Ana Mónica Rodríguez

Luego de que salió del país en el siglo XIX, el Códice Azcatitlan, regresa “por primera vez al país” para la exposición que será inaugurada el próximo jueves en el Museo Nacional de Antropología (MNA), donde se podrá apreciar ese documento que narra la salida del pueblo mexica hacia Aztlán, su peregrinaje hasta la fundación de México-Tenochtitlan, así como la dinastía de sus gobernantes, la llegada de los españoles a la capital tenochca y el inicio de la Nueva España.

La muestra El Códice Azcatitlan: México-Francia, 200 años de amistad se presenta en el contexto del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.

El historiador Jorge Cañizares-Esguerra, catedrático de la Universidad de Texas, en Austin, dijo en entrevista con La Jornada que el documento que se exhibirá “fue parte de la colección de Lorenzo Boturini y tiene ciertas peculiaridades que fueron muy valiosas en la historia, pues muestra el origen de los aztecas, quienes vienen del Norte, pero con una visión más detallada que otros documentos; además, es una perspectiva de Tlatelolco no de Tenochtitlan, y describe no sólo la historia de la migración, sino de la Conquista, y narra unos años después de la llegada de los españoles”.

Entonces, agregó el académico, “cumple con todas las condiciones de un códice de origen y de reivindicación patriótica, porque documenta la destrucción de la civilización y la malicia española, desde la perspectiva tlatelolca, con una historia de mil años o más. Es un documento ideal para crear una nación, y la mexicana se caracteriza por esta reivindicación del pasado grandioso de la cultura azteca como su origen”.

Cañizares-Esguerra subrayó: “esta historia de pasión, destrucción y resurrección está en el Códice Azcatitlan, pero éste no es creado en el siglo XVI, es un códice falso, hecho a finales del XVII por un arriero otomí, quien manipulaba mucha información; vendía mercancías y documentos, coleccionaba archivos del centro México”.

Este personaje, de nombre Diego García, detalló, “también compra códices de familias nobles mexicas, nahuas, coloniales y genera un taller de documentos de ese tipo. El Azcatitlan no es el único que creó usando material original, pero con mucha astucia y habilidad. Ha tomado muchísimo trabajo que se reconozca el origen espurio de muchos de estos códices”.

La gran estudiosa del tema del arriero otomí y su taller, destacó el investigador, es la antropóloga y etnohistoriadora María Castañeda de la Paz, quien escribió el libro Verdades y mentiras en torno a don Diego de Mendoza Austria Moctezuma, donde habla de varios códices falsos producidos en el taller de don Diego García, supuestamente prehispánicos, como el Códice Cozcatzin que, sugiere la misma autora, tiene semejanzas con el Azcatitlan”.

Desde su perspectiva, el también escritor considera que “el valor de este documento es que sale del taller de un hombre otomí, pobre y arriero, quien se dedica a hacer códices falsos y lo hace muy bien, por razones políticas de sus comunidades, que están interesadas en crear nuevas historias de origen, donde se conectan con Diego Austria Mendoza Moctezuma y lo usan como parte de su linaje”.

El sitio web de la Academia Mexicana de Ciencias destaca que el Códice Azcatitlan “es un libro de historia” que se elaboró en el Valle de México hacia la última parte del siglo XVI, “con objeto de reseñar la historia de los grupos mexicas desde la salida de su lugar de origen hasta los primeros años posteriores a la Conquista española”.

Como ha sucedido con muchos documentos pictográficos mexicanos a través del tiempo, señala la publicación, “el Azcatitlan ha sido propiedad de diferentes personas e instituciones a lo largo de sus más de cuatro siglos de vida; es posible que primero haya pertenecido a don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, uno de los miembros más distinguidos de la alta nobleza indígena colonial, bisnieto de Nezahualpiltzintli de Texcoco y de Ixtlilxóchitl, figura clave en la Conquista de México”.

Al morir, “los documentos de Alva Ixtlilxóchitl pasarían a manos de don Carlos de Sigüenza y Góngora, quien a su vez heredaría su biblioteca a los jesuitas mexicanos”.

Se reseña: “De alguna manera una importante parte de los fondos jesuíticos sería adquirida posteriormente por don Lorenzo Boturini Benaduci, caballero italiano quien viajó a la Nueva España en 1736 para atender ciertos negocios de la condesa de Moctezuma. Una vez allí, impresionado por la riqueza de las culturas autóctonas, decide escribir una historia de los pueblos anteriores a la Conquista, para lo cual empieza por buscar toda la documentación posible concerniente a los antiguos mexicanos. En dicho proceso, Boturini logra formar una de las más importantes compilaciones de documentos etnohistóricos de México de la que tenemos noticia”.

A raíz de un malentendido “surgido con las autoridades novohispanas por la intención de Boturini de promover la coronación a la Virgen de Guadalupe, el virrey don Pedro Cebrián y Agustín, conde de Fuenclara, ordena su deportación y la confiscación de su colección de documentos; así, a partir de 1743, dicha colección, formada de su propio peculio y a través de siete años de esfuerzos ininterrumpidos, queda resguardada en la Secretaría de Cámara del virreinato”.

De vuelta en Europa y con la intención de rescatar sus valiosos documentos, Boturini hace un minucioso recuento de la colección, a la que llamaría “Catálogo del museo histórico indiano”, que incluye en su obra Idea de una nueva historia general de la América septentrional. En dicho catálogo menciona al Códice Azcatitlan”.

Más adelante, hacia la primera mitad del siglo XIX, este “códice quedaría en manos de Joseph Marius Alexis Aubin, director de la sección de ciencias de la Escuela Normal Superior de París, quien originalmente llega a México con propósitos de investigación en el campo de la física y la astronomía, pero que al ponerse en contacto con el tema del México antiguo cambia sus intereses, centrándose en la investigación histórica”.

En 1840, “desafortunadamente Aubin se lleva toda la colección a Francia, donde la vende a Eugène Goupil; para finales de siglo, la viuda de Goupil la dona a la Biblioteca Nacional de Francia, donde hasta la fecha se conserva en la sala de manuscritos orientales”.

En noviembre del año pasado este diario informó que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y su homólogo francés Emmanuel Macron acordaron intercambiar temporalmente códices prehispánicos, en el contexto de los preparativos del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambos países que se celebra este 2026.

Anunciaron que de manera temporal, el Códice Azcatitlan, resguardado en la Biblioteca Nacional de Francia (BNF), sería exhibido en México, mientras el Códice Boturini, perteneciente al acervo mexicano que se encuentra en la Bóveda de Códices de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, dentro del MNA, se presentará en Francia.

Reloj Actual - Hora Centro de México