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East Rutherford. “¡Sí se puede, sí se puede!”, gritaron miles de ecuatorianos este jueves mientras su equipo se jugaba la vida con Alemania. Y sí se pudo: la Tricolor venció 2-1 a los tetracampeones y clasificó a dieciseisavos de final de la Copa del Mundo.
El famoso cántico, marca registrada de Ecuador, acompañó al equipo de Sebastián Beccacece a lo largo de la soleada tarde en el MetLife Stadium de East Rutherford, a las afueras de Nueva York, donde la FIFA confirmó haber quebrado el récord de mayor asistencia total en las sedes de la cita mundialista con 3 millones 605 mil 357 aficionados.
Más de 50 mil hinchas tricolor dieron fuerza desde la tribuna a su país en la última bala que disparaban en la Copa, la de tener que ganar a una Mannschaft ya clasificada a dieciseisavos de final como líder del Grupo E.
La Tricolor necesitaba quebrar dos quinielas para avanzar de ronda directamente tras estrellarse contra el clasificado Costa de Marfil (1-0) y el eliminado Curazao (0-0): vencer a los alemanes y que los caribeños derrotaran a los africanos en un partido disputado en simultáneo en Filadelfia.
Sucedió lo primero, aunque no lo segundo (triunfo marfileño 2-0). Pero al combinado que llegó a Norteamérica con el potencial de ser la selección revelación le bastará con avanzar como uno de los ocho mejores terceros, con cuatro puntos.
En el minuto 2, Aleksandar Pavlović golpeó con sus botines en la cara a Pedro Vite, pero la jueza estadounidense Tori Penso dejó jugar. Entonces Florian Wirtz asistió dentro del área a Leroy Sané, quien remató de zurda al rincón derecho de Hernán Galíndez.
El cántico de resistencia fue y volvió en un partido en el que la afición mostró su descontento con Beccacece, abucheándolo cuando su imagen fue presentada en la pantalla gigante antes del pitazo inicial.
El entrenador argentino, en el cargo desde agosto de 2024, dio a entender la víspera que dejaría el cargo si el equipo era eliminado. Pero advirtió que, de morir, moriría de pie “y nunca arrodillado”.
No murió, y tampoco estuvo de rodillas. Encontró rápido un tanque de oxígeno en los pies de una de las novedades en su 11 titular, Nilson Angulo.
El movedizo extremo empató siete minutos después con un derechazo desde la media luna que se coló en la esquina inferior izquierda del arco de Manuel Neuer. Y entonces volvió el “¡Sí se puede!”.
Luego, Gonzalo Plata lo mantuvo erguido al anticiparse a una interceptación de Neuer tras un tiro de esquina peinado por el revulsivo Kevin Rodríguez a falta de 13 minutos para el final.
Plata galopó veloz hacia una esquina del MetLife Stadium donde el resto de sus compañeros lo abrazaron eufóricos. ¿Beccacece? Corrió a la tribuna a besar a su esposa. Un beso que vale la clasificación, pero también una nueva vida.







