Una lesión en el hombro derecho puso en alerta a Germán Sánchez en el 2014. Fue intervenido quirúrgicamente y durante la rehabilitación reflexionaba, al desconocer si seguiría o no en las competencias.
El apoyo de la familia, de su entrenador Iván Bautista, de amigos, compañeros y luchadores profesionales (la otra afición del tapatío) fueron la inyección de energía que levantaron al deportista.
Meses de espera con los hombros y espaldas llenos de parches, de horas angustiosas para recobrar fuerzas y superar el dolor, sin saber si soportaría los duros entrenamientos en la fosa seca o la alberca. Cuarenta y dos clavados de 10 metros en un solo día, más lo que ejecuta en la de 5 y en el trampolín de 3.
La recompensa llegó con otro de sus mejores resultados, tras la medalla olímpica de hace cuatro años: Germán e Iván, nuevamente en el podio con el subcampeonato mundial ruso en 2015.
Los niños ya no quieren ir a la Olimpiada Nacional, como lo hizo en sus comienzos el jalisciense. Las aspiraciones de los pequeños van más allá, al ver a Iván y Germán y entrenar con ellos.





