un pago, costumbre, o institución. Hacer una dieta pasional es recrear un método para tal finalidad. Dejar de hacer algo no es dieta, restructurarlo para conservar un bien mayor es dietético.





