Luis Ricardo Guerrero Romero
Hay experiencias que nos han resultado excelentes, como para algunos fue el primer beso, para otros su primera mascota, y hay quienes su situación excelente radicó en quedar solos, como lo señaló el filósofo Schopenhauer: “La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes”.
A todos nos sucedió alguna vez en nuestra historia de vida calificar algo de excelente. De entre todas las cosas que nos pasan o de entre todos los objetos que poseemos hay algunas que podemos catalogar de: buenos, regulares, malos o pésimos, pero pocas veces hay realidades excelentes. Y valga esta taxonomía que nos tiene siempre en la mazmorra de la comparación. Mas, qué hombres llegaron a tener la excelencia: los chinos con la ciudad de Sain, Xi`an, la ciudad de la paz; los orígenes celtas y su cantar de los Nibelungos; los templos de nuestros ancestros prehispánicos y el colibrí que preñó a la mujer que nos trajo al dios Huitzilopochtli.
Pudiéramos abundar más en ejemplos, pero, lo cierto es que para ser excelentes se requiere de sobresalir y sobresalir, destacar más que otros para ser de lo mejor el mejor; o al menos eso nos indica la explicación de palabra misma, la cual nos llega del latín: ex-cellere, [excelere], en donde el prefijo ex, señala el origen o el punto de partida, fuera de, salir. Nos resta saber cuál es el punto de partida de la palabra: cellere, que no se encuentra así someramente, sin embargo podemos exponer que ya en el latín ubicamos el sustantivo cella: lugar para guardar lo valioso como alimento cosechado; y la palabra ceelo, mantener en secreto, velar. –Que no debe confundirse con el griego
ζειν (cein) hervir, los famosos celos “afectivos”.
Lo que perseguimos con el punto de partida u origen de la palabra excelente, que como se asentó renglones antes, ex quiere decir sacar, ir fuera; y celar, según algunos diccionarios, quiere decir: pulirse en el cumplimiento de las leyes, suerte de la vida morigerada, pero también es ocultar, suponemos algo valioso como sucedió con ceelo. Lo excelente podrá agrupar estos dos asuntos, o sea, sacar lo valioso a la luz. De tal modo que, quien se comporta con miramientos es excelente. Demostrar lo valioso que se lleva de sí. Revelar al mundo ese arcano sentimiento, esa pulcrísima actitud y labor, nos hará excelentes.
Aunque por otro sentido ya no gramatical ni lingüístico, sino histórico y económico, según la tradición de la numismática y el historiador Eduardo Dargent, los únicos que tuvieron literalmente la excelencia fueron los reyes católicos en Sevilla durante el año de 1475, pues éste era el nombre de la moneda acuñada para entonces, también reconocida como doble ducado o doble excelente, allá por los años de 1497. Pero con el nombre de “excelente de la granada”, con un peso de 3.5 gramos de oro, que equivalió según Dargent al ducado castellano de los reyes católicos.
Lo importante de esta divagación en torno a lo excelente es que no está fuera de nuestro alcance la pretensión de ser excelente, sino dentro de nuestra trascendencia, retirados de los vicios e imperfecciones, mediante el ejercicio de la salud, la fuerza y la unión. Ya lo dijo León Tolstói en aquel relato de: El zar y la camisa, donde el hombre feliz era el excelente para curar al zar, pero lamentablemente el zar tenía un impedimento sustancial y como era de suponerse… no contaré el final.
Busquemos la excelencia en nuestras manos, más allá de la quirología está la filantropía.





