Este sábado, luego del violento ataque militar perpetrado por Estados Unidos contra varias ciudades de Venezuela, que dejó un saldo aún incierto de heridos y muertos civiles y militares, las calles de Caracas lucían mayormente desoladas. En algunos lugares, se observaban filas en las afueras de tiendas de alimentos y farmacias, que abrieron parcialmente sus puertas para atender con cautela la demanda de enseres. Sin embargo, también se observaron movilizaciones de militantes del chavismo en algunos puntos clave de la ciudad, como la Plaza Bolívar y las afueras del Palacio de Miraflores.
Efectivos militares y policiales realizaron patrullajes bajo el mando del ministro de Relaciones Interiores, Diosdado Cabello, quien es, después de Maduro, el líder político de mayor relevancia de la Revolución Bolivariana. Las entradas y salidas de la capital están tomadas por el ejército y funcionarios militares examinan con detalle a quien manifieste querer cruzar los bloqueos.
Caminar en el centro de Caracas significa recorrer trechos de calles solitarias intercaladas con espacios donde aparecían grupos de personas, a veces cuatro cinco, otras veces más de una docena, caminando con dirección a la avenida Urdaneta, donde se ubica la sede presidencial.
Mientras en redes sociales se podían ver manifestaciones en el extranjero de venezolanos celebrando el ataque letal ejecutado contra su propio país, en la capital venezolana el cuadro es muy distinto: las únicas manifestaciones callejeras son las de quienes exigen el regreso de Maduro y denuncian la agresión imperialista.
Indignación vs circunspección
Antonio Guzmán, caraqueño de 56 años residente en el barrio de La Candelaria, a solo unas cuadras de la sede el gobierno, dijo a La Jornada que salió junto a algunos vecinos porque considera un deber rechazar la “agresión asesina” de Estados Unidos contra su país: “La patria es sagrada, se defiende hasta del imperio más poderoso”, expresó airado. Comentarios similares se escucharon entre quienes caminaban hacia el centro, muchos al grito “¡devuelvan a Maduro!”
Otra opinión, expresada por Johana Sánchez, joven de 29 años que caminaba junto a un grupo de unas ocho personas, más bien denotaba mucha afectación por la violencia de los ataques ocurridos. “Duele mucho lo que nos han hecho, porque murió gente, gente inocente fue herida; ¿es eso lo que quieren para mi país?”, alcanzó a decir al borde de las lágrimas
En otros sectores de la ciudad, como el municipio Chacho, al este, una zona tradicionalmente identificada con la oposición y donde el chavismo nunca ganó una elección, las personas prefirieron permanecer en sus casas y no expresar ninguna reacción, al menos pública, sobre lo ocurrido la madrugada de este 3 de enero. Las pocas personas que caminaban en las calles mantenían el ceño fruncido y evitaban cualquier contacto. El nerviosismo es patente, mientras todavía hay incertidumbre sobre lo que pueda pasar en las próximas horas.
El gobierno bolivariano mantiene el control del país. Los gobernadores se pronunciaron consecutivamente en las regiones, al frente de manifestaciones callejeras, expresando su respaldo al presidente Nicolás Maduro y denunciando la arremetida de Estados Unidos.
El ambiente que se respira es de mucha tensión y ansiedad. Nadie celebró el secuestro del presidente Maduro, más bien se siente preocupación y temor por un eventual segundo ataque, que posiblemente no pueda descartarse, toda vez que la extracción de Maduro, anunciada por Donald Trump, al menos el día del suceso, no logró sacar al chavismo del poder.





