María del Pilar Torres Anguiano
“Lo que quiero saber es
cómo vamos a mantenernos vivos este invierno”
Dr. Zhivago
“Reflexionar serena, muy serenamente,
es mejor que tomar decisiones desesperadas”.
Kafka
“El fraude es clarísimo, en mi casilla electoral ganó de calle mi candidata. Toda la gente que conozco votó igual que yo ¿y ahora resulta que perdió de calle?” No, no es que la gente votó libremente por quien se le dio la gana, es que hubo fraude, o bien, votaron porque fueron engañados o son tontos, o vendieron su voto, o nomás les gusta estirar la mano.
Si estas frases resultan familiares, es porque somos humanos y también porque no hemos vivido debajo de una piedra, al menos en las últimas 24 horas. No importa si estas afirmaciones las pensamos, las emitimos o las escuchamos, es un patrón cognitivo en el que todos caemoa: no prestamos atención a las cosas que no nos gustan.
Dicen los que saben que se trata de un sesgo como mecanismo de defensa. Tendemos a escuchar a las personas que nos dicen cosas que nos gustaría creer y a ignorar a las que nos dicen cosas que preferiríamos que no fueran ciertas. Se llama sesgo de confirmación y consiste en la tendencia común a buscar o interpretar información que respalde nuestras creencias o expectativas.
Es omnipresente y es inevitable, sobre todo en tiempos electorales. Este sesgo cognitivo nos lleva a buscar, interpretar y recordar información que confirme nuestras creencias preexistentes, y puede crear una realidad distorsionada que se asemeja a las situaciones absurdas y opresivas descritas por Kafka, cuyo centenario luctuoso conmemoramos esta semana.
La verdad es la adecuación entre el entendimiento y la realidad, dice la filosofía clásica. Sin embargo, solemos entender esta proposición al revés: y queremos que sea la realidad la que se adecúe a nuestro entendimiento… y tal vez por eso, en el mejor de los casos decretamos, conjuramos, declaramos o “vibramos alto” para cambiarla; y en el peor de ellos, utilizamos nuestro poder, influencia o privilegio para imponerla.
Por otro lado, las personas tendemos a consumir medios de comunicación alineados con nuestras creencias, a seguir cuentas en redes sociales que nos son afines, tendemos también a interpretar las acciones y declaraciones de los políticos de manera que confirmen nuestros puntos de vista, y a recordar mejor la información que apoya nuestras creencias. Pero hay que decir que esta tendencia no solo refuerza nuestras ideas y experiencias preexistentes, sino que también limita nuestra capacidad para considerar objetivamente la información contraria. Dicho de otro modo, tal vez no soy yo, es el algoritmo de Google que empeora la situación; o como dicen que dijo Kant: “no vemos las cosas como son, las vemos como somos” (no lo dijo así, pero es la idea).
Repitieron una y otra vez que “si sale el 60% a votar, ganamos”. Pero nadie imaginaba que, para fines prácticos opositores, eso “saldría peor”, porque sí salió el 60%, pero a votar en contra de la alianza opositora. Las cifras oficiales señalan que 33,226,602 personas votaron por Claudia Sheinbaum, y 15,620,726 por Xóchitl Gálvez. Claudia alcanzó casi el 60%, y Xóchitl no llegó ni al 30%. Es un fracaso de la alianza, por donde se le vea. Los números hablan para quien quiera escucharlos[i].
Pensar en un fraude electoral cuando los resultados son adversos a nuestros deseos es una estrategia común que puede estar motivada, entre otras cosas, por un sesgo de confirmación, para proteger nuestro ego: yo no perdí, ellos hicieron trampa. Se suele destacar cualquier irregularidad (que desde luego debe señalarse y aclararse) como evidencia de un fraude generalizado e ignorar la evidencia más amplia que muestra la integridad del proceso electoral.
Ahora bien, Morena se llevó “carro completo”, como cuando éramos niños, lo cual irremediablemente recuerda la hegemonía del PRI de las décadas anteriores. Ojalá fuera solo un sesgo el recuerdo de los tiempos en los que Echeverría se aventaba frases como “ni me afecta ni me perjudica sino todo lo contrario” ante un congreso que solo le aplaudía. Más aún: ojalá “la Guerra Sucia”, el 68 y “la dictadura perfecta” de la que hablaba el Marqués de Vargas Llosa, lo fueran también.
Pero también es cierto que, durante este sexenio, la oposición no supo serlo; en parte, consecuencia de ello es una derrota más aplastante de lo que se creía y, por lo tanto, duele menos si se le ve como fraude electoral. Así, los sesgos cognitivos funcionan como mecanismos de defensa; pero, sin un ápice de autocrítica, no se llega a ningún lado.
El sesgo de confirmación y las alegaciones de fraude electoral pueden llevar a situaciones que son, en muchos aspectos, kafkianas. ¿Ahora culpan al INE que tanto defendimos hace apenas unos meses?
Creo que los partidos de oposición tienen que hacerse responsables de la parte que les corresponde en esta tremenda derrota. En cambio, nos han regalado una cascada de opiniones catastrofistas que automáticamente se han convertido en memes. El “fantasma del comunismo” recorre México sobre todo, si -tal vez- una de las principales referencias que se tiene de este es la película de Doctor Zhivago, al menos así lo demuestran los grupos de WhatsApp que afirman que nos quitarán nuestras pertenencias para repartirlas entre todos.
Más allá de la ironía, nadie en su sano juicio se atrevería a negar las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua; pero en México estamos muy lejos de eso, ¿verdad? (¿O será un sesgo decretador el que me está haciendo vibrar alto?).
X: @vasconceliana
[i] https://prep2024.ine.mx/publicacion/nacional/presidencia/nacional/candidatura




