Luis Ricardo Guerrero Romero

Lo bueno de todo ese asunto en el que mis tías las curanderas se han metido fue la pócima que me recetaron. Yo no sé qué hubiera hecho sin ese brebaje. Antes de beberlo me era casi ajena toda experiencia de apetito, todo tipo de antojo se había separado, huido, alejado de mis sentidos, el paladar era la antesala mortuoria. Eso fue porque comprendí que los sujetos  omnívoros no sólo comemos carne y pastura, sino cadáver. El hecho de pensarlo, de imaginar que unos restos de lo que fue un ser vivo entran para alimentarme, me daba estupor nutricional. Pero lo bueno que mis tías las chamanas de la colonia pudieron hacer algo al respecto. De tal suerte, que unos tragos por la mañana, otras copas por la tarde y uno más por la noche me despiertan las ganas de tragar.

Mis tías no lo hacen por lucro, han ayudado a mucha gente que confía en ellas, en su humildad les hacen envíos a los paisanos los cuales de modo cariñoso le envían cientos de divisas a la una tanto como a la otra. No les ponen precio a sus pociones espirituosas, sino valor. Únicamente divisan al cliente como una persona necesitada de sus conocimientos ancestrales que pagan con las divisas de un capitalismo que se pudre cual cadáver sufrido por el omnívoro y enriquecido sistema.

Antes de divagar sobre el origen de la palabra que nos tiene aquí, anticipo disculpas a todo aquel contador, economista, perito o administrador que leyere. Pues el concepto de la divisa es mucho más complejo que un intercambio de moneda; y el concepto de divisar es mucho más que un regionalismo sinónimo de mirar.

La divisa existe porque el ejercicio del dividendo es operable, ya sea de modo efectivo o bien, en acciones. De modo coloquial al pago por algo le podemos llamar divisas, mientras éstas no sean las monedas nacionales, por su familiarización con el usufructo, la riqueza. Sin embargo, todo este asunto nos llega desde el origen de la palabra, pues ya en la lengua latina encontramos el sustantivo: dives -itis: rico, lo opulento, lo fecundo, lo fértil, la abundancia. Tal palabra generó la divisa, pues esa fecundidad y es la divisa. No se confunda el origen de divisa riqueza, con el tema de divino poder. Pues, aunque “poderoso caballero es don dinero”, no refleja el poder la distinción siempre. Ya lo dijo Groucho Marx: “disculpen que les llame caballeros, pero aún no los conozco bien”. ¿Quién ha sido capaz de conocer el poder del dinero sin perder el garbo?, ¿quién teniendo la elegancia y humanidad de persona, no se ha perdido entre el aroma a dinero? Por eso, hoy imploro: ¡divisen la divisa, arribistas!

l.ricardogromero@gmail.com

Reloj Actual - Hora Centro de México