Federico Anaya Gallardo

En El Universal del 26 de diciembre de 2022 se publicó la siguiente nota de Otilia Carvajal: “Partidos se quedan ilegalmente con datos de electores. Morena se queda con 54 mil cuadernos de Lista Nominal” (1ª plana & pág. A4). Se refiere a unos cuadernillos con la lista de electores en cada casilla en los que hay una reproducción de las credenciales para votar de todas nosotras. Hemos visto esos cuadernillos cuando vamos a votar. La lista de la casilla la tienen los funcionarios que van anotando quién ha votado. Pero las personas representantes de los partidos políticos también tienen la suya –y si son diligentes, también van anotando quién vota. Esto les permite vigilar que nadie vote dos veces. Yo siempre he votado en la misma casilla que mis padres –y en alguna ocasión algún representante de partido estaba muy preocupado porque –según él– yo ya había votado. En realidad, quien ya había votado era mi padre (Federico Javier Anaya García) pero el compañero por error tachó mi nombre en su cuadernillo. Por suerte, la mesa y otra representante de partido habían anotado correctamente quién había sufragado y me dejaron votar luego de cotejar las varias listas.

En otras palabras, es una buena idea que haya varios ejemplares de la lista de electores en cada casilla. Pero… esta buena idea tiene consecuencias no deseadas. Una evidente es que se ponen en circulación muchos ejemplares de esa lista y no todos los ejemplares se regresan al INE. La nota de Carvajal en El Universal hila a partir de lo declarado por el consejero ciudadano del INE José Roberto Ruiz Saldaña, quien explicó a la reportera que “este fenómeno fue detectado desde 2017, por lo que ya se han aplicado acuerdos y multas a partidos para inhibir la práctica, ya que es riesgoso que los cuadernillos con las listas nominales que contienen los datos personales «anden sin control»” (1a plana). El INE publicó 1’392,684 cuadernillos para la elección federal de 2021, de los cuales no se recuperaron 305,788 –el 21.9% del total. Todos los partidos incurren en esta “falta administrativa”. Para Ruiz Saldaña, se trata de un “problema estructural” que “no se [ha] atendido institucionalmente”. ¿Cuál es el problema? El consejero Ruiz Saldaña afirmó que la información contenida en los cuadernillos “no tendría que andar circulando en manos de privados”.

Déjame contarte, lectora, un viejo recuerdo relacionado a las recientes preocupaciones del consejero Ruiz Saldaña. Te pido me acompañes 29 años atrás al Estado Libre y Soberano de Chiapas. Recordarás que en Enero de 1994 hubo una rebelión allí y que el EZLN dominaba militarmente el oriente del Estado. Ese año hubo elecciones para gobernador. Los contendientes principales fueron Eduardo Robledo Rincón (PRI) y Amado Avendaño Figueroa (PRD). Durante el invierno ambos candidatos se proclamaron vencedores. Robledo tomó posesión en Tuxtla Gutiérrez –apoyado por una Legislatura priísta electa cuatro años antes… y el Ejército Mexicano. Avendaño tomó posesión en Las Casas –apoyado por la Asamblea Estatal del Pueblo Chiapaneco (AEDPCH)… y el EZLN. Este era el contexto de altísima polarización en el que las fuerzas armadas mexicanas implementaron su Plan de Campaña Chiapas 1994 de contrainsurgencia (Liga 1), pero también en el cual muchas comunidades indígenas empezaron a utilizar los procesos electorales para incidir en la formación de gobierno.

Durante todo 1994, en el territorio neozapatista (Las Cañadas y Los Altos) y en las regiones inmediatas al mismo, como la Región Chol y la franja fronteriza entre La Trinitaria y Chicomuselo, los neozapatistas, las organizaciones campesinas de izquierda y los pequeños movimientos populares en las zonas urbanas se movilizaron para recuperar tierras e instalar ayuntamientos populares. Estos movimientos insurreccionales siguieron hasta principios de 1995 –cuando el nuevo gobierno federal, presidido por Ernesto Zedillo, trató de capturar a la dirigencia del EZLN y falló. El impasse que siguió subrayó la importancia de los procesos electorales. Chiapas eligió Ayuntamientos y Legislatura en 1995.

Dos elecciones en dos años sucesivos permitieron medir las posibilidades del nuevo sistema de partidos. ¿A quiénes? A todos: a los partidos enfrentados, al EZLN y al Ejército Mexicano. Desaparecieron las “casillas zapato” que reflejaban o el voto corporativo controlado por caciques priístas ó la decisión colectiva de asambleas cara a cara. Los resultados de esas dos elecciones (1994 y 1995) en las 42 casillas del municipio central de la Región Chol (Tila) fueron como sigue:

TILA

PRI PRD PT PAN Otros Nulos Total
1994 6,069

(42.3%)

5,396

(37.7%)

488

(3.4%)

184

(1.3%)

1,105

(7.7%)

1,097

(7.6%)

14,339

(100%)

1995 4,609

(56.2%)

2,000

(24.4%)

206

(2.5%)

0

(0%)

411

(5%)

969

(11.8%)

8,195

(100%)

De acuerdo con estos resultados, las y los tilecos estaban divididos claramente en derechas (PRI, 42.3%) e izquierdas (PRD y PT, 41.1%) con apenas una ligera diferencia de 1.2% a favor de los priístas. De hecho, los votos por “otros” y los nulos esconden probablemente una ventaja de las izquierdas tilecas en esa época –pues en algunas casillas los perredistas votaron por otras opciones o anularon para no “incriminarse” ante los priístas. Digo, incriminarse porque una buena parte del voto perredista y petista era en realidad neozapatista.

Notarás, lectora que en 1995 hubo 6,144 votos menos que en 1994. ¡Una reducción de 44.84% en la participación! Sabemos por qué desaparecieron esos votos. La víspera de la jornada electoral, el EZLN ordenó a sus bases de apoyo abstenerse. Por eso el principal perjudicado fue el PRD (que perdió 3,396 sufragios, 63% de su voto previo) y el PT (que perdió 282 sufragios, 59% de su voto previo). Ciertamente, el PRI perdió también votos, pero en proporción mucho menor (1,460 sufragios, apenas 24% de su voto previo).

Visto este caso concreto del pasado, regresemos al problema que nos acaba de plantear el consejero Ruiz Saldaña del INE acerca de los cuadernillos no regresados. Estos ya existían en 1994-1995 y esto permitía a los partidos políticos involucrados medir con bastante precisión –municipio por municipio– quiénes habían votado por la izquierda en 1994 (apoyando a Amado Avendaño) y dejado de votar en 1995 (acatando la orden de abstenerse del EZLN).

Si recordamos, querida lectora, que las 42 casillas de Tila estaban ubicadas en comunidades en las que la gente se conoce cara a cara, podemos entender que con los resultados oficiales y los cuadernillos no sólo que podemos calcular el peso electoral del neozapatismo, sino saber quiénes son esos votantes –adónde viven, qué posesiones tienen, a qué se dedican, y un largo etcétera.

El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas informó de lo anterior al Consejero Presidente del IFE, José Woldemberg, enviándole nuestro informe Ni Paz Ni Justicia (1996) en el cual señalábamos: “Si las anteriores son las cifras oficiales, el lector entenderá por qué [el grupo paramilitar] Paz y Justicia ha preferido el camino del Terror. Las elecciones, aunque marcadas por la abstención, fueron observadas atentamente por todos los pobladores, especialmente por aquéllos que se abstuvieron. En números redondos, Paz y Justicia sólo puede acreditar la lealtad de 20% de los Ch’oles en la región. Su dirigencia sabe que sus opositores (PRD y bases zapatistas) podrían convocar, aparte del 15% que oficialmente les reconoció, otro 15% que es lo que oficialmente se reconoce como aumento abstención en la región. Y ello, asumiendo como real que la abstención de la región se encuentre alrededor del 50% del electorado (elección de 1994, cifras oficiales). Es obvio que la opción política del grupo priísta no puede ser electoral. Perderían las elecciones. Por ello optan por el camino fácil, fascista: eliminar al enemigo.”

Como los priístas paramilitares de Paz y Justicia estaban en posesión de las listas nominales… no tuvieron problema en expulsar de sus comunidades a todos sus opositores. La crisis de desplazados en aquellos municipios duró una década –y aún hoy siguen desaparecidas muchas personas y sin pagarse muchos millones de pesos en daños causados en propiedades y ganados de aquellos votantes de izquierdas que fueron atacados como parte del plan contrainsurgente.

¿Qué hizo Woldemberg? ¡Nada! De hecho, ni siquiera compartió nuestro informe con el resto de los consejeros del IFE. Seis meses más tarde, casi en la víspera de la jornada electoral de 1997, los consejeros Jaime Cárdenas y Emilio Zebadúa visitaron la Región Chol y corroboraron lo que habíamos reportado desde fines del año previo. El IFE y ahora el INE siempre ha tenido atribuciones para fomentar la cultura democrática y, por supuesto, que una fuerza política use la información que tiene sobre la ciudadanía para eliminar a sus enemigos es una conducta que el instituto debe prevenir, denunciar y sancionar.

¡Qué bueno que el INE se preocupe ahora porque los partidos no regresen los cuadernillos! Se han tardado algo en darse cuenta del problema… y aún no lo dimensionan. A Ruiz Saldaña le preocupa desde 2017 el “uso potencialmente indebido de datos personales” y otras exquisiteces (muy importantes, pero muy exquisiteces) de las modernas leyes de transparencia. Pero, cuando hace 29 años el FrayBa reportó al IFE lo que ocurría entre los Choles, la institución electoral no hizo nada.

agallardof@hotmail.com

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://frayba.org.mx/conoce-el-plan-de-campana-chiapas-94-0

Liga 2:
https://frayba.org.mx/sites/default/files/961012_ni_paz_ni_justicia_frayba.pdf

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