Luis Ricardo Guerrero Romero
La última vez que logré entender algo sensato por parte del jefe, fue justo ayer, mañana ya no le entenderé. Era una maldición, un conjuro estratégico de la vida, una algarabía de malentendidos. ¡Tanto conocimiento que alberga la mente del patrón!, y hoy por la tarde me doy cuenta de que se va quedando en el olvido. ¿Qué le sucede, qué le ha ocurrido?, la espada de Damocles le torció la memoria. Cuando otrora muchos ingenieros acudían a él para ser asesorados, asistían a él un adulto sexagenario sin certificado de primaria, pero con doctorado de vida. La memoria se le va ofuscando, la memoria decide descansar en la opacidad del olvido, en la amargura del cansancio mental. Los conocimientos del patrón confutan la verdad, ya son espuma de mar, ya son balbuceos, ya no los logro entender y quizá lo único cierto es que a mí también logrará alcanzarme.
No le entiendo al gigante, dice y se contradice, opina y se desmemoria, dice y se desmorona, grita y se desplastifica. Comienza a planear en la mar, comienza a nadar en la pista de concreto. Me resta gritar en un corazón plastificado que ha de adaptarse a la realidad insustentable, irrecusable, inefable. Ya sólo somos barro de la historia. Únicamente retorna la tabula rasa que ha de quedarse en rasa, blanca, inhabitable e inevitable.
Gritaré otra vez en la plástica vida, será un alarido poli molecular.
La sociedad del siglo XXI, la sociedad de plástico, la que se endurece o se amolda, la que se tira y aspira al reciclaje. La plasticidad de la vida, los polímeros de valores. Sintético como no natural es el devenir de la sociedad plástica. Para empezar, comprendemos que este producto es un material sumamente versátil, su liviandad, tacto agradable y resistencia tanto a la degradación biológica como a la ambiental son algunas de las características que lo identifican, llegó a suplir los materiales pesados y difíciles de manipular, se posó como herramienta, como recubrimientos, para modelar evidentemente, para usos industriales tanto como domésticos. Para acabar, los plásticos están por cualquier parte que voltees, son la perennidad en conjunción con la perpetuidad, sólo falta que alguien fabrique un ataúd de plástico para que no haya duda de que el plástico es y será desde el principio, es el alfa y el omega de la industria.
La palabra plástico tiene sus inicios en la idea de plasmar, puesto que, es una de las funciones inherentes de este material, es decir, que se queda formado en y para algo, la voz griega πλαστος [plastós] nos indica: formado, imaginado, supuesto, falso. De allí lo sintético, lo artificial que es puro plástico. Asimismo, el sustantivo πλαστικη [plastique> plástico] es el arte de modelar de hacer un tipo. Un grito plástico es sin duda una expresión vacía, artificial, sin vida, únicamente manufacturada para fines industriales, tal como se ven los sentimientos hoy, bajo la plasticidad de funciones, plasma para revelar algo, pero sin sentirse, sin vivirse en la realidad, se usa un momento… luego, luego se remplazará por otro polímero más profesional. Al menos eso es lo que se plasma en estos tiempos plásticos, artificiales, compuestos de puros materiales reemplazables auxiliares de otros materiales, sin alma, sin sabor.




