Laura Gómez
La construcción y puesta en marcha de la planta de Termovalorización de residuos sólidos urbanos de la Ciudad de México sepulta la posibilidad de minimizar las altas cantidades de basura que se generan diariamente y la contaminación del aire, afirmó Greenpeace, que detectó siete “focos rojos” en el contrato firmado entre el gobierno capitalino y Veolia.
De acuerdo con un análisis de la organización ambientalista, el proyecto de prestación de servicios por 33 años signado entre la Agencia de Gestión Urbana y el consorcio Proactiva Medio Ambiente SA de CV /Veolia su fin no es la disposición o tratamiento de los residuos sólidos urbanos, sino generar 965 mil MWh de energía eléctrica para abastecer al Metro.
Para cumplir con ello, la AGU entregará al prestador del servicio los residuos sólidos sin ningún pretratamiento o modificación alguna de sus características de humedad, porcentaje de orgánicos e inorgánicos y/o poder calorífico, quedando de lado el tema de separación selectiva, acopio y reciclaje de residuos.
De no recibir las 4 mil 500 toneladas de residuos diariamente, como está contemplado, no podría operar al nivel de capacidad para el que estará diseñada, ni generaría la cantidad de energía eléctrica acordada. Incluso puede darse una terminación anticipada del contrato por insuficiencia de poder calorífico, con las sanciones económicas a cargo de la AGU.
Tampoco se establece en el contrato la forma en que la empresa realizará la disposición final de las cenizas y escorias, que no sean viables para ser termovalorizados; y se señala como riesgo que las emisiones al medio ambiente se encuentren por encima del rango estipulado en la norma, por lo que no existe certeza de que será amigable con el ambiente.
Así que los “focos rojos” detectados están en que alienta la generación de residuos, al competir con el reciclaje; obstaculiza la prevención, la reutilización y el reciclaje; genera una dependencia energética al requerir de un enorme flujo de residuos como mínimo para funcionar; y puede emitir diversas sustancias.
Mencionó que además representa un alto riesgo a la salud y el medio ambiente, debido a la creación y liberación de dioxinas y furanos durante la operación de las plantas; su eficiencia energética es muy baja y no existe una verdadera reducción de Gases de Efecto Invernadero (GEI), y la termovalorización no es una opción real para lograrlo.





