• AMLO: costará 8.8 billones
  • Si bien va, hasta el año 2060

Carlos Fernández-Vega

Agarraos, mexicanos pagadores, que va para largo el interminable pago del “rescate” bancario zedillista conocido como Fobaproa. Si bien en septiembre pasado la presidenta Claudia Sheinbaum advirtió que “es impagable” la deuda privada de banqueros, empresarios y especuladores (convertida ilegalmente en pública gracias a la “generosidad” de Ernesto Zedillo y sus cómplices en el Legislativo), Andrés Manuel López Obrador se animó a ponerle fecha de finiquito y monto total a pagar: año 2060 y 8.8 billones de pesos, una cantidad infinitamente superior a la aceptada, en principio, por Neto el “demócrata” (Krauze-Aguilar Camín dixit). En 1995, Ernesto Zedillo notificaba (obligaba) a los mexicanos que el saldo que (les gustara a o no) deberían pagar por “rescatar” a banqueros y especuladores sería de 180 mil millones de pesos, monto que “se irá erogando a lo largo de varios años”. Tres años después, “legalizó” esa deuda (con el disfraz de IPAB) y el 12 de diciembre de 1998 ya no eran 180 mil, sino 552 mil millones de pesos. Con el correr de los años (31 y sumando) y tras pagar cerca de 2 billones de pesos sólo por intereses de esa deuda “legalizada”, el saldo actual del débito sobrepasa el billón de pesos. Un barril sin fondo que deben cargar los mexicanos sobre sus espaldas por decisión del “rescatador”.

Pero lejos de aminorar ese fardo, la cosa empeora día tras día. En su libro Pueblo, Andrés Manuel López Obrador detalla: “al convertir las deudas privadas de un grupo de empresarios especuladores y banqueros en deuda pública podría significar un costo total nominal estimado de 8.8 billones de pesos, equivalente a más de 48 veces lo que informó el tan distinguido y alabado tecnócrata Ernesto Zedillo. Se trató de una gran estafa en favor de una pequeña minoría y en perjuicio de casi todos los mexicanos…(Mientras) En materia social y política, el sexenio (de Zedillo) no dejó de ser una calamidad”. López Obrador abunda: “una de las reformas más injustas y elitistas fue la aprobada la madrugada del 12 de diciembre de 1998, con la complicidad de diputados del PRI y el PAN, para convertir, mediante el Fobaproa, una enorme cantidad de dinero de deudas privadas de unos cuantos empresarios, banqueros y traficantes de influencias, en deuda pública. Este gran fraude a la nación, que retrata tal cual es a Ernesto Zedillo y en qué consistió, en esencia, la llamada política neoliberal o neoporfirista, conviene recrearlos para nunca olvidar cómo en momentos de crisis lo primero que hizo aquel gobierno fue rescatar a empresarios y banqueros con recursos públicos, sin considerar en nada la difícil situación económica y social de la mayoría de los mexicanos.

“No cabe duda de que toda esta inmoral operación de rescate se realizó para cumplir la consigna de ‘salvar’ o favorecer a los más influyentes deudores. Este asunto no sólo lo viví para contarlo, sino que fui uno de sus opositores… La ruptura política definitiva (con Zedillo) se produjo precisamente cuando decidió rescatar a los potentados con corrupción permitida de por medio, con la excusa de salvar al país ante la crisis económica de la transición presidencial de 1994-1995.

“Ahora (Zedillo) pertenece al grupo de ex presidentes de derecha contratados y utilizados –junto a otros intelectuales y políticos inmorales– para hablar mal de los gobiernos populares del mundo que no son del agrado de las oligarquías o de los poderes hegemónicos. El caso Fobaproa mostró con claridad que la política económica aplicada desde la época de Salinas tenía como principal lineamiento privilegiar los intereses financieros sobre las demandas sociales y aun sobre el interés público. Más allá del discurso neoliberal y del fundamentalismo tecnocrático, el hecho evidente es que esa política económica sólo buscaba satisfacer la voracidad de las minorías, sin interés alguno por el destino del país ni, mucho menos, por los reclamos de todo un pueblo que se ahogaba en la injusticia y la pobreza.

“En la práctica, el gobierno se convirtió, durante el periodo neoliberal, en un comité al servicio de un puñado de especuladores y traficantes de influencias. Sólo así se explica que se haya considerado más importante el rescate de banqueros y empresarios que el bienestar de la mayoría de los mexicanos.”

Las rebanadas del pastel

¿Y dónde está el grupúsculo de beneficiarios del Fobaproa-IPAB? Engordando, a costillas de la nación, sus de por sí pletóricas alforjas, siempre a costillas de la nación, y permanecen intocados y muertos de la risa, mientras los mexicanos, quiéranlo o no, no dejan de pagar por el brutal festín al que ni lejanamente fueron invitados.

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