Federico Anaya Gallardo

En este inicio del mes de junio de 2021 quisiera recordar una frase del presidente estadunidense que mejor trató de entender a nuestro país, Franklin Delano Roosevelt: The only thing we have to fear is fear itself. Lo único que debemos de temer es al temor mismo. El temor nos paraliza, seca nuestra imaginación, agota nuestra fuerza antes de que enfrentemos los problemas. FDR llamaba a ser fearless (sin-temor). En 1929 el mundo occidental había entrado en una espiral de autodestrucción tremenda. El paraíso capitalista había demostrado ser falso. Si la caída del mercado de valores en Nueva York fue terrible, la sequía y las polvaredas que convirtieron el Medio Oeste en el Dust Bowl (Tazón de Polvo) fueron vividas como anuncio del apocalipsis. (Por eso es que HBO ubicó su pesadillesca Carnivàle en el Oklahoma de los 1930.)

En ese tiempo de desesperación no sólo FDR llamaba a vencer el temor. Woody Guthrie, el gran santón del folk recopiló las tonadas y canciones de los “okies”, los refugiados oklahomenses que huían al Oeste o al Este para escapar del Tazón de Polvo en que la sobre-explotación agroindustrial había convertido sus praderas. En 1940 Guthrie grabó, entre otras, “Dust Bowl Refugee” en la que esos pobres entre pobres reafirmaban su identidad y “I Ain’t Got No Home” en la que el cantante dice que ya no hay lugar en el mundo que pueda llamar hogar… porque el rico se quedó con mi casa y yo me quedé sin nada; porque el banco se cobró la hipoteca y mi mujer murió en el piso de mi cabaña. Lo más extraño es que esos compas que habían perdido todo seguían tocando sus sonecitos en un estilo que invitaba a bailar. A no temer.

Mientras Guthrie recopilaba las canciones de los granjeros convertidos en proletarios, un hijo de dos maestros universitarios de música, Pete Seeger, estudiaba en Harvard y durante los veranos viajaba con una compañía de marionetas por la zona rural de Nueva York –junto con sus camaradas de la juventud comunista de los EUA. A este Seeger debemos canciones como “Turn, turn, turn” que nos recuerda que hay un tiempo para cada cosa, para resistir y para avanzar (para hacer la guerra y para construir la paz). Junto con los Almanacs, Seeger se opuso a la política guerrerista de FDR. En “La Balada del 16 de Octubre” denunciaron la traición de Roosevelt y los demócratas cuando aprobaron la Ley de Conscripción de 1940.

Eso sí, cuando la invasión nazi a la URSS hizo la guerra efectivamente mundial, Seeger y los Almanacs eliminaron la balada anti-guerra de su repertorio. Había que vencer al fascismo. Como bien decían los versos de la baladita, Franklin y Eleonor tenían razón: odiamos la guerra, pero no estaremos seguros hasta que el enemigo de la humanidad haya muerto.

¿Por qué rememoro lo anterior? Porque los primos estadunidenses algo saben de contradicción social, injusticia, luchas populares y democracia. Porque en los peores momentos nuestras repúblicas han compartido bando y bandera. A Lincoln le despreciaban por ser un palurdo venido de la frontera del “salvaje” Illinois y a Juárez por ser indio. A Roosevelt le acusaron de socialista y corruptor, igual que a Cárdenas. En aquellas dos crisis –la de los 1860 y la de los 1930– los liderazgos de nuestras dos naciones coincidieron. Mientras Abe llamaba a defender el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; Benito defendía la república y señalaba como su fin la democracia futura.

Ante la libertad, los conservadores de EUA y México siempre han puesto reparos. Allá se imaginan “hordas” de negros y latinos que destruirán el país. Acá tienen pesadillas con la “guerra de castas”. Esos reparos se resumen siempre en miedos. Miedos irracionales, miedos atávicos. Pero ese miedo sólo nos vencerá si nos dejamos dominar por él, si caemos en el juego de suma cero que los conservadores nos plantean. Durante el difícil periodo en que Roosevelt gobernó su república, se le acusó de buscar el poder absoluto, de querer domesticar a la Suprema Corte, de pretender perpetuarse en el poder… de ser un tirano. Miedos infundados. Miedos que debemos rechazar. Hoy le aplauden como salvador de la democracia y el capitalismo. Y de haber dado esperanza a sus pueblos.

Eso sí, luego de las Victorias en Europa y el Pacífico, los Almanacs volvieron a cantar “La Balada del 16 de Octubre” y más tarde, Seeger escribiría “¿Adónde se han ido las flores?, una canción pacifista inspirada en un cuento ruso. El recuerdo de Guthrie inspiró a Bob Dylan y la música folk acompañó la siguiente oleada de movilización popular estadunidense: la lucha por los derechos civiles –esa que aún no acaba. Porque las buenas luchas nunca acaban y nos importan a toda la Humanidad.

agallardof@hotmail.com

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