Armando G. Tejeda

Con un 80 por ciento de los votos oficiales escrutados, en Cataluña se volvió a alzar con la victoria el llamado bloque nacionalista o independentista, al obtener, en su conjunto, 74 de los 135 escaños del Parlamento regional y con un 50.2 por ciento del electorado. El Partido Socialista de Cataluña (PSC) fue el más votado en los comicios, con algo más del 24.3 por ciento del electorado y 33 diputados, pero tendrá muy difícil gobernar porque el resto de partidos españolistas no lograron un respaldo suficiente y, también, por el pacto firmado entre las formaciones separatistas para impedir que ex ministro de Sanidad socialista, Salvador Illá, pueda formar gobierno.

 

Los datos oficiales de las elecciones catalanas confirmaron la prevalencia de los dos grandes bloques en la sociedad, si bien el llamado bloque separatista logró una victoria histórica, al sumar una cifra inédita hasta ahora en el Congreso, 74 escaños, es decir, cinco más de la mayoría absoluta necesaria para formar gobierno.

 

El partido más votado de los separatistas fue, también por primera vez, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), con lo que tendrá la iniciativa y la prioridad para la negociación de cara a una sesión de investidura, que recaería, en caso de llegar a un pacto, en el candidato y hasta ahora vicepresidente de la Generalitat, Peré Aragonés. El segundo partido del bloque, Junts per Catalunya (JxCat) obtuvo 33 escaños y la formación independentista de extrema izquierda, Candidatura Única Popular (CUP), nueve escaños.

 

En conjunto suman 74 diputados y en términos porcentuales superan el 50 por ciento de los votos, con lo que por primera vez en unos comicios autonómicos hay más número de votos a favor de las formaciones abiertamente independentistas que las que son partidarias de permanecer en el Estado español.

 

El PSC obtuvo una victoria clara, con 33 diputados y con un porcentaje de votos superior al 25 por ciento, lo que representa tres y cinco puntos porcentuales más que sus inmediatos perseguidores. La única alternativa para que el ex ministro socialista Illá forme gobierno es que alcance una alianza de partidos de izquierda, que supondría un pacto con ERC y En Comú Podem (la marca electoral de Unidas Podemos en Cataluña), que logró ocho diputados.

 

Es decir, sumarían también 73 diputados para la sesión de investidura. Un escenario improbable, sobre todo porque ERC ha primado el discurso separatista frente a sus postulados sociales de la izquierda tradicional y a que el propio ERC firmó un acuerdo con las otras formaciones independentistas para impedir la llegada al poder del PSC y continuar con el proyecto de secesión en Cataluña.

 

El otro gran vencedor de la contienda electoral fue el partido de extrema derecha Vox, que se presentaba por primera vez y que logró un resultado histórico, con 11 diputados y se convirtió así en la cuarta fuerza política en la región.

 

En el bloque de la derecha españolista los grandes derrotados fueron Ciudadanos, que obtuvo sólo seis diputados frente a los 36 que logró en los comicios del 2017 -en los que fue la primera fuerza de la región- y el PP, que sigue con su caída en picada, al pasar de cuatro a tres diputados, el peor resultado de su historia.

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