Carlos López Torres

Esos gobiernos que se dicen emanados de la Revolución Mexicana, más que asumirse como meros ratones misteriosos y… espantados ante la próxima asunción de Trump al gobierno imperial estadunidense, a estas alturas debieran estar buscando alternativas soberanas e independientes para el vulnerado país que construyeron, en lugar de andar ofreciendo componendas a un TLCAN que no cumplió y nos mantiene atados al capital trasnacional.

Los valores trastocados que distinguieron la gesta revolucionaria, una vez que lograron hacerse del gobierno los traficantes y usufructuarios del poder popular que hizo posible la primera revolución social de la historia contemporánea, han devenido en una terrible tragicomedia con instituciones descompuestas y políticos que han terminado en verdaderos delincuentes, cuya actuación se asemeja cada vez más a un remedo de gobernantes del cualquier república cuartomundista.

Nada más échele usted un vistazo a los sonados escándalos financieros protagonizados por priístas y panistas, ex gobernadores todos ellos, a quienes autoridades y partidos dejaron hacer de las suyas hasta que ya resultaron inocultables sus millonarios robos y saqueos del dinero del pueblo y su patrimonio.

Cómo estarán las cosas para que los mismos que aprobaron la reelección de diputados y presidentes municipales ahora pretendan imponer trabas o candados a la porfirista disposición, aunque sea sólo a los alcaldes que tengan que ver con malos manejos administrativo-financieros.

Y es que no sólo se trata de algunos ex presidentes municipales tricolores, especialmente los dos últimos que mal gobernaron la capital, cuyos procesos se mantienen pendientes en medio del sospechosismo y/o la proverbial hipocresía de la clase política potosina y los sectores tradicionalmente favorecidos por los gobernantes, acostumbrados a vender cara su simulación.

Como ha quedado ya demostrado por la tardía consulta a las etnias de la entidad, que a regañadientes lleva a cabo el gobierno estatal, dizque para enriquecer el Plan Estatal de Desarrollo. En efecto, no ha habido reunión de consulta donde los indígenas de los diferentes grupos étnicos dejen de hacer acres críticas a las autoridades más cercanas, llámense presidentes municipales, regidores o funcionarios de las diferentes áreas de los ayuntamientos. No han dejado títere con cabeza.

Bueno, ni el mismo director del Instituto para el Desarrollo Social de los Pueblos y Comunidades Indígenas (Indepi) se ha escapado de los reclamos de nuestros indígenas, quienes abiertamente acusan de corrupción a los funcionarios, de desvío de recursos que nunca llegan a las comunidades o, como en el caso del titular del Indepi, Raúl González Vega, a quien recién acusaron de servirse de las necesidades y esperanzas de los indígenas para lograr el puesto que ahora ostenta.

En fin, los robolucionarios, como el vulgo gusta llamar a los gobernantes manos largas, en lugar de seguir el ejemplo de los verdaderos héroes revolucionarios andan detrás de los  inversionistas extranjeros entregándoles lo que se dice todo.

Sería bueno, nos comenta un viejo campesino, que un día de estos saliéramos a la calle a gritarle al racista presidente electo allá en el gabacho: ¡Ese Trump, aquí está tu Pancho Villa!

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