Luis Ricardo Guerrero Romero
Ya te detuviste un poco, ves tu brazo izquierdo y luego, gracias a un tatuaje que llevas ya algo desgastado intuyes que tu nombre es Isaías o que quizás algún Isaías te conoce. Los estupefacientes no fueron tu hit, no obstante sabes algo de ellos, y aunque conoces un poquito más que el resto, prefieres la socorrida psicotropia de: “la pantionera kush”. La cannabis indica que por su historia no sabes bien si tu producto proviene de Hindú Kush aquella cadena montañosa de Asia central puesto que tus gustos poco refinados no reconocen paladear sabores entre Afganistán y el noroeste de Pakistán.
Meditas un poco más, y comienzas a ver seres alados con 6 extremidades emplumadas, con un par de ellas se cubren el rostro, y con dos se cubren los pies, mientras que sus alas sobrantes te extienden un toque más, una “bachicha” la cual es imprescindible para agradecer a todos los dioses por la naturaleza que alimenta tus pulmones, tus neuronas y tu paz.
La casa se llenó de humo, y a modo de los antiguos consumidores de “la pationera kush” escuchaste un trisagio que envolvía toda tu razón: Αγιος ο Θεος, Αγιος Ισχυρος, Αγιος Αθανατος, Ελεησον ημας [Agios o Theos, Agios Isquiros, Agios Athanatos, Eleison hemas] Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, Ten piedad de nosotros. ¡Ay de ti, perdido estás!
De modo súbito y por sabe cuáles razones, entiendes la lengua de uno de esos seres sacados de la más random y ridícula imaginación que se interroga a sí mismo en su ignorancia mortal: -¿Quién irá por otro porro? Pero pronto moviste tu esqueleto y dijiste:-Heme aquí, envíame-. Entonces, volviste a erguir tu corporalidad encima de tu esqueleto y andaste, valiente y con fe, por un poco más de “pastura” para seguir creyendo en algo superior a ti.
Estar de pie, erguirse, sostener nuestra toda masa, desde el inicio de nuestra vida humana, no siempre fue bípeda, lo sabemos, pero siempre fue sostenida por una firmeza, incluso cuadrúpeda, es decir que, el esqueleto desde sus anales ha sido en las extremidades inferiores. El tal Isaías del relato anterior también lo sabía, y por eso para obedecer el llamado de los seres terroríficos tuvo que ponerse de pie. Es decir, sobre su esqueleto.
Lo anterior se enfatiza a causa de que tal sustantivo que intitula este folio digital, es una herencia del griego antiguo: σκελος (pierna, pata, pie)˃ skelos˃ esquelos˃ esquele-to (el sufijo eto que significa formado de; como: cuarteto, folleto, libreto). Lo cual, no se refiere a que un vertebrado esté formado de pies, sino más bien, que lo que le da forma tal, es su ser bípedo. Al decir: bípedo, cuadrúpedo y octópodo, señalamos la manera en que estos pueden desplazarse. O sea, aparecer en escena.
No obstante, el sustantivo esqueleto, también forma parte de otras realidades, puesto que, aunque no sea vertebrado al ente al cual nos referiremos, tiene un esqueleto, pues algo consistente lo mantiene en pie; o bien en objetos inanimados reconocemos el esqueleto de tal o cual cosa. Incluso antes de hacer este cuerpo de texto, hubo una antesala textual, que por extensión le llamamos esqueleto.
A todo esto, agradecemos a Isaías, quien con su imaginación bíblica y desorbitada nos ha inspirado, fungiendo así su viaje en nuestro esqueleto.





