Arturo Huerta González
Banxico redujo la tasa de interés el jueves 26 de marzo 2026 de 7 a 6.75% argumentando “los niveles observados del tipo de cambio, la debilidad que ha mostrado la actividad económica y el grado de restricción monetaria que se ha implementado”. Es una decisión correcta, pues el tipo de cambio se ha apreciado mucho (con el consecuente abaratamiento del dólar) que disminuye la competitividad de la producción nacional, incrementa importaciones, el déficit de comercio exterior, reduce el crecimiento de la producción y la generación de empleo formal. La alta tasa de interés reduce las decisiones de inversión, la demanda por crédito y la oferta de éste por parte de la banca y en consecuencia la liquidez de la economía, por lo que se frena la actividad económica. La reducción de la tasa de interés disminuirá la entrada de capitales financieros y aumentará la relación peso dólar para mejorar la competitividad de la producción nacional y frenar en alguna medida el crecimiento de importaciones que desplazan a la producción nacional. La decisión de bajar la tasa de interés debió haberse realizado desde hace tiempo y de hecho el recorte debe ser mucho mayor que el solo 0.25 puntos porcentuales decididos el 26 de marzo, debido a bajo crecimiento de la economía nacional de solo 0.8% que dificulta el pago de la deuda.
La banca comercial ha venido obteniendo altas ganancias por la alta tasa de interés que ha predominado y ha cuestionado la decisión de la Junta de Gobierno de Banxico de bajar la tasa de interés, y ha dicho que “fue un error y fuera de la realidad”, debido a que “la inflación presenta una trayectoria ascendente y que la economía se debilita y persisten riesgos geopolíticos”. Señala que “se elevó el pronóstico de inflación y el conflicto en Medio Oriente añade incertidumbre”.
No se debe mantener la alta tasa de interés, debido a que solo favorece las ganancias de la banca y no cumple el objetivo de bajar la inflación, ya que contrae la inversión, la producción, por lo que origina escasez de oferta y continúan las presiones sobre precios. Además, aumenta el costo del servicio de la deuda y reduce la capacidad de gasto e inversión de los deudores y en consecuencia la actividad económica. La alta tasa de interés no resuelve el alza de los precios de los energéticos y de fertilizantes derivados de la Guerra del Medio Oriente, sino al contrario, dicha política encarece el crédito, contrae la inversión y la capacidad de avanzar internamente en la sustitución de importaciones en gasolina, gas, fertilizantes y en la producción de granos básicos para protegernos de los shocks externos que se están presentando.
Al proseguir la alta tasa de interés y los recortes presupuestales de Hacienda, así como el dólar barato, se acentuarán los rezagos productivos nacionales y la economía continuará sujeta a las alzas de precios internacionales de la gasolina, del gas, de los fertilizantes y de los alimentos. México importa el 50% de las gasolinas que consumimos, el 70% del gas, el 56% de los granos básicos que consumimos, por lo que la inflación se disparará, así como la relación peso-dólar. Si Banxico reacciona aumentando la tasa de interés para evitar presiones sobre el tipo de cambio, menos viabilidad habrá de avanzar en la autosuficiencia de tales productos por lo que seremos sujetos a la inflación internacional y a incrementar las presiones sobre el sector externo. Ello contraerá más el consumo, la inversión, la actividad económica e incrementará los problemas de insolvencia que desestabilizará al sistema bancario.
Ante el escenario internacional que está aconteciendo, sumado a los problemas económicos internos, el gobierno debe de reaccionar ya, y no esperar a que los problemas económicos, políticos y sociales se acentúen. Debe dejar de responder a las calificadoras internacionales y al sector financiero, y debe instrumentar políticas económicas a favor del sector productivo, lo que requiere bajas tasas de interés, aumento del gasto público, tipo de cambio competitivo, regular el movimiento de mercancías y capitales para evitar prácticas especulativas y legislar para que el sector bancario sea funcional al sector industrial, agrícola y a la generación de empleo.
El gobierno debe gastar y no insistir en reducir el déficit fiscal y el monto de la deuda. El gobierno no tiene problemas de financiarse con su moneda, y el límite del gasto está dado por los recursos reales con que cuente la economía para no generar presiones inflacionarias, ni sobre la balanza de comercio exterior. De ahí la importancia de que el gasto se destine en impulsar la sustitución de importaciones, superar los rezagos productivos para evitar inflación e incremento de importaciones.
El secretario del Tesoro en EU ha presionado a la Reserva Federal para que tenga “una mente abierta” y baje la tasa de interés y responda a los requerimientos financieros del gobierno para encarar los riesgos de recesión, ante los acontecimientos derivados de la guerra del Medio Oriente. Igual planteamiento debe estar presente en México para que Banxico compre deuda a baja tasa de interés al gobierno para que éste gaste lo necesario para impulsar la producción interna de gasolina, de gas, de fertilizantes, de granos básicos para que el escenario internacional no afecte a la economía nacional.
ahuerta@unam.mx
Profesor del Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM desde 1975




