Ricardo Bravo

Nací en la Ciudad de México. La familia de mi madre es de ahí. Bueno, terminó ahí. Estamos acostumbrados a viajar a la capital al menos una vez al año. Estos viajes se hacían pocas veces en coche y la mayoría en autobús. En general, no tengo malos recuerdos de esos viajes comunales. Los autobuses en México, conscientes de la escasez de alternativas de transporte, ofrecen una gama de opciones para presupuestos diversos. Nunca fuimos una familia con mucho dinero, pero siempre pudimos darnos el lujo de pagar por las opciones de la cima del espectro. Lujo, es la mejor manera de ponerlo, en especial en los últimos tiempos. No es cualquier cosa para una familia pagar varios pasajes ida/vuelta de San Luis Potosí/México.

El 16 de este mes tuve la oportunidad de viajar por primera vez a la Ciudad de México en avión. Esta opción no es nueva. Desde que tengo memoria, hay algunas aerolíneas que operan la ruta SLP-AICM. El problema era que las opciones tenían precios prohibitivos. “No, no me conviene. Mejor pasar más horas en el tráfico, a expensas de cualquier incidente en la carretera que extienda el trayecto, que acabarme todo el presupuesto del viaje”. Este año, se introdujeron nuevas rutas para San Luis. Entre ellas, la SLP-AIFA. La opción es más accesible, pero bueno, estaba el tema de que la llegada era al “hermanito feo” de los aeropuertos de la capital. Ese calificativo se le adjudica por estar lejos, por tener poco tráfico y por tener una conectividad pobre con otras redes de transporte. Para mí, la verdaderamente relevante era la última: que no hubiera transporte del aeropuerto a la ciudad lo hacía tedioso y le agregaba un costo adicional difícil de predecir.

Mentiría si dijera que no me entusiasmó la noticia de que estaba listo el tramo final del tren suburbano que conecta el AIFA con Buenavista. El entusiasmo y razones familiares me empujaron a la aventura. Aterricé en el AIFA a las 16:30. Tenía algo de prisa, así que no me di el tiempo para recorrerlo y poder emitir un juicio más informado. ¡Se escuchan tantas cosas en nuestra política polarizante! Algunos dicen que es la obra siniestra de los militares, que es una pérdida de dinero, que nada más se le dio una chaineada a un aeropuerto viejo. Del otro lado, que está entre los mejores aeropuertos del mundo y que ya debería de estar recibiendo más premios internacionales. ¿Lo que vi? Vi un aeropuerto nuevo y moderno. Sin exagerar. Se movió todo con eficiencia. Al llegar, nos bajaron por la pista e ingresamos a una sala seguida de un largo pasillo. Se camina, es extenso. Estéticamente, tiene atención al detalle. Pero eso, no sé qué más pueda ni deba decirse de un aeropuerto. Funciona y se ve lindo, aunque sin jactarse de ello.

Pregunté en un punto de información cómo llegar al tren suburbano. Ya alguien me había comentado que en estas obras que administra la Secretaría de Defensa hay gente trabajando que resulta extrañamente amable. Esa sensación me dio también. El tren queda a unos pasos, 50 metros quizás, de la salida del aeropuerto. Una larga fila se formaba para acceder a la única taquilla en funcionamiento para la venta de boletos. Las otras dos disponibles pero cerradas, brillaban por su ausencia. Me sentí en el Oxxo. Había también cuatro o cinco máquinas para comprar boletos, pero ninguna funcionaba. Me formé a las 16:41 y estuve listo para el tren de las 17 horas, con boleto en mano y 45 pesos menos en la bolsa.

El tren es completamente nuevo. Arriba te sientes como en alguno de los buenos trenes en Europa (los hay también viejos y feos). Se nota que el gobierno pone atención a la pulcritud del tren (y me pregunto si durará después del Mundial…): cuando había salido la gente que viajaba en sentido contrario al mío, un equipo de varios trabajadores entró para recoger basura, trapear y rociar aromatizante que no se disipó hasta minutos después del arranque de nuestro trayecto. Varios policías patrullaban los vagones y uno de ellos, con voz cortante, pidió a una persona de mi vagón que se sentara propiamente y que bajara el pie del asiento frente a él. Mi trayecto duró cerca de 50 minutos hasta Buenavista. Metro, metrobús, y taxi, son las opciones desde esta parte de la ciudad para continuar tu viaje.

Tres cosas llamaron mi atención en el tren. Primero, el entusiasmo de los usuarios. Sí, la gente utiliza esta obra porque es útil, porque crear estas conexiones es necesario. Es una deuda del Estado con la población. Pero también hay gente emocionada con algo nuevo, que parecía extinto. Pocos, los vieron fuera del país y no se imaginaron que llegaría el día de verlos ahora en nuestro territorio; los que más, nunca se subieron a un tren. Y pues sí, ¡wow! Foto y video. Selfie. Yo sonrío. Segundo, llamaron mi atención unos grandes sellos en columnas de construcción de un puente cercano al aeropuerto. “Secretaría de Defensa”. Curioso, pensé. Para no olvidar que los militares no están en los cuarteles. Para retener que hay promesas incumplidas y que no se ve voluntad política para enderezar el rumbo. Finalmente, me pareció llamativo el contraste. El tren pasa por zonas de las afueras de la metrópoli con grandes carencias. Ver esas colonias a través de los vidrios gruesos del tecnológico tren, es contrastante. La idea es que todos se suban al tren. Sí, en sentido metafórico también. Eso espero.

Todos los trenesMX se descarrilan. Me cruzo con varias personas que parecen hacer un pacto de sangre para no subirse a los trenes que han construido este y el gobierno pasado. El pacto pareciera no circunscribirse únicamente a la no utilización, sino también a desearles mal a esos proyectos, como extensión del rechazo a la 4T. Y es cierto, ha habido algunos descarrilamientos en estos proyectos, uno el más importante, otros menores. No hay que minimizarlo, porque hay que dar importancia a las víctimas y deben adjudicarse responsabilidades. Eso no está en duda. Pero también es cierto que se maximiza un evento y se pone en duda la totalidad del proyecto ferroviario en el país. Y buscas descarrilamientos en Google y resulta que los hay anualmente en todo el mundo entre 5 y 7, entre 10 y 15, en Francia, en España, en Alemania… Y pues, mejor para mí, porque así quepo con más equipaje en el tren.

Para mí, el proyecto ferroviario es quizás el más ambicioso de este gobierno. Yo lo apoyaré desde mi trinchera como pueda. Por ejemplo, destacando que el gobierno no puede echar la culpa únicamente al chofer del tren cuando ocurre un siniestro. O también poniendo en duda el proyecto cuando se oculta el impacto ambiental y se antepone la premura a la seguridad de los usuarios. Hay una línea de aprendizaje, habrá errores (un día antes de mi visita, el tren se paró por varias horas y los usuarios desesperados rompieron un vidrio por la falta de aire). Todo eso es normal. Pero una cosa son los errores que seguro se cometerán y otra, la negligencia y la falta de transparencia. Es importante que las cosas se hagan bien considerando el tamaño del proyecto. Mientras tanto, yo seré de los que van en el tren. Tranquilos, no hay necesidad de agradecerme por despejar un poco la carretera.

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