- Ultraderecha y “fraude digital”
- Negre-Cerimedo: mercenarios
Carlos Fernández-Vega
La ultraderecha autóctona no tarda en salir a la calle a gritar (incluidos sus jilgueros de micrófono y pluma) “todos somos Fernando Cerimedo” (argentino) y a repartir playeras color rosa con el eslogan: “Javier Negre (español) no se toca”, y en el mismo sentido procederán las sucursales en, cuando menos, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Honduras y demás adoradores de la ya conocida práctica de “ganar” elecciones mediante campañas sucias, guerra mediática, noticias falsas y “fraude digital”. Sin embargo, debe remplazar piezas, porque sus operadores –agentes de por sí más que chamuscados– y su asqueroso cuan corrupto proceder ha sido totalmente expuesto.
No modificará su estrategia, pero sí se ve obligada a mostrar caras “nuevas” de los esperpénticos “luchadores por la libertad, la vida y la propiedad privada” (generoso pago de por medio), aunque le será muy difícil reposicionarse, porque sus sucias prácticas y sus corruptas caras visibles (denunciadas permanentemente) ya tienen nombre y apellido, y operan en América Latina. ¿Cuántos candidatos de ultraderecha latinoamericana recurrieron a los mercenarios Negre y su socio Cerimedo (con todo lo que ellos representan) y “ganaron” las elecciones? Por lo visto, casi todos los sudamericanos y uno que otro centroamericano, pero especialmente Javier Milei, Rodrigo Paz, Jair Bolsonaro, José Antonio Kast, Daniel Noboa y Nasry Asfura Zablah (enunciativo, pero no limitativo), descaradamente entregados a los intereses del injerencista Trump.
Duro que dale, en México lo intentaron (contratados por Ricardo Salinas Pliego), pero fracasó rotundamente; con total descaro y agresividad pretendieron desestabilizar a los gobiernos de la 4T, pero se les apestó. El objetivo de la ultraderecha autóctona –con sus playeras rosas, candidatas “indígenas” vendedoras de gelatinas y “marcha de la generación, entre otros “esfuerzos”– no fue otro que reinstalar el régimen neoliberal que padeció nuestro país a lo largo de 36 años al hilo (de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari a Enrique Peña Nieto, sin olvidar a Ernesto Zedillo, el “demócrata”, Vicente Fox y Felipe Calderón).
La Jornada lo reseño así: “el ultraderechista argentino Fernando Cerimedo, cofundador de la plataforma digital La Derecha Diario, planeaba ‘meterse’ en las próximas elecciones en México, afirmó su ex pareja, Nadia Beller. ‘Me dijo que iba a reventar las elección, sí, porque detesta a la Presidenta’ (Claudia Sheinbaum), declaró Beller a Heraldo Diario en el programa conducido por Maca Carriedo. Beller convalece en un hospital de Bolivia después de sufrir un atentado presuntamente ordenado por el propio Cerimedo, actualmente preso en una cárcel boliviana. El propagandista argentino fue asesor del presidente Javier Milei. ‘Alguna vez me comentó que la Presidenta (Sheinbaum) se había referido a él; me dijo que se iba a meter en las próximas elecciones porque la detesta’; el próximo año será renovada la Cámara de Diputados, además de que se realizarán elecciones en 17 estados”.
Sin duda, un apetitoso pastel electoral para la ultraderecha autóctona (“muchas Maru Campos”) y sus operadores pagados, pero se le pudrió. Quiso abarcar tanto que sus aspiraciones golpistas terminaron en el bote de la basura, como corresponde.
Cerimedo está detenido en Bolivia (se presentaba como “asesor en jefe” del “presidente” Rodrigo Paz, pero éste intenta salvar el pellejo y ahora el argentino está en prisión preventiva de 180 días); le incautaron cantidades millonarias en efectivo y granjas de bots; es presunto autor intelectual de un atentado contra la vida de Nadia Beller; intentó huir a Buenos Aires, donde estaría protegido por el delirante Javier Milei –quien ahora reniega de su operador–, pero lo detuvieron en el aeropuerto y de ahí fue conducido a la cárcel; su socio Javier Negre (La Derecha Diario) se lava las manos, desconoce a su socio y dice que se trata de un caso “única y exclusivamente de él”, de tal suerte que, además de golpistas, mentirosos, hampones y corruptos, son cobardes.
Las rebanadas del pastel
Con su acelerado intento de retomar el gobierno de Sinaloa, Rubén Rocha Moya no solo hizo el tremendo ridículo, sino quemó todas sus de por sí limitadísimas fichas políticas. Las palabras presidenciales hincharon sus oídos: “ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y la nación, y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder”. En síntesis, con la nueva licencia de aquel, sucedió “lo mejor” para el estado (Sheinbaum dixit).
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