Ángel Vargas

Ciudad de México. El color fue un elemento fundamental para las antiguas culturas del mundo grecorromano y el área mesoamericana. Nada más equivocado que la percepción imperante de que los templos, monumentos y esculturas eran acromáticos en su origen. Investigaciones relativamente recientes han demostrado una realidad opuesta.

Sobre tal tema se profundizó en el Coloquio Internacional Χρώμα Color Tlapalli: El cromatismo en el arte grecorromano y mexica, que este miércoles concluyó en el Colegio Nacional después de tres días consecutivos de actividades.

Fueron 14 ponencias en las que 17 especialistas de México, Alemania y Francia dieron a conocer sus investigaciones y más recientes hallazgos sobre el tema, como actividad complementaria de la muestra El color de los dioses, que se presentó recientemente en el Museo del Palacio de Bellas Artes.

En una evaluación general del coloquio, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, coordinador del mismo al lado de su colega Eduardo López Luján, calificó de “muy exitoso y significativo” a este encuentro académico, tanto por las aportaciones de nuevas investigaciones como por la participación del público.

En breve entrevista con La Jornada al término del acto, el reconocido especialista se dijo orgulloso de que la mayoría de los participantes fueran investigadores muy jóvenes que están formándose en diversos centros de estudio e investigación del país –entre ellos la Universidad Nacional Autónoma de México y el Templo Mayor– y que ahora presentaran con gran calidad sus resultados.

Un aspecto que para él resultó muy llamativo fue que algunas personas del público se mostraron sorprendidas y hasta incrédulas por la nitidez y el colorido de algunas réplicas de esculturas y piezas antiguas que especialistas, con base en sus investigaciones, intervinieron para reconstruir cómo habían sido elaboradas originalmente.

“Se les explicó que estamos acostumbrados a ver el tono gris de la piedra, de la arquitectura misma, y no entendemos que los pueblos que crearon esas obras nunca las vieron en esas tonalidades”, sostuvo Matos Moctezuma.

En este tercer y último día del coloquio participaron Diego Matadamas, investigador del Proyecto Templo Mayor del Instituto Nacional de Antropología e Historia, con la ponencia El simbolismo de los dioses del pulque en el Templo Mayor develado por el color; las investigadoras Ericka Lucero Robledo y Alejandra Aguirre Molina, con El análisis pictórico de algunos cráneos efigie de las ofrendas a Tlaltecuhtli; y Salvador Guilliem Arroyo, director del Proyecto Tlatelolco, con El Mural del Templo Calendárico de Tlatelolco.

De igual forma, Élodie Dupey García, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, presentó su trabajo Materialidad y simbolismo del color en el Códice Borbónico y otros códices nahuas prehispánicos, mientras que Guilhem Olivier, del Instituto de Investigaciones Históricas de la máxima casa de estudios del país, Los colores de los dioses en las pictografías mexicas.

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