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Fue “un viaje humillante”, declaró Rotana Al Riqib. Una decena de palestinos, abrazan, llorando, a familiares, a su regreso a una Gaza en ruinas, tras la reapertura muy limitada del paso fronterizo de Rafah con Egipto.

El lunes al anochecer, la alegría se entremezcló con la emoción cuando bajaron del autobús que los llevó al hospital Naser de Jan Yunés, en el sur de la Franja de Gaza. Estaban rodeados por una pequeña multitud que intentaba captar el momento con sus teléfonos móviles.

El ansiado reencuentro tuvo un gusto amargo. “Ha sido muy difícil, había controles por todas partes. Registraban todas nuestras pertenencias, sobre todo en el puesto de control del ejército” israelí, cuenta a AFP una mujer, Samira Said. Rotana Al Riqib dijo estar agotada por “un viaje humillante” y registros “minuciosos”.

“Los israelíes nos interrogaron y nos confiscaron todo. Solo nos dejaron la ropa”, confiesa. “Todo está prohibido, la comida, el agua, los perfumes. No hemos podido traer ni un regalo a nuestros hijos”.

“No quieren que mucha gente vuelva a Gaza. Más bien querrían que mucha gente se marchara”, añade esta treintañera sobre los controles draconianos de las autoridades israelíes a la entrada en el territorio.

En total, unas veinte personas, de las aproximadamente 200 esperadas, cruzaron este lunes la frontera en ambos sentidos. Es el único punto de entrada y salida de Gaza que no pasa por Israel, el cual permanece prácticamente cerrado desde que el ejército israelí tomó el control del lado palestino en mayo de 2024.

Entre ellas volvieron nueve mujeres y tres niños que salieron de Gaza para recibir tratamiento médico en Egipto antes del cierre de la frontera, informó este martes un responsable palestino.

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