Marlene Santos
Ciudad de México. El 5 de diciembre de 2016 se hizo el anuncio oficial: habría fútbol profesional femenil en México. En los torneos amateurs la noticia tuvo el efecto de un tornado que todo lo arrasa. Las chicas se alborotaron y emigraron casi en estampida.
La sangría duró casi un semestre. Hoy las historias empiezan a surgir. Algunas jugadoras hicieron recorridos impresionantes. Se cerraba una puerta e iban a tocar otra y hasta una tercera. “Algunos padres de familia que recién habían sacado a sus hijas del futbol, regresaron presurosos, pidiéndome que las pusiera en forma para irse a probar”, dice Armando Magaña, presidente de la Liga Mayor Femenil.
Tras el arranque de la fecha 1, el pasado fin de semana, Magaña poco a poco las está reencontrando. De algunas sabe con precisión su paradero, “varias me consultaron o me pidieron ayuda para colocarse y sé dónde andan”, explica.
La Federación Mexicana de Futbol tiene registro de unas 11 mil mujeres en el futbol de aficionados, pero los 16 equipos del máximo circuito que participan en la nueva Liga registraron un promedio de 25 jugadoras; es decir, menos de 400 cristalizaron su sueño.
Magaña, de cuyo equipo Andreas Soccer han surgido jugadoras como Charlyn Corral o la delantera del Pachuca, Yamile Franco, señala que para ayudarlas a colocarse, invitó a la final de su liga a 6 equipos, pero sólo Pumas, Pachuca y Toluca atendieron el llamado y fueron de los primeros en abastecerse.





