Óscar G. Chávez
Luego de la solicitud de licencia presentada ante la legislatura local por tres de sus integrantes involucrados en la denominada ecuación corrupta, existía una posibilidad muy marcada de que Manuel Barrera Guillén, el cuarto implicado, siguiera el camino de sus colegas y también solicitara licencia. Corrían rumores que, aunque a las carreras, ya había logrado leales arreglos.
No fue así, sino que hizo público su rechazo a presentarla y abrazó las palmas de los mártires, denominándose perseguido por uno de los clanes más poderosos de San Luis, aunque nunca estableció quiénes lo integran; luego responsabilizó al Frente Ciudadano Anticorrupción de los atentados a la seguridad de él y su familia. ¿Por qué involucra a la familia, también a ella la hizo partícipe?
Sin razón y sin pruebas, dijo ser perseguido el verde diputado; cierto es que el escandaloso video filtrado a los medios de comunicación por una –ya también vilipendiada– legisladora panista no es prueba sino confesión de cómo funcionan las cosas en el Congreso. No obstante basta auditar los ingresos de tan loable personaje para darnos cuenta que las cosas van por allí: 40 años de edad, 15 de trabajo, y más de 22 millones de pesos en propiedades; nadie habla desde luego lo que ha gastado en comprar ropa de paca, comer frijoles sin manteca, y viajar en camión urbano; de los hijos no hablemos porque se educan en escuela pública. Gratuita de acuerdo al tercero.
Habrá quien, de manera indulgente –porque no todos los potosinos somos perversos– dirá que es patrimonio mancomunado, y obtenido de manera conjunta –desde que él era cajero en finanzas– con su, no menos, trabajadora consorte (http://www.sinembargo.mx/01-07-2017/3252597). ¿Cuántos hay que con más del doble de tiempo laborando, no han logrado adquirir más que una modesta casa, dar educación a sus hijos, y acumular –quizá– unos dos millones de pesos? Cuestión de ahorro y esfuerzo, que les diga.
La vanidad tiene un costo, y pareciera que este personaje, aunque sabe de medio ambiente, grandes aguas y escurrimientos, no se ha percatado de que así como las lluvias nos evidencian a los potosinos como una sociedad sucia y poco afecta a la precaución, las planeaciones y los ordenamientos, la ciénega en que se encuentra inmerso también tiene mucho de agua, y ésta acabará sacando a flote sus ahogadas inmundicias. No pareciera darse cuenta que si en efecto, el poderoso clan lo persigue, éste conoce ya sus actos pasados, los logros presentes, y quizá sabe hasta dónde llegará con los futuros.
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En vías de restablecerse las relaciones diplomáticas con Inglaterra –suspensas luego de la expropiación petrolera–, Ezequiel Padilla Peñalosa, ministro de Relaciones Exteriores, invitó a Gonzalo Santos a asumir la titularidad de la embajada mexicana en aquel país. Te quiero advertir, para que lo sepas, que en el puesto de embajador de México en Inglaterra hay mucho dinero; tú y yo siempre nos hemos entendido, si tú aceptas la embajada aunque sea por un año, entre los dos arreglamos lo del petróleo que está pendiente entre México y la Gran Bretaña y no volveremos a tener ninguna preocupación económica en la vida. Santos esquiva el ofrecimiento: …me conoces y no debe extrañarte lo que te voy a decir: a mí me gusta el chocolate, pero no en bacinica, lo he tomado muy sabroso en las comisiones jugosas de las Cámaras, también lo he tomado con agrado en los cartuchos vacíos de mis cananas de revolucionario armado; lo bebí y me supo exquisito en tazas de finísima porcelana cuando era dueño de la mejor agencia aduanal del entonces muy rico puerto de Tampico y batido con el molinete del contrabando.
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La pasividad del ejecutivo y del mismo legislativo ante la multicitada tetra corruptora sólo ha contribuido a incrementar el enardecimiento popular; no fue suficiente la solicitud de licencia de los tres diputados y la purga al interior de la Auditoría. El jueves el salón de sesiones del Congreso se vio sitiado e invadido por grupos de indignados ciudadanos que clamaban el desafuero de los corruptos curuleros y amenazaban con tomar la tribuna.
Para fortuna de los pálidos legisladores algo salvaguardó su integridad, y no lo fueron el tramposo relleno que hicieron en las butacas de empleados del Congreso, ni la precautoria valla de provocadores policías que resguardaba la rotonda legislativa, sino la ausencia de un líder que unificara reclamos y dirigiera acciones concretas. De haber existido éste, que al mismo tiempo evitaría los enfrentamientos entre diversos grupos de manifestantes, éstos sin ningún problema hubieran traspasado la zoológica barrera.
En intento heroico quedó el de Óscar David Reyes Medrano por llegar a la tribuna, fue desalojado con rapidez por la seguridad efectiva; la insistencia persistente del historiador Juan Carlos Ruiz Guadalajara, activista consciente y constante, tampoco se concretó. Vimos sin embargo a un protagónico e iracundo Rodríguez Chessani enfrentarse con aquellos que lo desplazaban en las atenciones de las cámaras fotográficas y de video.
El fin de la sesión devolvió el alma al cuerpo a los angustiados y enjitomatados legisladores. La turba propuso que como moneda de cambio que permitiera su salida del recinto, en medio de una galería de la ignominia, firmaran un pliego petitorio entregado por los manifestantes.
Flaco honor tuvo el diputado Óscar Vera, al no ceder a las presiones ni rubricar lo demandado; olvidaron al parecer que el bajo perfil demostrado por el ex procurador, en esta legislatura, sólo es comparable a su sagacidad y perversidad política. Así como nadie le enseñará a oficiar misa al señor obispo, cuando algunos van a ordeñar la vaca, Vera viene ya con las acciones de Carranco y Coronado.
Debe de considerar el diputado, de cualquier forma, que a su edad ya no está para andar emulando al sargento Pedraza, le puede llegar una huelga –no de taxis– sino cardiaca, y deja en el desamparo a su limitadito crío inconsciente y alérgico a lo populoso.
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A propósito de limítrofes y limitantes; sería conveniente que alguien explicara al procurador –si es que no lo han hecho ya– la conveniencia de dar fin al farsesco juego del doble fuero, que según muchos alcanza a licenciosos y licenciados. De continuar así en poco tiempo asegurarán versados y profanos que hasta el secretario general de gobierno lo tiene y, de ser así, a la larga la protección alcanzará a los suplentes de ex alcaldes que lleguen a senadores. La bilis pone amarillo.
Todos los anteriores son dichos escuchados en corrillos, mesas cafeteras o barras mezcaleras, y aunque pudieran parecer chismes es más que cierto que la incapacidad de los legisladores sigue. Ya fue perceptible que Jorge Miranda Torres, suplente de Enrique Flores, rebuzna no de milagro, sino por naturaleza. Esperemos que Manuel Barrera Guillén renuncie, ya no por dignidad sino por precautoria previsión, y aproveche su licencia para que alguien le enseñe las normas indispensables de buenas costumbres y urbanidad política, luego pensará la alta sociedad que no conoce la porcelana y se quedó acostumbrado a beber en bacinica. Horror. ¿Qué dirían los Meade y el padre Peñalosa?





