Cannes. Russell Crowe y Ryan Gosling tienen química en pantalla, pero sobre todo pueden ser dos grandes cómicos, tal como demostraron hoy en The nice guys, un thriller en tono de comedia que ha conseguido atrapar a buena parte de la crítica en el Festival de Cannes.
Crowe es un tipo duro al que pagan para dar palizas, mientras que Gosling es un investigador privado poco eficiente cuya vida está gobernada por su hija preadolescente (la australiana Angourie Rice).
La desaparición de una muchacha en Los Angeles hará que acaben investigando el mismo caso y trabajando para una malvada mujer (Kim Basinger).
Shane Black, el guionista de Arma letal, dirige a estos dos tipos duros en una cinta ambientada a fines de los años 70. En su opinión, ha sido una inmensa fortuna poder unir a estos dos actores “porque lo hacen mejor que nadie en el mundo”.
Especializado en películas de acción, Black ha querido retrotraerse a la época en que Earth Wind & Fire llenaba pistas de baile con “September”, un tiempo en que Los Angeles era “el destino de los soñadores en Estados Unidos”, a pesar de que la ciudad era un nido de corrupción y afrontaba una época muy dura.
Black, que consagró a Mel Gibson y Danny Glover como pareja de hecho en el mundo de acción, consigue un nuevo nuevo dúo con potencial de convertirse en saga.
Consultado al respecto en el encuentro con la prensa, Gosling preguntó de inmediato por el salario, mientras que Crowe se mostró más reacio y dijo que no tenía tiempo.
Crowe, que pone los puños, y Gosling, un limitado intelecto, muestran esa versión de antihéroes. Acostumbrado a verlo en papeles dramáticos, sorprende la faceta cómica de Crowe. “Russell es un gran actor y puede hacer cualquier cosa”, aseguró Gosling.
The nice guys es un thriller sin mayor aspiración que hacer pasar un buen rato al público. Y lo consigue.
Menos entusiasmo suscitaron los trabajos de Andrea Arnold (Reino Unido) y Nicole García (Francia), que presentaron sendas películas a competición (American honey y Mal de pierres, respectivamente), centradas en mujeres decididas a tomar las riendas de su destino.
Arnold tuvo que escuchar los primeros abucheos de esta 69 edición del certamen francés. Tampoco entusiasmó el amorfou (loco) que siente Marion Cotillard en Mal de pierres, aunque sí fue aplaudida.
Nicole García se inspira en la novela de la italiana Milena Agus Mal di Pietre para llevar a la gran pantalla el deseo que siente una mujer.
La película transcurre en los años 50 del siglo pasado y la cinta relata la historia de una mujer (Marion Cotillard) de un pueblo del sur de Francia atrapada en un matrimonio con un hombre (el español Alex Brendemühl), al que no ama.
Durante una cura conoce a un veterano de la guerra de Indochina (Louis Garrel), del que se enamora apasionadamente. “Cuando leí la novela me encantó el personaje. Ella es compleja, contradictoria, un poco salvaje”, dijo la autora de Selon Charlie o L’Adversaire, que también compitieron en Cannes.
La actriz señaló que le atraen “cosas que todavía no ha explorado” y le conmovió un personaje con tanta pasión, “la historia de esa chica que está en una suerte de prisión”. Cotillard aspira al galardón de mejor actriz por partida doble en Cannes, donde también coprotagoniza Juste la fin du monde, del canadiense Xavier Dolan.
Por su parte, Andrea Arnold había tenido hasta ahora un paso exitoso por el Festival de Cannes.
Rodada en Estados Unidos, American honey es una road movie con mucha música. La cámara sigue por las carreteras de Estados Unidos a una joven (la debutante Sasha Lane) de una familia disfuncional en Texas, que se une a un grupo de jóvenes desarraigados (entre ellos Shia LaBeouf) que se buscan la vida vendiendo suscripciones a revistas casa por casa, en barrios acomodados de grandes ciudades del sur del país.
La directora, que se ha distinguido por el carácter social de sus trabajos, casi todos muy apegados a la realidad, ofrece un retrato demoledor de una generación sin perspectivas.
LaBeouf, el único actor profesional del reparto, comentó que Arnold es una de las mejores directoras del mundo por su sensibilidad y su peculiar estilo de trabajo.





