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Óscar G. Chávez

Fue en los meses de marzo o abril de 1970 cuando un grupo de estudiantes de la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí posibilitó la inauguración de la primera feria del libro universitaria a la que llamaron Universidad 70.

La inauguración fue realizada en la plaza Los Fundadores por el gobernador del estado Antonio Rocha Cordero; el rector de la Universidad, Guillermo Medina de los Santos; el presidente municipal Gabriel Echenique Portillo; el filántropo educativo Rodolfo E. Goes. En la fotografía del acto difundida por un periódico local, aparecen de una manera secundaria José de Jesús Rodríguez Martínez y Arsenio Lobo Ramírez; en segunda fila y muy discretamente se aprecia el rostro de José Luis Sandoval Torres, alumno de Economía.

Son 46 años cabales desde que fuera inaugurada aquella primera Feria Universitaria del libro a la que se sumaron otras dos con la misma paternidad, sin embargo en los haberes de la UASLP, todavía hoy, que otra más de éstas se inaugura, sus cuentas oficiales mencionan 41 ediciones. ¿Qué es lo que ocurre y por qué la señalan como iniciada en 1975?

 

Acercar los libros al pueblo

 

Para Ignacio Costilla Rodríguez, economista, y en esos años estudiante de la carrera, José Luis Sandoval Torres, presidente de la sociedad de alumnos de la Escuela de Economía, fue la cabeza, el padre de la idea, y quien asumió las responsabilidades y broncas del inicio. Acercar los libros al pueblo, fue el propósito fundamental de esa feria. Sandoval –agrega– leía mucho, además era muy brillante, fue de los estudiantes más destacados de la escuela, que en ese tiempo estaba en manos de los Conejos. Se vinieron las elecciones, ganó la planilla de Sandoval, y a partir del triunfo se hicieron nuevas propuestas.

Una vez desarrollada la idea Sandoval y sus compañeros se dedican a visitar diversas casas editoriales, en algunas encontraron apoyo, otras no tuvieron el mínimo interés en apoyarlos; entre las editoriales que participaron con material bibliográfico en aquella primera edición estuvieron Diana, Diógenes, ERA, Fondo de Cultura Económica, Grijalbo, JUS, Nuestro Tiempo, Siglo XXI, y la UNAM. El apoyo se dio con base en la confianza y en respaldo a la causa de los estudiantes, ya que no hubo ninguna institución o personaje que los avalara; no hubo tampoco –en ese momento– apoyo ni de la misma UASLP, salvo la camioneta y el combustible que les facilitaron en la Escuela de Economía.

El posterior apoyo de la casa de estudios se dio mediante su taller de carpintería, donde se fabricaron los exhibidores de libro; las cuales todos los días sacábamos, igual que los libros, en la mañana y los metíamos por las tardes.

La feria se desarrolló de una forma dinámica y con nutrida asistencia durante dos semanas; hubo bastante acercamiento por parte de la ciudadanía, no sólo del estudiantado. Se contó además con la presencia de algunos de los escritores cuyos libros se vendían en la Feria: Emanuel Carballo, Luis González de Alba (en esos años muy vinculado con el movimiento estudiantil del 68), Elena Poniatowska y Gustavo Sáenz. La magnitud y novedad del evento favoreció la incorporación de estudiantes de otras escuelas de la UASLP, quienes participaron de manera activa en las tareas que se demandaban, recuerda Costilla.

Los logros, en palabras del mismo entrevistado, fueron conseguir que la gente comenzara a acercarse a la Universidad, que hasta ese momento era un ente muy cerrado; se estableció un vínculo al fin, recuerden que hasta ese momento a los estudiantes se les conocía en término del desmadre de los carnavales. También fue el haber logrado que llegaran hasta acá los libros, que antes se compraban en las pocas librerías potosinas, o se pedían a México, o se mandaban traer con la raza que iba.

 

Una generación que leíamos

 

José Luis Sandoval Torres puntualiza: fue iniciativa personal, pero cobijada por el colectivo de la Sociedad de Alumnos quienes en un afán de darle una cara diferente al estudiantado, cara a la sociedad, planteamos un proyecto meramente estudiantil.

Al ser cuestionado sobre el por qué una feria del libro, es concreto: Te diría, y en un afán no de auto elogiarse, pertenecíamos a una generación que estudiábamos, que leíamos; debo decirte incluso que la mayor parte de la sociedad de alumnos eran personas acreditadas académicamente; teníamos ese rasgo, un cultivo por los libros.

¿Tomaron algún modelo? No, fue ocurrencia espontánea, sabíamos como referencia de algunas que se habían efectuado en la ciudad de México. Fuimos a la ciudad de México y comenzamos a tocar puertas; no teníamos ningún aval institucional, traíamos una carta simple como miembros de la sociedad de alumnos y además de una escuela de economía, en ese tiempo cascabeles de las universidades. Debo decir que Jesús Silva Herzog (padre)  fue una pieza clave, porque nos abrió las puertas; nos contactó con el director de la UNAM, luego él nos envió a la Editorial Universitaria.

Al igual que muchos buenos proyectos no hubo apoyo institucional, no así de los compañeros; Sandoval expone con claridad: Las autoridades de rectoría sólo apoyaron en vísperas, nos facilitaron las mamparas, y no se nos permitió utilizar el patio interior del Edificio Central. Desde el principio hubo apoyo por parte de los compañeros, pero dependiendo de un núcleo central de cinco o siete personas, entre los que recuerdo, y seguramente omito a más, pero estuvieron: Jesús García-Rojas Cantú, Olga Medina barba, Nacho Costilla, Ricardo Moreno Barajas, por mencionar algunos. Ya cuando esto iba en marcha creció el interés. Apoyaron armando mamparas, acomodando y guardando libros; hicimos además hasta dos o tres viajes en la camioneta de la Escuela de Economía.   

De las cantidades de libros expuestas y comercializadas, recuerda: levantamos como 35 o 40 mamparas, colocábamos en ellas una exhibición permanente de unos 1500 o 1600 libros, de todos, no sólo académicos. Las temáticas fueron definidas por las editoriales que nos proporcionaron todo lo que estuvo en boga, el pulso de la ciudad de México; hubo libros muy vendidos como La noche de Tlatelolco, Hasta no verte Jesús mío, ambos de Poniatowska; Los días y los años, de Luis González de Alba; La democracia en México, de Pablo González-Casanova; Clase social y poder político en Marx, de Arnaldo Córdova; Derrota mundial, de Salvador Borrego. Se pidieron además dos y hasta tres, en algunos casos, remesas de libros.

 

Segunda y tercera Feria del Libro, hubo de a 15 pesos

 

El éxito de la primera Feria Universitaria del Libro posibilitó que se realizaran una segunda y una tercera en el pabellón industrial y comercial de las ediciones 1971 y 1972 de la Feria Nacional Potosina.  Afortunadamente, señala Costilla, aquí ya no tuvimos necesidad de andar metiendo y sacando, ya todo se quedaba montado y acomodado.

Enrique Chávez Lozano, también alumno de Economía, recuerda la organización de la tercera feria y los traslados efectuados acompañando a Sandoval y a Santiago Salas a la ciudad de México por libros: íbamos en una camioneta de la escuela, era cerrada, como ésas que entonces llamaban Julias. En el traslado de material me apoyaron Jaime Ventura Agundis y Rubén Covarrubias Castro, en la casa de este último, allá por la colonia Himno Nacional,  almacenamos los libros. De aquellas correrías recuerdo haber ido por el rumbo de Copilco a la editorial Diógenes, ahí conocí a su director el famoso Eduardo del Río, Rius.

Me comisionaron en esta feria para hacerme cargo de la contabilidad, de los inventarios; debieron haberse movido más de tres mil libros, de los que quizá quedaron unos 200. El éxito principal fueron los precios, considera que algunas editoriales nos hicieron hasta un 60 por ciento de descuento, lo que nos permitió en muchos casos algunos libros de 40 pesos en no arriba de 15 pesos.

 

Las instituciones no tienen memoria

 

Mientras Sandoval Torres señala que la Universidad nunca ha reconocido estas primeras ferias por no haberse encontrado vinculadas a un proyecto institucional, lamenta que personajes que participaron en aquella primera feria, como el actual secretario general de la UASLP, David Vega, no rectifiquen ni legitimen aciertos, ya ni como reconocimiento a su propio esfuerzo.

Chávez Lozano va más allá y considera que fue la congestionada problemática interna de la UASLP, y la apatía de las autoridades lo que no permitieron que se realizaran y se diera continuidad a este evento; nos cerraron la puerta.

Costilla concluye: nadie se acuerda, nos acordamos los que estuvimos ahí; las instituciones no tienen memoria. Para ese tiempo fue un evento muy importante, ahora a la distancia se menosprecia; no hubo proyectos de continuidad, pero lo importante de esto es que se hizo y que fue el antecedente de la Librería Universitaria.

 

* * ** * *

 

Hoy, cuatro décadas después, asistir a la Feria Universitaria del Libro implica evocar por elemental justicia aquel grupo de estudiantes de la Escuela de Economía que se atrevieron a realizar en 1970 un evento de esa magnitud: la primera Feria Universitaria del Libro Universidad 70.

(Con apoyo de Tomás Gómez-Mata en las entrevistas)

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