Ignacio Betancourt

La fábula, según la Real Academia Española, es una “composición literaria, generalmente en verso, en que por medio de una ficción alegórica y de la representación de personas humanas o de personificación de seres irracionales, inanimados o abstractos, se da una enseñanza.” Por otro lado habría también que señalar el tono impositivo de la fábula cuando plantea valores particulares haciéndolos pasar por valores universales, lo cual suele volver impositivas y autoritarias las “enseñanzas” que siendo intereses explícitos del poder literario o político se intentan hacer pasar como de interés general. Pensemos en la fábula titulada La cigarra y la hormiga, en la cual se postula la práctica del canto como algo nefasto frente al trabajo acumulador y mezquino de la hormiga enajenada.

En cuanto a la fábula en Hispanoamérica, la corona española (es decir los conquistadores) en Real Cédula del 4 de abril de 1531 prohibía el envío a Indias (así llamaban a las tierras conquistadas) de “libros de romance, de historias vanas y profanas”. No deja de ser de especial importancia la facilidad con la que decidían sus majestades lo que era recomendable o no para sus vasallos (los libros de romance eran las historias ficticias escritas en prosa). Sin embargo, el poder peninsular no objetaba otras formas literarias que suponía aptas para el mantenimiento de sus intereses, entre ellas las fábulas. A pesar de todo, algunas fábulas aún lograron incluir puntos de vista críticos.

Del poeta peruano José María Sánchez Barra (1839-1923), a propósito de las cercanas elecciones en algunos estados del país va su fábula titulada El presidente pollino: Tiene también, como lo saben todos,/ el pueblo de los brutos sus periodos/ señalados al mando,/ los cuales terminando,/ el personal se muda de gobierno/ que no sufren los brutos sea eterno.// Habiendo pues cesado/ de mandar la tortuga o el venado,/ se procedió al momento/ a darle sucesor, y de entre muchos/ candidatos imberbes, o inexpertos/ recayó la elección sobre un jumento.// Aposentado en la silla/ de terciopelo recamado en oro,/ bajo un dosel que en precio es un tesoro/ y en arte la novena maravilla,/ empezó por hacer de los empleos,/ distribución igual a sus deseos.// Declarando que todos los destinos/ serán desempeñados por pollinos./ Y luego a estos señores encomienda / ejército, marina, prefecturas,/ gobernaciones y magistraturas,/ embajadas y hacienda.// Y de empleados de esta raza inmunda/ entera la república se inunda.// Siempre harán los gobernantes/ sus favoritos de sus semejantes.

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