Luis Ricardo Guerrero Romero

El día pasado antes de que fuera la próxima semana, a Madison (hermosa protagonista y cineasta) se le ocurrió ir de visita a Portugal. Bajando del trasporte colectivo, observó a lo lejos lo que parecía ser el hombre de su vida, 1.90 metros de altura, ojos y barba color del café, paso firme y por juzgar de su atuendo un importante empresario. Madison comenzó a seguirlo hasta verlo entrar por una puerta ancha y anquilosada de lo que parecía ser un edificio antiguo. Dejó pasar unos minutos y entró al mismo sitio en donde el hombre de un metro y noventa centímetros parecía tan pequeño ante el contexto que la mirada de Madison aprehendía. Ya habían pasado dos días después de la próxima semana y la mente de Madison se encontraba en Oporto, pues el huso horario es el mejor vehículo para viajar en el tiempo. Ella a sus 35 años y la soledad que factura la soltería buscarían un varón insigne estas vacaciones y hubo de hallarlo en Da livraria Lello (La librería Lello). Aunque ella no sabía exactamente dónde estaba ni qué sentir ante tanto gozo, el apuesto señor le anunció la bienvenida entregándole un libro pequeño y valioso en sus manos, diciendo: –Decus in labore, y él se alejó ascendiendo por las escaleras. Todo parecía poder y magia en las manos de Madison mientras deambulaba por toda la librería. No obstante, cansada de buscar a aquel hombre, se recostó, abrió su pequeño libro y un éxtasis obsceno y concupiscible se apropió de ella mientras leía cada página, cada vuelta de hoja era una penetrante sensación de placer y cansancio, Madison no podía parar de leer, pues a esa edad sentir convulsiones voluptuosas es más que una exploración. Agotada de leer con pasión la vida de tantos personajes, cerró su pequeño libro, arrobada e impoluta. Al regresar a su país natal, vio que su pequeño libro se había desgastado en el trayecto, por haberlo prestado a más sujetos que la procuraban en el viaje. Ya habían pasado tres semanas próximas y Madison no comprendía cómo fue embarazada sin conocer varón.

El embarazo, ¿periodo, síntoma, padecimiento, etapa, nidación o proceso de fecundización? Hay tanto que hablar sobre esta palabra, pero hay más que sentir sobre ella. A veces las palabras sienten, y en otros casos los sentimientos sacan palabras nuevas, o raras, como lo es embarazo. Pues en sentido estricto o purista de la lengua, el transitivo embarazar o el adjetivo embarazada, tiene un significado de estorbo, impedimento u obstáculo, es decir que, quien está embarazada tiene un estorbo o está obstaculizada, de hecho, este adjetivo debería de emplearse para momentos incómodos o sucesos que imposibilitan algo, y no para el estado o periodo en que una mujer (o cualquier mamífero femenino) espera el momento del parto. Esta palabra procede del árabe baraza (sobresalir, abultar), aunque hay quienes también distinguen que su origen es del italiano antiguo imbarrare> imbarazzare, (estorbar). No obstante, sea Juana o Chana, ambos lexemas se conformaron por base prefijal em, el cual funciona para formar verbos a partir de sustantivos. En el género humano, sólo las mujeres se embarazan, incurren en un error las parejas que asumen estar embarazadas, pues para embarazarse hubo una penetración y depósito de espermas, así que, los varones que asumen estar embarazados, quizá y sólo quizá son superiores al resto de los hombres en la tierra.

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